Trump no dura ni dos años

Las agresivas políticas proteccionistas de Donald Trump han sido la gota que ha colmado el vaso del propio Partido Republicano que se está dando cuenta de la trampa a la que les han llevado los fanáticos de MAGA

04 de Abril de 2025
Actualizado a las 11:58h
Guardar
Trump no dura
Donald Trump en un momento de su discurso sobre aranceles | Foto: The White House

Donald Trump está haciendo lo que en Diario16+ se advirtió durante la campaña, dado que su agenda política es el Proyecto 2025 creado por la organización ultraderechista Heritage Foundation, la misma que organiza el aquelarre anual de la extrema derecha mundial, la CPAC.

Por esa razón, la lectura del Proyecto 2025 determinaba que la política económica iba a ser absolutamente proteccionista con una ruptura unilateral de los consensos y tratados internacionales basada en la amenaza constante porque el Estados Unidos de Trump sigue creyendo que es la potencia suprema cuando, en realidad, ya no lo es. Es algo así como los que votaron a favor del Brexit creyendo que el Imperio Británico aún está vigente. Los Cletus del mundo al poder.

Los nuevos aranceles de Trump son una medida que reconfigura el panorama comercial global y un esfuerzo por presionar a sus socios comerciales extranjeros. El mes pasado, el mandatario ordenó un arancel del 10% sobre el petróleo canadiense y uno del 25% sobre todos los demás productos provenientes de Canadá, en un presunto intento de forzar al país norteamericano a redoblar sus esfuerzos para evitar la entrada de inmigrantes indocumentados y fentanilo a Estados Unidos. Esa es la versión oficial que se da desde la Casa Blanca. Los objetivos son otros y están marcados en el Proyecto 2025.

La estrategia arancelaria ha generado reacciones inmediatas entre los senadores y congresistas, y, por sorpresa, sobre todo en el lado republicano, que parece que poco a poco va despertando del sometimiento a la secta MAGA. La senadora Murkowski, republicana de Alaska, expresó su preocupación durante una entrevista: «Los aranceles a Canadá van a perjudicar a mi estado. Van a perjudicar a nuestros vecinos allí». 

Esta crítica refleja el temor de que las medidas de Trump impacten negativamente en los estados dependientes de las exportaciones canadienses y a comunidades que comparten estrechos lazos económicos y sociales con Canadá.

La acción anunciada el pasado miércoles no se limitó a Canadá. En el mismo evento en el Rose Garden de la Casa Blanca, Trump detalló su plan para imponer aranceles de entre el 10 y el 50 por ciento a unos 60 países, una estrategia que busca equilibrar lo que él considera una relación comercial desigual. Ya se sabe, lo de los molinos y los gigantes. La cuestión es que ese supuesto déficit comercial se ha calculado en un Excel con las fórmulas mal hechas. La administración se amparó en la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional, argumentando que el déficit comercial estadounidense, que según sus cuentas alcanzó los 1,2 billones de dólares, constituye una emergencia nacional que justifica medidas tan drásticas.

Varios senadores republicanos asistieron en primera fila a la perorata del presidente, evidenciando la importancia que la agenda arancelaria tiene dentro del panorama político. Sin embargo, se ha despertado la disidencia porque no todos comparten la visión de Trump.

El mismo miércoles, el Senado celebró una votación que se centró en limitar los poderes otorgados por la declaración de emergencia nacional, en particular en lo relacionado con los aranceles del 25% a Canadá. Mientras que figuras republicanas como Susan Collins (Maine), Lisa Murkowski (Alaska), Mitch McConnell (Kentucky) y Rand Paul (Kentucky) apoyaron la resolución liderada por el senador demócrata Tim Kaine, la mayoría de los republicanos se negaron a cruzar la línea partidista. Sin embargo, es la primera gran discrepancia en el Senado de los republicanos que puede ir a más.

El líder de la mayoría, el senador por Dakota del Sur John Thune, reconoció la preocupación de que su estado dependa en gran medida de las exportaciones, pero continuó abducido por la secta MAGA al destacar que valora el enfoque de Trump en supuestamente lograr mejores acuerdos y fomentar la inversión en territorio estadounidense. Hasta que se den cuenta de que esas políticas de guerra arancelaria no llevarán fábricas o sistemas de producción a Estados Unidos, continuarán con el sectarismo de ultraderecha. Cuando el pueblo de sus estados empiece a sufrir las consecuencias de la recesión que provocarán las medidas de Trump, entonces los republicanos despertarán de la coerción a la que están sometidos, sobre todo a medida que se vayan acercando las elecciones de mitad de mandato.

La estrategia de Trump de imponer aranceles salvajes se presenta como una respuesta directa a lo que su administración considera una injusticia comercial de parte de sus socios internacionales. Sin embargo, la medida tiene el potencial de desencadenar represalias y alterar el orden económico global que ha prevalecido durante décadas.

Con la incertidumbre en aumento y las tensiones tanto a nivel interno como internacional, el futuro de la política comercial estadounidense pende de un delicado equilibrio. Mientras algunos legisladores ven en la estrategia de Trump una oportunidad para reequilibrar la balanza comercial, otros advierten que los efectos negativos sobre estados dependientes de las exportaciones y sobre la economía en general serán apocalípticos.

Donald Trump, con sus anhelos autocráticos, piensa que ya ha abducido lo suficiente a los republicanos como para hacer lo que le venga en gana, tal y como actúa su admirado Vladimir Putin con la Duma.

Trump está pisando el acelerador demasiado, lo que va a provocar una verdadera catástrofe social que terminará con su poder de un modo u otro. No se puede olvidar que las medidas del ilegal departamento de Elon Musk están afectando sobre todo a los estados que votaron por Trump en noviembre.

Los ciudadanos estadounidenses van a sufrir el delirio supremacista de su presidente. Los aranceles, evidentemente, provocarán un incremento de los precios debido a que desde los países atacados por el presidente estadounidense se reducirán las exportaciones y, en consecuencia, se incrementará la demanda. Este incremento de los precios reducirá drásticamente la capacidad de consumo de las familias de clase media y trabajadora. La incertidumbre y el encarecimiento de bienes llevarán a los consumidores a postergar compras importantes, afectando sectores clave de la economía.

Las políticas proteccionistas de Trump desarticularán las cadenas globales de suministro, afectando tanto a las empresas importadoras como a aquellas que dependen de insumos extranjeros. Los productores que dependen de materias primas o componentes importados ven incrementados sus costos, lo que se traducirá en una pérdida de competitividad a nivel internacional.

La historia es cíclica y no hay más que recordar los efectos de la Ley Smooth-Hawley de 1930. Durante la Gran Depresión, Estados Unidos impuso aranceles masivos con la intención de proteger su industria nacional. Sin embargo, esta medida desencadenó una reacción en cadena: otros países respondieron con aranceles similares, lo que provocó una contracción global del comercio. Se estima que esta escalada proteccionista exacerbó la recesión, profundizando la crisis económica mundial. Y eso sucedió en un mundo que no estaba interconectado.

Lo + leído