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Los cuñados de la rosa. Cuando el PsoE también siembra bulos

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análisis

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El domingo 13 de febrero el veneno de la ultraderecha se ha extendido más por nuestro territorio. Las personas de Castilla y León no han mirado hacia arriba, pero tampoco a más lados que a la derecha. Han dado igual los casos de corrupción, la gestión sanitaria de las residencias o los ridículos en los debates amenizados previamente por los diarios monólogos humorísticos de Pablo Casado hablando tanto remolachas como de vampiros zombis. La imbecilidad política que degrada la convivencia se ha visto premiada otra vez en las urnas, creciendo y nutriéndose con el caos y el ruido mediático. El PP ha usado los manidos argumentos de ETA o viva el vino aderezándolos con nuevos descubrimientos argumentales como el azúcar y, cómo no, las macrogranjas. Mientras le hacía la campaña al desconocido homófobo líder de V0X, el PP ha sabido usar el ruido sobre las macrogranjas de los medios de comunicación mayoritarios. Y el ruido sembrado por los líderes del PsoE ha sido recogido por la ultraderecha sin tener que hacer nada.

Las noticias sobre lo que no dijo el ministro de Consumo, Alberto Garzón, fueron uno de los primeros regalos mediáticos del Día de Reyes de este año, sepultando los esperanzadores datos de empleo con los que ha comenzó 2022. La entrevista publicada en el medio inglés The Guardian el día 26 de diciembre no tuvo reflejo en nuestros medios de comunicación hasta el día de presentación de los datos del paro. La estrategia de desinformación por parte de la oposición era la habitual contra el gobierno de coalición, esta vez alimentada con fuego amigo. Los presidentes de Comunidad Lambán y García-Page no tuvieron reparos en martillear públicamente al ministro de su coalición, uniéndose a la corriente ultra que solicitaba en cualquier espacio posible la dimisión de Garzón. El amago de crisis de gobierno llegó al ridículo con la desautorización pública de la ministra de Política Territorial y Portavoz del Gobierno, Isabel Rodríguez, a Alberto Garzón. Rodríguez aseguró que las declaraciones de Garzón eran opiniones «a título personal» y no del Gobierno, evitando pronunciarse sobre si debía dimitir o no. La portavoz rectificó días después, indicando que creía que “en lo sustancial ha quedado patente que estamos de acuerdo». 

Entre estas declaraciones de Isabel Rodríguez, en el periodo de 5 al 17 de enero, dio tiempo a que el PsoE no impidiera en la Mesa de Congreso la comparecencia de Alberto Garzón solicitada por el Partido Popular, que también solicitaba junto a Vox la reprobación del ministro. El PsoE se escudó en que no se podía vetar la comparecencia del ministro. En cambio, la Mesa del Congreso sí impidió la comparecencia de la ministra de Defensa, Margarita Robles, en marzo del año pasado para dar explicaciones sobre la muerte por torturas de Mikel Zabala. Precisamente, la ministra Robles cargaba contra su compañero Garzón aludiendo a la necesidad de Garzón de tener “cultura institucional” en sus declaraciones. En este sentido, el ministro Agricultura, Pesca y Alimentación, Luis Planas, también fue muy revelador respondiendo con un silencio cuando Carlos Alsina le preguntó en Onda Cero si Garzón era la persona idónea para su cargo. Una actitud poco coherente con los mensajes que se han ido recuperado del ministro Planas y del propio Pedro Sánchez, expresándose en los mismos términos que Garzón defendiendo la ganadería extensiva.  

La falta de cohesión de los partidos que gobiernan tuvo su esperpéntico momento álgido cuando opinaronb sobre este tipo de granjas los presidentes Lambán y García-Page. En este caso el tercer mosquetero del susanismo, Fernández Vara, se puso de perfil. Los tres presidentes han mantenido habitualmente un discurso alternativo al mensaje del Gobierno estatal bastante homogéneo, pero sobre las granjas intensivas Fernández Vara ha preferido tener un papel conciliador, quizá por tener la polémica del vaciado de pantanos a manos de las eléctricas demasiado reciente. Otra polémica medioambiental en un año en el que se prevé una sequía histórica no le beneficiaba después de haber evitado criticar a Iberdrola, empresa en la que trabaja su hijo, e impedir la comisión de investigación sobre el vaciado del embalse de Valdecañas.

Lambán sí se ha mojó sobre las granjas industriales pidiendo directamente la dimisión de Garzón públicamente en redes sociales, aunque fue incapaz de secundar en la Cortes de Aragón la misma solicitud de dimisión por parte del PP. Lambán ya mostró en 2021 su controvertida opinión sobre el medio ambiente poniendo en cuestión, también en redes, el cambio climático durante el temporal Filomena. Su desinterés sobre el tema le llevó a reconocer que desconocía la Ley de Cambio Climático que firmó con Podemos en el pacto de gobierno. Sobre sus declaraciones ante la macrogranjas, múltiples entidades aragonesas en defensa del medio ambiente y el desarrollo sostenible criticaron al presidente aragonés por «contradecir las decisiones adoptadas por su propio Gobierno» y «confundir a la ciudadanía». Resaltaron que más del 90% de las masas de agua de la Cuenca del Ebro tienen problemas de contaminación por nitratos, provocando que haya pueblos enteros en Aragón que no pueden beber agua de grifo por contaminación.

Pero, sin duda, la estrella del club de la comedia socialista vuelve a ser el Presidente García Page. Desde su cargo institucional de Castilla-La Mancha no pierde ocasión de opinar como si estuviera en la barra de un bar. La estrategia populista y el uso de la imbecilidad política para degradar el debate le funciona de momento, pero normaliza y asume las propuestas de la derecha y extrema derecha. García-Page lo mismo se niega a cerrar las aulas en plena primera ola de la pandemia acusando al profesorado de querer tener vacaciones que arremete contra la Ley de vivienda del Gobierno uniéndose a la derecha. Para atacar a Garzón, García-Page se encaramó a los altavoces institucionales a los que tiene acceso, incluso contando de telonera con la ministra de Asuntos Económicos y Transformación Digital, Nadia Calviño, que reía las divagaciones simplistas del barón regional en contra de su compañero de Gobierno. Esta vez usó un escenario con micrófonos y focos para defender la ganadería industrial, pero ya lo había hecho de forma subterránea protegiendo a Incarlopsa, el proveedor de Mercadona que donó 400.000 a su gobierno a través de la fundación Impulsa en 2016 y 2017.

Lo que dijo Garzón es lo que defiende la UE, lo que consta en el acuerdo de gobierno y opinaba el propio Presidente Sánchez hace meses, pero se ha tergiversado y usado para atacar desde dentro a la parte más débil de la coalición, aumentando la ola de ruido que dirigen los ultras. Sin importar que se estaba a las puertas de una convocatoria electoral vital para sacar al partido de la Gürtel de Castilla y León. Afectando incluso al candidato del PsoE, un Luis Tudanca que tuvo que reconocer la realidad de los argumentos de Alberto Garzón sobre la ganadería industrial. Posiblemente el escenario hubiese cambiado poco, nunca lo sabremos, pero la falta de responsabilidad y madurez de los generadores de opinión del PsoE debe dejar lecciones, porque siembras bulos y recoges gobiernos reaccionarios. Aunque los cuñados de la rosa saboteen a sus socios prioritarios, los van a necesitar para gobernar. Independientemente de fallos propios y palmarias campañas mediáticas  de acoso y derribo, puede que la lealtad dentro del gobierno esté pasando factura a Unidas Podemos. Dentro muy complicado. Fuera, como en Portugal, la desaparición.

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