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¡Esto es la Guerra!… ¡Más Madera!

Silvano Baztán Guindo
Silvano Baztán Guindohttp://silvanobaztan.com
Además de estar licenciado y doctorado en Medicina, tras diversas formaciones que me dieron una visión multidisciplinar del ser humano, actualmente dedico mi atención a lo que llamo (de forma resumida) Medicina Psicosomática.
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análisis

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Esta frase no es mía, sino de la película «Los hermanos Marx en el Oeste». Y el contexto es un tren en el que van echando a la caldera, tras acabarse el carbón, toda la madera de los vagones. La necesidad era llegar a la meta… aunque ya no quedara ni rastro del tren.

Aquí el tema sigue siendo el de las vacunas. Suma y sigue.

Acordémonos que desde el comienzo de la pandemia covid, allá a principios de 2020, las vacunas se nos vendieron como la única solución posible a lo que se nos venía encima, tal y como se predijo con notable exactitud en el «Evento 201».

Y así se nos trasladó ese mensaje claro y rotundo a través de todos los medios de comunicación por todo el mundo, haciéndose eco de los «expertos internacionales».

Ya he contado en diferentes ocasiones que ese mensaje inicial, producido al unísono por todos los medios de comunicación y por todos los gobiernos, me escamó rápidamente. Yo ya estaba aleccionado por el anterior intento pandémico de la gripe porcina de 2009.

Y aunque ahora mismo está archidemostrada la ineficacia de tales engendros de composición genética para evitar la propagación de la infección llamada covid-19 en la población, así como su correlación con innumerables efectos adversos, también graves y muertes, no cejan en su empeño.

¡¡Más madera!!… ¡¡¡Esto es la guerra!!!

Pero ¿de qué guerra estamos hablando? Parece que la hipotética guerra entre seres humanos y microbios, una guerra de miopes al considerar los humanos que los bichos son nuestros enemigos, se ha transformado en la auténtica guerra: una guerra entre humanos.

Una guerra orquestada por los dirigentes, las diversas élites, los poderes económicos, contra el resto de seres humanos, a los que parece que sólo nos queda agachar la cerviz y obedecer las normas impuestas, vacunas incluidas, dictadas «por los que saben».

Incluso al salir un reciente estudio en «The Lancet» sobre la inmunidad natural frente al SARS-CoV-2, las conclusiones que se leen siguen apostando por una inmunidad artificial a base de la inoculación de unas sustancias experimentales que no se han podido estudiar a fondo ni con el tiempo suficiente.

Dicen literalmente en el apartado de conclusiones:

«Aunque la protección contra infecciones pasadas disminuye con el tiempo, el nivel de protección contra la reinfección, la enfermedad sintomática y la enfermedad grave (aquí también se incluyen las muertes) parece ser al menos tan duradero, si no más, que el proporcionado por la vacunación de dos dosis con las vacunas ARNm».

Y están dando datos a las 40 semanas tras haber pasado la enfermedad. ¿Nos acordamos de la duración de la inmunidad adquirida por las inoculaciones?

En una reunión del Comité Asesor sobre vacunas de los CDC celebrada en octubre de 2022, se afirmó que la inmunidad adquirida por la vacuna después de 2-3 dosis se redujo a CERO seis meses después de la última inyección…, y posteriormente se volvió negativa.

Toda esta historia del ninguneo respecto a la inmunidad natural viene de más atrás:

· Octubre 2020: se publicó un artículo en la misma revista (The Lancet), con el título de «Consenso científico sobre la pandemia covid-19: necesitamos actuar ahora». En este artículo, en el que figuraba como coautora la mismísima directora de los CDC, osaron asegurar:

«No hay evidencia de una inmunidad protectora duradera contra SARS-CoV-2 después de una infección natural».

«La consecuencia de la disminución de la inmunidad presentaría un riesgo para las poblaciones vulnerables por un futuro indefinido».

Se puede ver la miopía de los autores y/o su mala intención, según como se mire. Está claro que si no vieron rastro alguno de inmunidad duradera tras la enfermedad covid-19 es que no miraron, no buscaron lo que debían buscar, pues, «como las meigas, haberlas haylas».

