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El SARS–‐CoV–‐2 y las Expectancy Theories (I)

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análisis

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Hace un año escribí este capítulo bajo la hipótesis de que la pandemia COVID19 ponía en la cuerda floja a las teorías de la esperanza. Aquí hago un apretado resumen de algunas ya abordadas en la literatura científica. En el pico de la pandemia, las bardas de muchas ciudades se escribieron frases alusivas a la esperanza, alentando a sus residentes a resistir, que todo estará bien, que el coronavirus pasará. Sin embargo, ha ocasionado una ruina humanitaria (aun inacabada) batiendo de paso a las teorías sobre las expectativas, de las esperanzas.

En economía, los factores que la mueven siguen un proceso sistemático, sostienen sus expertos. Con el tiempo sus agentes aprenden y se adaptan al patrón que determina su variabilidad, usan ese discernimiento para plasmar sus expectativas. Suponiendo que no se cometen errores sistemáticos, las expectativas coinciden en promedio con la predicción teórica (distribución objetiva de la probabilidad de los resultados posibles). Si el error tiende a cero en el marco de las expectativas, la previsión es perfecta. En los supuestos de la economía hay muchos errores sistémicos, hay fallas en sus leyes causales por el ahora alto grado de interdependencia económica dificultando la explicación causal de la racionalidad en las interacciones y contradicciones sociales. Y hay gobiernos que buscan sustituir a las leyes económicas con ordenamientos normativos, por leyes jurídicas.

B. Friedman se refiere a esas fallas y al proceso mediante el cual los agentes convierten en conocimiento y en expectativas económicas que cumplan los requisitos de racionalidad. Se sabe que en la teoría de la elección racional no es necesario que la información disponible sea verdadera en el sentido objetivo, sino solo al momento para quien toma la decisión que puede ser muy racional, pero errónea. Y sucede muchas veces. La teoría de la elección racional necesita información perfecta, objetivamente verdadera, incluye la incertidumbre. Reconociendo que el futuro económico es riesgoso, pero no incierto. Las economías, siempre están ajustando los desequilibrios, primero con la curva de Phillips desde 1958, cuya causalidad espuria corrigió 23 años después R. Lucas, empleando la idea de las expectativas racionales que incorporan la mayoría de los modelos macroeconómicos.

La expectativa económica asume que las probabilidades de los eventos estocásticos son ergódicas (como cadenas de Markov) M. Friedman sostuvo que los errores económicos pueden ser sistemáticos o aleatorios si se especifica el tiempo y el período para el que se formaron las expectativas. Si es de 5 o 6 años, la expectativa permite que el valor actual de una variable se desvíe de su valor esperado, antes de que terminen esos años. Los planes económicos quinquenales y/o sexenales permiten esos ajustes. Esto se relaciona directamente con la información, la duración de los ajustes, etc., ya que el horizonte de tiempo afectado por la decisión es presumiblemente igual a aquel sobre el cual forma sus expectativas. D. Laidler dice que el supuesto de que los agentes tienen toda la información relevante sobre la economía es un supuesto extremo, así como que el mercado es capaz de proveerla y de coordinar todas las actividades. Por eso hay más razones políticas que económicas en las decisiones desde la depresión hasta nuestros días. En los ochenta R. Nelson, S. Winter, G. Dosi y otros introducen a la tecnología como factor fundamental de la riqueza. Años más tarde R. Ayres y otros incorporan la idea del capital natural al análisis económico, a diferencia de la tecnología éste tiene un límite en su parte no renovable y, entra en conflictorabioso con el capital financiero. Y por la relevancia de los factores endógenos las expectativas económicas y de desarrollo en los países se complican al extremo.

