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Ábalos derrota a Sánchez en la batalla del relato

El exministro José Luis Ábalos ha dejado en evidencia, de manera voluntaria o involuntaria, cómo el relato que se pretende hacer contra él, tanto desde el PSOE como desde Moncloa, son la consecuencia de un nuevo cambio de opinión de Pedro Sánchez

José Antonio Gómez
José Antonio Gómez
Director de Diario16. Escritor y analista político. Autor de los ensayos políticos "Gobernar es repartir dolor", "Regeneración", "El líder que marchitó a la Rosa", "IRPH: Operación de Estado" y de las novelas "Josaphat" y "El futuro nos espera".
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análisis

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La suspensión cautelar de militancia de José Luis Ábalos está sacando nuevamente a la luz los comportamientos tiránicos que se han convertido en habituales en el PSOE desde julio de 2014. Todo está supeditado al interés particular de Pedro Sánchez y, evidentemente, el Caso Koldo le hace mucho daño porque los presuntos delitos investigados por la Justicia se produjeron en el seno del gobierno.  

Más allá de las informaciones judiciales y de las declaraciones que se hagan, tanto desde el PSOE como desde la oposición o del propio José Luis Ábalos, lo que realmente importa es que se han juntado el hambre con las ganas de comer. Sin embargo, no es la primera vez que Sánchez defenestra a una persona importante dentro del partido, que tiene un calado muy positivo entre la militancia, bajo la acusación de corrupción.

En febrero de 2015, el entonces secretario de organización, César Luena, que actualmente es eurodiputado, justificó la expulsión de Tomás Gómez porque las informaciones sobre la corrupción en el Tranvía de Parla estaban perjudicando al PSOE y habían provocado «un deterioro grave» de la imagen pública del partido. El tiempo y la justicia han demostrado que Tomás Gómez fue defenestrado por nada, salvo por el interés de Pedro Sánchez de colocar a un títere al frente de la Federación Socialista Madrileña, alguien que no se le opusiera o supusiera una amenaza a su poder absoluto. A día de hoy, Sánchez todavía no ha pedido disculpas públicas a Gómez.

Si se analiza el comunicado del Partido Socialista que justifica la suspensión cautelar de militancia de José Luis Ábalos, el argumento es exactamente el mismo.

El relato de Ferraz y Moncloa respecto al Caso Koldo afecta directamente a Pedro Sánchez porque si a Ábalos se le expulsa por una supuesta responsabilidad in vigilando, la realidad es que la extensión afecta directamente al líder supremo del PSOE. Por eso se hacía necesario hacer que el político valenciano desapareciera de la primera plana.

No obstante, a día de hoy, Ábalos no está acusado de nada, no está investigado por la Justicia. Esa situación es la que incomoda porque, de manera pragmática, todas las excusas o argumentos que se utilicen para justificar su expulsión del PSOE son injustas.

Eso sí, lo que se demuestra una vez más, es el comportamiento tiránico de Su Excelencia. Tanto desde Moncloa como desde Ferraz se utiliza la tolerancia cero contra la corrupción como la máxima justificación. Sin embargo, insistimos, Ábalos ni está imputado ni está siendo investigado.  

Por otro lado, cuando el ya diputado del Grupo Mixto afirmó en su entrevista en Onda Cero que «te convierten en un peón» es un misil directo a la línea de flotación, sobre todo cuando también se ha referido a los repentinos «cambios de opinión» que suele tener Pedro Sánchez cuando hay un punto de inflexión en sus intereses. «No sé lo que ha pasado con Sánchez para que haya habido un cambio de opinión en este momento. El PSOE actúa con mucha impulsividad y quiere demostrar que no es como el PP, que va más allá». Además, la calificación de «populismo justiciero» es muy acorde a lo que sucede en el Partido Socialista en los últimos 10 años.

Eso sí, en el PSOE del pedrismo la tolerancia cero con la corrupción depende siempre de quién sea y de la amenaza al líder supremo que pueda suponer. Hay varios casos de todos conocidos en los que una imputación judicial no supuso ni una expulsión ni una suspensión de militancia.

Es evidente que nada de lo que se hace en el PSOE en los últimos 10 años se ejecuta sin la aprobación directa de Pedro Sánchez. Lo de Ábalos es un caso más que refrenda que un partido político con más de 140 años de historia se ha convertido en el cortijo de los intereses de una persona, más o menos lo mismo que sucedió en España desde el año 1936 a 1975. Entonces, un país estaba al servicio de un dictador. Ahora, en el PSOE, todo está dispuesto para satisfacer a su líder supremo. Incluso, se ha perdido el criterio y la coherencia porque los cambios de opinión de Sánchez se convierten en línea política. ¿Qué ocurrirá si a Su Excelencia le favorece el apoyo a las teorías Qanon? Sólo de pensarlo da pavor.

Sánchez debería estar más preocupado por los casos de tráfico de influencias que se han producido bajo su mandato, que los hay. La corrupción es algo que va mucho más allá del amaño de contratos públicos, de irse de putas, ponerse de coca hasta taponar las fosas nasales o de cobro de comisiones. La corrupción política también se da cuando se hace un mal uso o un uso abusivo de los recursos del Estado. Pero, de eso, ni en Ferraz ni en Moncloa se quiere hablar porque no interesa a quien se está beneficiando de ello.

Tal vez, Ábalos no vaya a tirar de ninguna manta, aunque, seguramente, podría hacerlo. En cambio, Ábalos ya está ganando la batalla del relato con valentía, porque oponerse a Pedro Sánchez es tan peligroso como, en su momento, era enfrentarse o llevar la contraria a Francisco Franco.  

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4 COMENTARIOS

  1. Bien hecho. De esta forma se corta el rollo del PP de culpar a todo el mundo que no sea de su mundo. Ayuso al banquillo por dejar abandonados a los mayores de las residencias, en este caso con resultados de miles de muertes.

  2. Antes de sojuzgar a Ábalos, que una justicia «justa» cumpla encarcelando a los que han viralizado la corrupción entre sus filas peperas haciéndoles devolver sus fortunas expoliadas al erario público.
    ¿Por qué no soñar si es lo único que nos queda? No al cinismo ni a la hipocresía.

  3. Hay que ser muy miserables para usar al corrupto ponerlo como bueno para usarlo contra Sánchez. Ni Sánchez ni el PSOE son de izquierdas y no los votaré jamás, pero esto ya es insoportable.

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