Y, por otro lado, es flagrante la proyección de miedo que instila el artículo al avisar de que podría venir el lobo en forma de muerte para las personas especialmente vulnerables si disminuyera la inmunidad natural. La disminución de esa inmunidad que no veían podría ser catastrófica.

Es evidente que el mensaje es claro: ¡pónganse en fila para inocularse y así poder salvarse! Y no se les ocurra plantearse nada más. Como dicen en mi pueblo, «eta kitto», algo así como «y punto pelota, ni una palabra más, sin discusión posible». ¿Entendido?

Pero ¿dónde estaban las pruebas?

· Noviembre 2021: Una solicitud de información a través de la Ley de Libertad de Información (FOIA) en EEUU obligó a los CDC a admitir que ni siquiera recopilaron datos sobre la inmunidad natural.

¿Cómo van a encontrar inmunidad natural si no recopilaban datos sobre ella?

· Enero 2022: los CDC tuvieron que revisar su posición respecto a la inmunidad natural puesto que era, al menos, 3 veces más efectiva que la inoculación para evitar que las personas fueran afectadas por la variante «delta».

Las compañías farmacéuticas, mientras tanto, calladas como si fueran mudas, ya estaban al tanto de los beneficios de la inmunidad natural aunque no los mostraron.

  • ·  Octubre 2021: el equipo del «Proyecto Veritas» tiró de la lengua de varios empleados de Pfizer, logrando grabarles afirmaciones como que los anticuerpos brindan una protección igual, si no mejor, contra el virus en comparación con la vacuna.
  • ·  Abril 2022: En los documentos de Pfizer en poder de la FDA, ésos que pretendían diferir su publicación abierta 75 años (caraduras que son), se muestra que Pfizer conocía que la inmunidad natural era tan efectiva como su inyección covid- 19 para prevenir enfermedades graves.

Es conocida la historia maquiavélica que protagonizaron el ínclito Dr. Anthony Fauci con su jefe, el Dr. Francis Colins, para sepultar la Declaración de Great Barrington, así como sus postulados y, por supuesto, a sus autores, tres sobresalientes científicos de universidades prestigiosas.

Una de las verdades como puños que mantuvieron los autores de la Declaración de Great Barrington era la incuestionable validez de la inmunidad natural en el ser humano. Algo que desmontaba todos los cálculos y modelos matemáticos más agoreros, liderados por el Imperial College, que pronosticaba una hecatombe mundial si no se encerraba a toda la población.

Estamos viendo cómo las inoculaciones están fallando estrepitosamente, y cómo las autoridades están presionando para que la población se siga inoculando ininterrumpidamente. ¿Por qué lo hacen, a pesar de la inmensa cantidad de efectos adversos nunca antes vistos en esta proporción?

Porque la inmunidad se les cae a cifras por debajo de lo normal. O sea, para que se entienda clarito: que es más fácil que una persona inoculada se infecte de covid que una persona no inoculada.

¿Nos acordamos de eso que ésta era una pandemia de no vacunados?

Los «principales espadas» del tema vacunal, tanto Bill Gates como El Dr. Fauci, están diciendo (para el que quiera oír y comprender)

que las vacunas covid-19 funcionan mal. Pero en la rúbrica de sus mensajes no piden que se fomente la inmunidad natural y que desaparezcan esas campañas salvajes de inoculación masiva…, sino que se formulen otras vacunas más efectivas.

Más de lo mismo.
El mismo Fauci escribe:

«Hasta la fecha, los virus respiratorios predominantes en las mucosas no han sido controlados de manera efectiva por vacunas autorizadas o experimentales».

«Hasta ahora, las vacunas protectoras duraderas contra los virus respiratorios de la mucosa (no sistémicos) con altas tasas de mortalidad han eludido los esfuerzos de desarrollo de vacunas».

¿El mensaje no es lo suficientemente claro?

