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Díaz trabaja contrarreloj para salvar su reforma laboral

ERC y Bildu insisten en su "no" al proyecto del Gobierno de coalición mientras PP y Vox funcionan ya como un mismo partido

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análisis

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A falta de unas horas para que el decreto de convalidación de la reforma laboral se someta al trámite parlamentario, Yolanda Díaz trabaja contrarreloj para tratar de hilar una mayoría suficiente con la que sacar adelante su proyecto, que viene con el aval de los agentes sociales. Todo apunta a que mañana los socios tradicionales del Gobierno, ERC y Bildu, votarán en contra de una reforma que consideran “insuficiente” porque, según ambas formaciones, no garantiza plenamente los derechos de los trabajadores. Cerrada esta vía, a Díaz solo le queda recurrir a un naipe algo incómodo y desagradable: lograr el apoyo de Ciudadanos, que parece proclive a dar el “sí quiero”, y de otras fuerzas minoritarias como los dos diputados de Unión del Pueblo Navarro.

Obviamente, no es lo mismo que el decreto salga adelante por la izquierda que por la derecha, y no solo porque la deserción de los partidos independentistas marcará en buena medida lo que queda de legislatura y el futuro de las leyes que aún quedan por aprobar, sino porque una normativa que nace con el sello de calidad de Ciudadanos debería considerarse una derrota de los progresistas y una prueba suficiente de lo corta que se ha quedado la reforma Díaz. Sin duda, el apoyo de Inés Arrimadas confirma que estamos ante una legislación laboral de baja calidad, como la carne procesada de macrogranja a la que Garzón le ha declarado la guerra sin cuartel.

De momento, Arrimadas ha anunciado que apoyará el decreto “si no se mueve una coma” de lo ya acordado entre Gobierno, patronal y sindicatos. Si la líder naranja está loca por la letra y la música de esta reforma es precisamente porque ha quedado en una aguachirle que mantiene intacto el poder de los empresarios a la hora de la contratación. Es cierto que el nuevo marco legal yolandista pone en marcha medidas positivas para mejorar las condiciones laborales del precariado corroído por la temporalidad, que avanza en la lucha contra el paro estructural y que recupera en parte la negociación colectiva, pero al final lo que queda es que la reglamentación del PP sigue en vigor, al menos en su espíritu, ya que solo se han retocado algunos “aspectos más lesivos”. De ninguna manera ha habido una derogación, tal como prometieron ambos socios de coalición (PSOE y Unidas Podemos), y esa promesa incumplida será un lastre para la izquierda de cara a las próximas elecciones generales.

Pese a lo difícil de la situación, la ministra de Trabajo sigue intentando que el enjuague firmado por el Ejecutivo, la patronal y los sindicatos salga adelante lo más dignamente posible, de ahí que redoble la presión sobre ERC y Bildu para intentar que ambas formaciones se suban al carro del Gobierno de coalición, aunque sea in extremis: “Tendrán que explicar por qué votan en contra de recuperar derechos para los trabajadores y a favor del mantenimiento de la reforma del PP”. El espíritu luchador y competitivo de la vicepresidenta segunda solo es comparable al de Rafa Nadal. Nunca se da por vencida, siempre negocia hasta el último minuto, lo intenta todo hasta el final, aunque en esta ocasión lo tenga casi imposible, ya que la foto de Ciudadanos y Esquerra votando lo mismo es casi un fotograma de película de ciencia ficción. Sería un hecho histórico difícil de digerir y complicado de entender para la izquierda real.

Joan Baldoví, de Compromís, es el perfecto reflejo de la resignación que se respira en el bloque progresista: “Ante el dilema de quedarnos con la reforma de Rajoy preferimos avanzar”. O sea, que entre lo malo y lo peor, una parte de la izquierda española opta por lo menos perjudicial, algo contra lo que se rebela Gabriel Rufián: “No nos podemos mover del rechazo porque no nos ofrecen nada. Nos han presentado un trágala y ERC no puede aceptarlo. La responsabilidad es suya [del Gobierno]”. Y no deja de tener parte de razón el líder catalanista, ya que tratar de sustituir la soberanía del Parlamento por un pacto con los agentes sociales entraña algo de trilerismo, de burda trampa a la democracia. Es en el Congreso donde se tejen alianzas y se debaten las leyes, no en los jardines de Moncloa, por mucho que sea el escenario perfecto para la foto de propaganda con Garamendi, Sordo y Álvarez.

Mientras Díaz intenta recabar los votos necesarios sobre la bocina, al mismo tiempo se ve obligada a lidiar con los miuras de las derechas, que por momentos no parecen estar a la altura de la talla política de la vicepresidenta segunda. Hoy, durante la sesión de control al Gobierno, la ministra de Trabajo ha vuelto a darle un buen repaso intelectual a PP y Vox. El primer duelo lo tenía la vicepresidenta segunda con el portavoz popular, Teodoro García Egea, que por lo visto cambió tres veces la pregunta en su turno de interpelación al Gobierno. Empezaba mal don Teodoro y así se lo hizo saber Díaz cuando le obsequió con un zasca antológico al recriminarle que el diputado popular no tuviese claro lo que quería preguntar. Normal. Al colegio se va con los deberes hechos, y no es la primera vez que García Egea se hace un lío con las preguntas porque no lleva estudiados los apuntes.

Entre dudas, dimes y diretes, al final el portavoz popular formuló una vaga pregunta sobre los malos datos del paro del mes de enero y sobre las medidas del Gobierno para salvar el sector del motor (por preguntar algo, ya que a García Egea hace tiempo que no le interesa entrar en debates serios, solo la retórica vacía, el chascarrillo facilón y el patadón y tentetieso al Gobierno). Tal como era de esperar, la vicepresidenta segunda se lo ha comido con patatas, despachándolo en dos minutos y con la solvencia de siempre: mostrándole datos reales sobre desempleo en España, que son sin duda positivos, tal como demuestra el hecho de que ya se han creado 900.000 puestos de trabajo. En apenas un momento, Díaz destrozaba el escenario catastrofista dibujado por el PP de Casado cada día un poco más voxizado.

Pero faltaba Macarena Olona, más bien Macarena Faltona, que como siempre ha empuñado el micrófono para protagonizar su habitual show sonrojante y ofrecer su dosis de política basura entre alusiones al Falcon de Pedro Sánchez, mentiras sobre el sector agrario y menosprecio a su rival, a la que cree denigrar cuando se dirige a ella como “ministra comunista”. Una vez más, la vicepresidenta no ha entrado al trapo y ha dejado a la diputada ultra refocilándose en el barro.  

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