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Los trabajadores en España son víctimas de una estafa provocada por la codicia empresarial

La renta per cápita de los españoles ha disminuido cerca de un 8% desde 2009 mientras los salarios continúan perdiendo participación en la riqueza nacional y ya suponen menos de la mitad del Producto Interior Bruto

José Antonio Gómez
José Antonio Gómez
Director de Diario16. Escritor y analista político. Autor de los ensayos políticos "Gobernar es repartir dolor", "Regeneración", "El líder que marchitó a la Rosa", "IRPH: Operación de Estado" y de las novelas "Josaphat" y "El futuro nos espera".
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análisis

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La crisis de 2008 supuso el punto de inflexión de la ruptura de las relaciones laborales entre empresarios y trabajadores. A esto hay que sumar la pérdida de capacidad adquisitiva que sufrieron las clases medias y trabajadoras con la entrada de España en el euro y una inflación oculta del 66%.

La caída de Lehman Brothers supuso el pistoletazo de salida de la invasión hostil de las clases dominantes sobre el resto de la población. Este hecho se demuestra en el incremento irracional de los niveles de desigualdad y de pobreza. Mientras los poderosos acumulan más riqueza, los trabajadores tienen más dificultades aunque ocupen puestos que, en otro escenario, les supondría salarios más que dignos.

La realidad es que esa invasión económica violenta de las élites empresariales, financieras y económicas está provocando que los sueldos valgan cada vez menos para las familias, lo que repercute también en la macroeconomía de España. Los salarios pierden fuerza respecto a las rentas del capital en el PIB. Eso es un hecho indiscutible.

Actualmente, lo que perciben las clases medias y trabajadoras apenas supone un 47% de la riqueza nacional y se sitúa en niveles del año 2012, es decir, en los momentos más duros de la crisis económica. Desde que en 2010 se bajó del 50%, no ha habido recuperación a pesar de que los datos macroeconómicos indican que el PIB de España está remontando. Eso quiere decir que los trabajadores sufren una estafa empresarial y que no se les está remunerando. Esa es la razón por la que, mientras los salarios se mantienen en niveles más propios de un país en desarrollo o, dependiendo del sector, del tercer mundo, los beneficios empresariales se disparan. Alguien se lo está llevando crudo y nadie hace nada para evitarlo.

Tanto la renta per cápita como la renta disponible de los hogares se ha empobrecido y se sitúa a niveles de 2009, cuando en España aún no se habían sufrido los efectos más crueles de la crisis económica y la burbuja inmobiliaria todavía no había estallado de manera definitiva.

En España tener un trabajo ya sólo sirve para sobrevivir, no es una herramienta para crear un proyecto de vida. Las familias han perdido renta disponible y el salario medio de convenio se ha quedado un 4,2% por debajo del IPC.

Luego está la manipulación de los datos. Si se comparan esas cifras con los costes laborales de las empresas, entonces la pérdida de capacidad adquisitiva es menor. Sin embargo, se cuantifica sumando los elevados salarios de los directivos y ejecutivos de las grandes empresas que están fuera de los convenios colectivos.

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