Como afirma la filósofa Brenda Baletti, de donde he tomado estos datos, estos personajes tan importantes en el desarrollo de esta locura, no están pidiendo perdón en ningún momento por sus equivocaciones. ¿Y por qué? Porque ellos no aceptan haber cometido ningún error. Ni se les ocurre que sea así. Y, además, no se hacen responsables de lo ocurrido.

Es como si esta gente psicópata, con menos empatía que un gusano rastrero, enviara un mensaje alto y claro: «¡cállense, dejen de decir bobadas conspiranoicas, envíen más dinero y déjennos hacer ciencia!».

Y la rueda sigue girando. ¡Más madera!

Da igual que se haya descubierto el fenómeno de agotamiento inmune (por las inmunoglobulinas IgG4) ante la repetición de estímulos a los pocos meses de las inoculaciones ARNm covid.

La EMA, el regulador europeo de fármacos, ha aconsejado la inoculación covid anual, al inicio de cada invierno. Se aventura un cóctel gripe-covid-VRS, pues ya están en las últimas fases previas a la autorización de la inoculación contra el VRS.

Más de lo mismo. Y de aquí a la aplicación de la innovadora e inexplorada plataforma ARNm para construir armamento frente a cáncer y otras enfermedades… no resta nada. Ya están en ello.

¡Ah, pero es que los almacenes de vacunas en España contienen un stock de 106 millones de inyectables para una población diana de unos 40 millones!

No importa, ya hemos comprado otros 3 millones de dosis de la futura vacuna de la empresa Hipra, todavía sin haber sido autorizada por la EMA. Y, por si fuera poco, hemos comprado otros 53 millones más de otras inyecciones covid.

Todo ello para cumplir con los acuerdos suscritos por nuestros líderes (da igual si son nacionales como europeos) con las empresas farmacéuticas, esos contratos tan transparentes que permitían ver los párrafos manchados en negro betún que hicieron imposible conocer las cláusulas de dichos acuerdos.

El caso es que han vuelto a salir de las arcas públicas la friolera de otros 1.116 millones de € para sufragar estos últimos pedidos. Pero no importa, porque Europa nos va dando liquidez para afrontar esos pagos.

¿Quién y en qué plazo va a tener que devolver ese derroche de gasto, no sólo superfluo sino también manchado de sangre? Adivina adivinanza…

Y de toda la amplitud de este mundo mundial, salvando a los países africanos, que seguramente tenían otras cosas en la cabeza más importantes que ponerse a inocular a diestro y siniestro a sus poblaciones, al puro estilo poblado galo resistente de «Astérix y Obélix», el Cirujano General del Estado de Florida ha emitido un estado de alerta por las reacciones adversas observadas tras las inoculaciones covid.

¿Será que es un médico que no tiene ni idea de lo que habla?, ¿uno de esos «perroflautas» que hablamos sin saber?, ¿un negacionista más que ha llegado a la cumbre del poder de la sanidad de ese Estado norteamericano?

Esta «rara avis», el Dr. Joseph Ladapo, dice en Twitter, refiriéndose a la correlación entre efectos adversos y las inoculaciones frente a la covid:

«Sólo porque correlación no sea igual a causalidad, no significa que debamos abandonar el sentido común».

¡Sí señor, bien dicho! Otro gallo nos cantaría si actuásemos con el sentido común como motor principal en ésta y en otras películas.

Mientras tanto, a este lado del Atlántico, en nuestra querida y democrática Europa, la Presidenta de la Comisión Europea, la señora Ursula Von Der Leyen, por sus santos ovarios, se niega a presentarse ante la Comisión de Investigación Covid formada por el propio Parlamento Europeo… con el apoyo de los cabezas de serie de los cuatro grupos parlamentarios principales del arco parlamentario.

Y como nuestros gobernantes están en que no, que hay que seguir vaciando las arcas públicas atentando contra la salud y el bienestar de la población, nos toca a nosotros mismos hacer lo que corresponde a nuestro nivel particular, en nuestro ámbito más cercano.

Y ahora, me pregunto: ¿a quién vais a votar en las próximas elecciones?

«Por sus actos los conoceréis». Salud para ti y los tuyos.

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