El miserable virus y el virus de los miserables

25 de Mayo de 2020
Actualizado el 02 de julio de 2024
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Abascal

Dos meses y medio después de la entrada en vigor del estado de alarma en España, que se ha evidenciado decisivo para frenar la propagación del miserable virus que ataca con especial furia a los más débiles, las personas mayores, aún pulula en este país con total libertad otro virus casi tan dañino como este, el de los miserables. Son males completamente diferentes. El primero es de índole natural y ataca por igual a los organismos de todos los seres humanos más allá de su poder adquisitivo o nivel social. El virus de los miserables se ceba sobre todo con aquellos que hacen de la teoría de la conspiración, la mentira y la manipulación más burda su bandera de lucha constante, sin importarles nada que exista un interés único y supremo en toda esta crisis: vencer a la covid-19 y evitar que se sigan produciendo muertes y contagios.

Este país, cainita como pocos como lo demuestra su historia más reciente, debe sentarse con urgencia en el diván de pensar, porque el diván no engaña y nos desnuda a todos, incluso al rey

Porque sólo con la unidad absoluta de acción se consigue doblegar estapandemia que ha puesto en jaque a toda la humanidad en pleno siglo veintiuno.Pero, desgraciada y sorprendentemente, muchos indeseables ataviadoscon la bandera del partidismo más miserable y rastrero han visto eneste momento crítico la oportunidad propicia para tomar ventaja en pos de unos intereses espurios que nada tienen que ver con elbien común de toda la ciudadanía.

En su empeñoprincipal no atienden a razones y mucho menosescatiman los medios para conseguirlo. En cuestión de manipulación ya está todoinventado, pero lo más preocupante es que se recuperen como válidas tácticasque ya pusieron en marcha no hace mucho tiempo los genocidasnazis para conseguir sus fines. La desinformación y la teoría de la confusión para que cuanto peor vayatodo, mejor para ellos, denota que el virus de los miserables es tan dañino o másque el miserable virus que acaba con vidas humanas a decenas de miles en todoel planeta.

¿Qué nos queda aúnpor ver de algunos políticos?

¿Qué quierenconseguir? ¿llegar al poder cueste lo quecueste y por los métodos que sean? ¿no se dan cuenta que sentarse en losmullidos sillones del poder aprovechando esta crisis no les exime del contagioo incluso de la muerte por este virus? ¿tan miserables son?

Este país, cainitacomo pocos como lo demuestra su historia más reciente, debe sentarse conurgencia en el diván de pensar, porque si enuna situación excepcional como esta, de crisis sanitaria y consecuentementetambién económica, no se ponen de acuerdo los principales representantes de losciudadanos, ¿qué nos queda aún por ver?

Y todo esto en mediode la ejemplaridad que la inmensa mayoría de la ciudadanía ha mostrado alcumplir con entereza y resignación un duro confinamientodomiciliario para evitar extender el virus y colapsar las urgenciashospitalarias. Y sobre todo en medio de la profesionalidad evidenciada a diariopor un sector, el sanitario, que ha puesto la cota más alta posible, aquella dehasta dónde es capaz de llegar el ser humano por el biencomún, haciéndolo en unas condiciones indeseables, con absoluta falta de medios y en unos hospitales públicoscolapsados tras los reiterados recortespuestos en marcha por políticas neoliberalesde dudosa humanidad, que nuevamente ahora queda completamente al desnudo. Eldiván no engaña y nos desnuda a todos, incluso al rey.

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