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28F: Los miserables y catetos del sur

Joaquín Francisco Castillo Eslava
Joaquín Francisco Castillo Eslava
Profesor de secundaria y doctor en Economía asociado a la UCA.
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análisis

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Dicen que pueblo que identifica, reconoce y claudica ante sus miserias; pueblo que antes se puede poner en marcha para caminar hacia una tierra llena de oportunidades. En mi caso, prefiero gritar mis miserias que vivir bajo una venda y seguir echando la culpa a los demás ya que, con esta última actitud, jamás veré una Andalucía soberana y, mucho menos, libre.

Es cierto que somos una especie de colonia y que guardamos similitudes económicas con otras regiones como Latinoamérica puesto que vivimos bajo el estigma de la desigualdad con alta tasa de desempleo, migración, dependencia tecnológica y energética, baja productividad y el sector turístico como motor del desarrollo, entre otras características.

No obstante, también es cierto, y es lo preocupante, que somos indolentes en no querer cambiar las cosas ya que cuando asomo por el Congreso de Diputados reside una gran bola del oeste haciendo referencia a la gran ausencia de diputados andalucistas, que si andaluces y andaluzas, y proporcionamos a tal institución, nada más y menos, que ¡61 DIPÚTADOS!

En este sentido, con andaluces y andaluzas en el Congreso, que no representan los intereses socioeconómicos de Andalucía con el fin de generar oportunidades como vamos a salir del atolladero de nuestra imperante desigualdad. Asimismo, tenemos que ser consciente que si no hay ni voz ni voto en los Presupuestos Generales del Estado (PGE) que es dónde se dirime tanto lo cuantitativo (transferencia económica) como lo cualitativo (objeto) de las inversiones en cada nación del Estado español pues, sinceramente, no hace falta puntualizar más sobre el destino que le depara a nuestro país.

Siempre nos señalan que somos unos catetos y quizás no les falta razón. Según la RAE tal concepto dice de ser de una persona pueblerina o palurda. Y palurda lo asocia, también, a RAE, con ser ignorante. Y si, seamos honestos y empecemos a sacar nuestras miserias, ya que -me repito- una vez empecemos a reconocerlo entes podremos remedio. Andalucía convive con una sociedad ignorante puesto que nos creemos todo lo que nos dicen los políticos y las políticas actuales (véase quién gana con mayoría absoluta y quién ganaba); y, además, nos cobijamos con unas fiestas cada vez menos crítica y científica.

En el ámbito político, poco que añadir. Po un lado, con una rosa de cuarenta años que se dedico a robar (caso ERE) y aniquilar el andalucismo. Después dirán que con ellos hubo desarrollo económico y los pueblos hoy están más conectados con la ciudad, la educación y la sanidad. Claro, me imagino que después de cuatro décadas si quieren todavía vamos con carros de caballos, un médico por pueblo, y sólo aprendemos la tabla de multiplicar. Sin embargo, no reconocer su fracaso con el estrepitoso dato del desempleo de casi medio siglo de gobierno es de no vestir ninguno de ellos y de ellas la palabra vergüenza.

Por otro lado, ahí va la gaviota con sus revoluciones fiscales, energéticas y digitales privatizando todo tipo de sector económico que se le pone a su paso pintando así un cartel enorme que escribe: ANDALUCÍA SE VENDE AL MEJOR POSTOR. De seguir así, nos van a cobrar hasta el aire que respiramos, sino al tiempo.

Pues bien, mientras la rosa y la gaviota se ponen de acuerdo para que ellos y ellas sigan teniendo todas las oportunidades junto a sus socios los grandes empresarios y empresarias nosotros nos “rociamos” de vino en los carnavales, en la semana santa y en nuestras playas.

Cada día, una semana santa con mayor afluencia de personas y con la intención de querer sacar más muñecos religiosos durante el año. Un carnaval menos crítico, y con un botellón más grande. Y unas playas donde, de seguir así, vamos a tener que pagar para poder pegarnos un baño; es decir, veo un horizonte donde para poder poner una toalla la arena estará señalizada con línea azul, naranja y verde -si eres residente o no- como en el aparcamiento de los coches.

Un pueblo si quiere generar oportunidades no puede idolatrar a muñecos venidos de la religión en pleno siglo XXI porque, de esta manera, ya justificamos hasta que la educación, pilar básico de la sociedad, sea concertada.

Un pueblo si quiere generar oportunidades no puede permitir el chiste fácil en sus letras de carnaval y tienen que tirar de la más mordaz ironía poniendo en jaque a las altas esferas; y no arrinconarse con el chiste vulgar. Por cierto, Andalucía no es una prostituta ya que esta matría nos proporciono los mejores recursos naturales somos nosotros y nosotras los que actuamos como prostitutos y prostitutas ya que ni la defendemos y la vendemos; y, por ello, se nos debería de caer la careta o la máscara de la vergüenza permitirlo.

Y, por último, si quiere generar oportunidades no puede contentarse con una economía de sol y playa por que nos suceden dos realidades. La primera, un tipo de empleo caracterizado de un desempeño con poco valor añadido, bajo salario, horas laborales interminables y no toda la cotización empleada; es decir empleo precario. Y, dos, el turismo echa a la gente autóctona de sus barrios para dar entrada a turistas con todo lo que ello implica. Además, cuando Cádiz fue nombrada en el New York Time como una joya que debía ser visitada por todo el mundo nos creímos los reyes y reinas del mambo, pero nada más lejos de la realidad ya que era otro “caballo de troya” que lo único que posibilita es más turismo donde unos pocos se hacen más ricos y la mayorías más pobre.

Pues bien, están son parte de nuestras miserias que nos hacen ser ignorantes y de ahí a ser unos catetos y catetas que nos controlan con una moneda compuesta con la cara del “pan y circo”; y la cruz de una Andalucía vendiéndose al mejor postor.

Nos hacen creer que somos los más bonitos por nuestros paisajes; los más graciosos por nuestras maneras y los más divertidos por nuestras fiestas, pero andaluces y andaluzas abran los ojos que sin darnos cuentas nos lo están robando todo y para cuando queramos reaccionar quizás sea demasiado tarde. Andaluces y andaluzas levantémosno construyendo un andalucismo para todas y todos; es decir, para que nuestros hijos e hijas tengan oportunidades.

Las miserias de Andalucía son mis miserias también; ser cateto o cateta no me ofende tanto ya que duele con mayor ahincó ver con perplejidad la ignorancia de mi nación ante tanta desigualdad en sus calles cuando lo poseemos todo para “volver a ser lo que fuimos”.

Andalucía, consideremos nuestras miserias sin olvidarnos de Blas Infante, y transformemos nuestra ignorancia en inquietud andalucista y a partir de ahí, que suene el himno andaluz…” la bandera blanca y verde”

X la revolución de los desiguales…

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