La economía en la teoría de la complejidad permite que los agentes tengan información imperfecta, cambios inesperados por turbulencia. En el enfoque de A. Leijonhufvud de conducta agregada de abajo hacia arriba, el agente no tiene expectativas racionales y la eficiencia del conjunto proviene de eliminar modos de conducta mal adaptados. Lo necesario es la interacción en el mercado, concebir a la competencia como Marshall dijo, que los agentes realicen intercambios a precios falsos. Sea por información costosa, imperfecta, difícil de procesar o por rapiña. Esto les permitiría explicar y adecuar a una economía cuando sale de su equilibrio y cae en extrema gravedad. En la actualidad las expectativas de; desarrollo; empleo, mercado, producción, inversión, crédito, consumo y ahorro se fueron al carajo. En varios países hay áreas económicas que desaparecen, otras en vía de extinción no hay como reemplazar los vacíos que dejan. Y la economía mundial está amenazada por la recesión. Habrá rupturas en el contrato social y económico, esperanzas rotas a gran escala y ya aparecen conflictos sociales. Pasada la pandemia la economía se comporta en algunos sectores como una (v), en otros como una (u), en unos casos como una (k), pero el virus sigue entre nosotros y la economía será una (h) en muchos sectores, sostienen economistas como J. Attali. Y países demandan prescripción de su deuda externa para sobrevivir, en tanto el capital serefugia en el sistema monetario virtual y en la economía de casino. El sistema mundo descrito por I. Wallerstein, se resquebraja, por la pandemia y la invasión a Ucrania.

En demografía es probable que por el SARS–‐CoV–‐2 la esperanza de vida disminuya, detenga el crecimiento poblacional en varios países donde la tasa de fecundidad está por debajo de la necesaria para reemplazar a su población. En algunos de Europa puede reducirse hasta en un 10% a mediano plazo. Bourgeois–‐Pichat en 1952 cifró en 76.3 años de esperanza de vida para los hombres y 78.2 para las mujeres. Oeppen y Vaupel en un estudio del 2002 concluyeron que ya se habían rebasado “el incremento de la esperanza de vida en las últimas 16 décadas que había sido lineal, podría ser la regularidad demográfica más destacable jamás observada”. Se estimaba que de manera global sería más de 78 años en 2050, cinco años más que la actual. Algunos países han rebasado con 10 años ese tope, pero no hay garantía de mantenerlo según indican datos del COVID19.

La esperanza de vida es un indicador demográfico y de salud, pretende relacionarse con el bienestar, la satisfacción personal, la calidad de vida y el potencial de desarrollo. Se define como el número de años que en promedio se espera viva un recién nacido, creyendo que las tasas de mortalidad imperantes en ese momento permanezcan constantes durante su vida. Se divide a la población por intervalos de edad y sexo según las probabilidades específicas de ser y estar en cada una de las etapas. Sin embargo, las cuotas no son siempre positivas porque en alguna de ellas y sus grupos la mortalidad se dispara. La expectativa depende de esas modificaciones, éstas a su vez, de las variaciones de riesgo de muerte por diversas causas dominantes en cada grupo. Se calcula a partir del flujo de información registrada en un período sobre el número de transiciones dentro y fuera de cada estado. En la mayoría de los países existen fallas en estos registros ya que los datos de transición entre los estados de salud no se recogen sistemáticamente, sino por encuestas específicas (salud, discapacidad, etc.) más o menos periódicas que no reflejan un flujo. Por tanto, la incidencia del período, necesaria para los cálculos, ha de ser estimada.

