Al PP ya no le interesa la amnistía, solo el caso Koldo

05 de Marzo de 2024
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Ayuso Almeida Consumidores

Prosigue la cruenta ofensiva del Partido Popular a cuenta del caso Koldo, el escándalo de cobro de comisiones por la compra de mascarillas con el que pretende cobrarse dos piezas mayores del Gobierno Sánchez: José Luis Ábalos y Francina Armengol. Llama la atención el hipócrita doble rasero de toda esta gente de la derecha española, que ve la paja en el ojo ajeno (en este caso la mascarilla fraudulenta), pero no la viga en el propio. Basta con tirar de hemeroteca para constatar que, aunque vayan dando lecciones de moralidad e higiene democrática, ellos también tienen cosas que ocultar. Y muchas.  

Así, en lo peor de la pandemia, el Gobierno de Isabel Díaz Ayuso firmó contratos por la compra de las famosas mascarillas, de las que su hermano se llevó una buena tajada. En esos mismos días, Alberto Núñez Feijóo, presidente de la Xunta, también adjudicó material sanitario a la desesperada, un negocio denunciado ante la oficina Europea Antifraude porque lo adquirido deprisa y corriendo, mientras la epidemia avanzaba, no cumplía con los requisitos de la UE. Y no hará falta recordar que los estraperlistas del Madrid de Martínez-Almeida hicieron el agosto mientras los madrileños pasaban por el duro trance del dolor por la pérdida de seres queridos y el terror a los contagios. Pese a ello, el edil arrancapinos habla y habla sobre las mascarillas de Koldo, suicidamente y sin reparar en que él también tiene a sus kolditos y sus mascarillas de todo a cien por ahí en algún lugar.

Hay no pocos antecedentes de gobiernos populares bajo sospecha de negligencia en el fraude masivo y generalizado en el que, por lo visto, andaba todo dios metido mientras arreciaba el agente patógeno. Ahora, gracias a la labor de algunos jueces y a la investigación de la prensa, empezamos a saber que donde la golfería –mafia, chusma o hampa de este país, tanto da–, veía el chollo del siglo y amplias oportunidades de negocio, la gente corriente, la gente normal, los españoles de bien, solo veían una enfermedad mortal que se llevaba por delante a miles cada día. El covid-19 era solo el mal físico y orgánico, pero por debajo, en el subsuelo de la sociedad, había otra dolencia mucho más grave: una pandemia de degradación moral como no se ha visto nunca.

Ahora, el PP decide ir a por todas contra el Gobierno tratando de hacerlo pasar por una cuadrilla de pícaros que sacaron su mordida con las famosas “más carillas” (baratas no eran, las diferentes redes mafiosas detectadas las compraban a 2 euros y las revendían a 6, con el consiguiente pelotazo). Y no deja de ser sonrojante oír hablar a los prebostes del PP de culpa in vigilando de Ábalos y Armengol cuando ellos mismos no vigilaron un pimiento. Es más, los ladrones desalmados entraban y salían de los despachos oficiales como Pedro por su casa, sin que nadie les pidiera cuentas y considerándolos poco menos que unos funcionarios más. Y tanto que funcionaban, pero para su propio provecho.

Curiosamente, nadie en el PP fiscalizó nada en lo relacionado con la compra de material sanitario, en buena medida porque la situación de extrema urgencia y necesidad lo impedía. Había que salvar vidas como fuera y los políticos, de uno y otro color e ideología, hicieron lo que pudieron para encontrar mascarillas en Europa, en la India y en la China comunista. ¿Que se tendrían que haber extremado los filtros y sistemas de control? Por supuesto, pero eso ya era para nota y la democracia española no se caracteriza precisamente por sus elevados estándares de calidad. Hoy mismo, Eduardo Madina recuerda, con acierto, que bastaba con llevar a cabo una simple búsqueda o rastreo en Google para comprobar que esta o aquella empresa pirata no era de fiar, ya que había dado el pelotazo en los países africanos. Sin embargo, salvo contadas excepciones como la Asturias del socialista Adrián Barbón, ninguna administración se tomó en serio lo de inspeccionar la honradez y competencia de los candidatos a comisionistas. Se les otorgó contratos indiscriminados, firmados a tocateja y sin revisar, y pista. Cuando la burocracia hacía más falta que nunca, más laxos y flexibles fueron nuestros gobernantes. Todo se hizo como se hizo, o sea, deprisa y mal. Se necesitaban mascarillas rápidas y baratas, tal como ha declarado hoy Francina Armengol, última víctima de la cacería hipócrita del PP. La presidenta del Congreso de los Diputados se ha declarado víctima de la trama y no cómplice ni colaboradora necesaria, sambenitos que ya le ha colgado el Partido Popular pese a que ella no aparece en ningún sumario judicial. De la noche a la mañana, los populares se han convertido también en jueces inquisidores, y aunque ni Ábalos ni Armengol están imputados en nada, Feijóo y Tellado los han condenado de antemano.

Si en Genóva estuviesen dispuestos a llegar hasta el final para limpiar lo que se hizo mal en la pandemia, en ambos partidos, el escándalo se sometería a una comisión parlamentaria de investigación para depurar conductas caiga quien caiga. Solo sentando en el banquillo de las Cortes a cada dirigente político, municipal o autonómico, socialista o pepero, se podría saber quién falló en la culpa in vigilando, en la culpa in eligendo o en la culpa in contrahendo, que de todo hay. Pero no, al PP no le interesa ninguna comisión de investigación porque ellos también podrían salir trasquilados. Estamos, por tanto, ante una nueva caza de brujas, las brujas de otros, no las propias, que esas se toleran sin problema. Feijóo no busca la verdad de las mascarillas ni le interesa. Solo busca cobrarse la pieza más suculenta del caso Koldo, la de Armengol (quizá también la de Sánchez). La prueba de que están otra vez en el montaje es que ya no hablan de la amnistía. ¿Por qué? Porque la corrupción impacta más y es más sugerente para la opinión pública que la aburrida cuestión catalana que ya no le interesa a nadie. Todos, PSOE y PP, tienen cadáveres en el armario por la nefasta gestión de la pandemia. Sin embargo, en Génova se impone la formidable maquinaria propagandística goebelsiana para proyectar la falsa imagen de que aquí la corrupción anidaba única y exclusivamente en el bando socialista. Estos tíos de la derechona son fantásticos fabricando distopías.

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