Hay métodos para calcular la tabla de vida; uno basado en la prevalencia observada, otro con múltiples decrementos y uno más de tablas de vida con decrementos–‐incrementos. En 1964 F.B.M. Sanders propuso un modelo combinando la mortalidad y la morbilidad en la misma tabla. La idea concretada por Sullivan D.F., en 1971 en una tabla de vida basada en la prevalencia observada, calculó la primera esperanza de vida libre de discapacidad. El inconveniente radica en no determinar las mudanzas entre estratos, sólo las estima a partir de una prevalencia. En lo que respecta a la discapacidad, los cambios son muy gradualespara asegurar que dicha prevalencia sea buen estimador de los cambios en el período estudiado. La tabla de vida desarrollada por actuarios y las compañíasde seguros para calcular pensiones e indemnizaciones en base a la duración media de vida. No considera sólo la defunción, tiene en cuenta otros aspectos de vida definitivos queconstituyen una salida de la tabla. La información requerida es imposible de conseguir a gran escala, urgiría encuestar a la misma muestra de población una y otra vez para obtener las probabilidadesde transición. Por tanto, su utilización para calcular esperanzas de vida comparables es inviable.

Hace 40 años se exploran modelos capaces de manejar transiciones de salida del estado inicial y de Feedback, tablas de incrementos–‐decrementos, simulaciones e inferencias con métodos Montecarlo y Bayesianos para calcular esperanzas de vida libres de discapacidad, proyectar expectativas psicológicas en personas de 60 años y más. Al modelo de Sullivan siguió el de Lee, R.D. y Carter L.R., que divide a la población en grupos de edad construyendo indicadores para períodos específicos con series de tiempo, tomando en cuenta la varianza de los datos por edades relacionadas con muertes definidas. Luego Cairns A.J. et al, proponen índices dinámicos de mortalidad por edades, simula la distribución de los sobrevivientes en horizontes de tiempo.

Después Jafelice R. y Barros, L., incorporan los aspectos virales a un modelo computarizado de conjuntos borrosos para calcular la esperanza de vida en personas infectadas por VIH y sus posibilidades de sobrevivencia. Pascariu M.D. et al, pronostican la esperanza de vida con un modelo doble–‐gap (mejorando a Lee y Carter) combinando herramientas de pronósticos multivariados.

La demografía acuñó las categorías de; compresión de la morbilidad (tiempo en el que la gente vive más años y sin enfermedad); de longevidad (más años de vida, aún con salud precaria); de equilibrio dinámico (morbilidad retrasada, acortando la enfermedad o resolviéndola). Se había logrado, gracias a las ciencias de la salud, un promedio de vida sin enfermedad de al menos 50 años y una esperanza de más de 70 años. En la biología de nuestro organismo la fuente de la juventud, veta de la literatura en; El Fausto, de Goethe, El retrato de Dorian Grey, de O. Wilde, el Conde Drácula, de B. Stoker y otros, NO EXISTE.

Algunos sostienen que los seres terrenales estamos altamente relacionados, venimos del mismo polvo de estrellas, pero por alguna razón unas especies viven más que otras. En consecuencia, podemos aspirar a más longevidad. Las bacterias parecen no envejecer. La Posidonia Oceánica puede vivir miles de años, el Sequoia más de 3 mil años, un poco menos el Cedro del Líbano. Las hidras viven miles de años, las almejas de Islandia más de 500 años, la tortuga giganteunos 150 años, los tiburones de Groenlandia más de 400 años, las ballenas boreales más de 200 años. ¿Qué artificios fisiológicos ralentizan el deterioro de sus células y tejidos o los regeneran? ¿Qué procesos controlan sus enfermedades y la vejez?

Somos una especie que en su proceso de selección natural acumuló daños moleculares, celulares, tisulares y orgánicos que conducen a la merma de nuestras funciones biológicas. Un claro rasgo adaptativo en evolución (P. Medawar y otros) o de posibles mutaciones. Según G. Williams la selección natural no puede evitar que los genes implicados se extiendan por la población de la especie, por lo que se busca en ellos; el tiempo de vida, el envejecimiento y la muerte incrustados en cada una de nuestras células. A. R. Wallace y A.Weissmann sostuvieron que para que un rasgo pueda ser considerado producto de la selección natural de las especies en sentido estricto, debe ser un rasgo propio de esa especie, como la tasa deespeciación, el tamaño de las poblaciones, el nicho ecológico, la morfología. La máxima duración de la vida varía entre las especies según su genética (C. Benard y S. Hekimi), aunque tengamos ciertoporcentaje de ADN relacionado con otras la longevidad no parece ser producto de la selección natural. Hace 2 siglos teníamos una esperanza de vida de casi 40 años, hace dos años era ya el doble en unos países.

En el nuevo cálculo de la esperanza de vida será necesario seguir a Jafelice y Barros para incorporar el COVID19 como factor determinante y, corregir las expectativas de vida existentes. El coronavirus ya tiene implicaciones en la expectativa de vida de la población. En unos países más de las 2/3 partes de adultos mayores mueren por el virus y/o sus secuelas. Investigadores de Asia–‐Pacifico estiman que con una mortalidad del 2% en los infectados sus países disminuirían el 1% de su población. China acaba de aceptar que su crecimiento poblacional se detuvo. En los EUA, estudios realizados en sus comunidades nativas estiman que su esperanza de vida se redujo en 6.5 años. El despoblamiento mundial se ha iniciado y, las probabilidades de vivir más años parecen más lejana. Se ha demostrado que podemos vivir cada vez más años. Los científicos trabajan en ello, para paliar el deterioro biológico; para reducir las patologías asociadas al adulto; incluso hacer más lento (no detener, no revertir) el proceso de envejecimiento. Parten de las aportaciones de; Weissman, A., 1891 “División del trabajo entre células germinales (inmortales) y somáticas (optadas a envejecer)”; Minot, C.S., 1907 “El precio pagado por la diferenciación celular”; Pearl, P., 1928, “El envejecimiento, efecto secundario del metabolismo”; Harman, D., 1956, “Las lesiones causadas por los radicales libres (de oxígeno)”; Williams, H., 1957, “El efecto de genes beneficiosos para el vigor máximo en la edad reproductora, posteriormente nocivos”; Hayflick L., 1961, “La reproducción celular en humanos es limitada”; Gerschman, R., 1962, “El efecto de la toxicidad del oxígeno, por insuficiencia de las defensas antioxidantes”.

Hayflik, el del “reloj biológico”, sostuvo que las células podían dividirse de 50 a 80 veces, contrario a lo afirmaba A. Carrel, que podría ocurrir sin límite. Pero si hubiese un límite de veces que una célula se puede dividir, evitaría la proliferación tumoral, por lo que según B. L. Strehler, no parece razonable el límite de vida de Hayflick. Hay datos de células que dejan de dividirse porque se diferencian irreversiblemente. Las células germinales (madre) no están sujetas a un límite y otras, las neoplásicas pueden dividirse sin límite, se hacen muy mortíferas. Sin embargo, según Zhang et al, la apoptosis (muerte celular programada) ha sido implicada en la senescencia in vitro de fibroblastos, linfocitos T, células epiteliales, endoteliales y neuronas.

D. Harman propuso que los radicales libres (moléculas inestables altamente reactivas con capacidad de dañar a todo lo que encuentre través de reacciones oxidativas) y otras especies reactivas de oxígeno (ROS) en las células y los tejidos pueden causar cáncer, arteriosclerosis e inmunodeficiencia. La desorganización mitocondrial por alteraciones ambientales de estas moléculas fija el tiempo de vida. R. Gerschman determinó que la acción nociva de la radiación ionizante aumenta en presencia del oxígeno, su falta tiene un efecto protector en las células irradiadas. La toxicidad del gas se liga al aumento en la concentración intracelular de radicales libres. Por otro lado, las teorías del desgaste y del promedio de vida, de Pearl, confirman el efecto de los cambios en la temperatura ambiente sobre la longevidad de las moscas de la fruta se debe al resultado modulador de estos cambios sobre el consumo de oxígeno del insecto. También se observó en moscas alojadas en los satélites donde su vuelo caótico por la ingravidez aumenta su consumo de oxígeno.

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