Auctorĭtas, auctoritātis

02 de Diciembre de 2022
Actualizado el 02 de julio de 2024
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autoridad

La autoridad es el poder que se tiene sobre otra persona, independientemente de si es merecido o no. Dicen que existen doce tipos de autoridad, la formal, la moral, la tradicional, la carismática, la racional, la coercitiva, la democrática, la inconsistente, la laissez-faire o permisiva, la operativa, la administrativa, la informal, pero yo entiendo que hay tantas como conceptos de libertad.

Hoy me he despertado preguntona, cuestionándome si estamos siendo excesivamente laxos con nosotros y con lo todo lo que nos rodea. Y si esta actitud nos está llevando por lugares demasiado oscuros con un concepto de autoridad cada vez más desvirtuado y vacío. ¿Por qué pienso esto?

Ayer mientras realizaba la compra, como tantas otras veces, un niño de unos ocho años respondía a su madre insolentemente. Y ella, incapaz de reprobar esas formas, lo cual parecía habitual, únicamente le decía que se calmase. Hace unos días, mientras esperaba a que saliera mi hijo del colegio, una niña reprobaba abruptamente a un profesor, que imagino le había regañado o castigado previamente por algún hecho notorio, y el padre le quitaba autoridad al profesor, sin tan siquiera haber escuchado a la otra parte. No hace tanto, todos hemos visto, como una ley que debía nacer para la defensa de los derechos de la mujer, se convertía en su peor enemiga, dando viabilidad a la puesta en libertad de sus sañudos acosadores. En fin, podría seguir en un sinfín de ejemplos donde el concepto de autoridad se ha visto constreñido o, mas bien diría yo, modificado.

Y todo creo que parte por la necesidad que tenemos de justificar lo injustificable, y de la necesidad de conseguir quedar por encima de todo y de todos. El yo, entendido como la libertad absoluta y el nacimiento de un concepto de seres ilimitados, ha cortado las ataduras de lo que, a mi modo de ver, funcionaba y es necesario, la autoridad bien entendida.

Porque cuando yo era niña, la palabra de mis padres era ley, me gustase, la compartiese o renegase en mi interior. Y no digamos si un profesor simplemente te mandaba callar, tu barbilla se hincaba en tu esternón y no había más que hablar. Son ejemplos que, en un modo absolutista del concepto de autoridad, se rechazan a primera vista. Sin embargo, esa autoridad que en muchos casos era bien entendida y ejecutada, se ha desvestido de fortaleza, dando lugar a una actitud ácrata que en nada es buena. Porque si cada quien hace lo que le viene en gana y no existe un límite claro, esto se convierte en una batalla campal. Y así está pasando en muchos lugares de nuestro globo terráqueo que no hace falta mencionar, porque todos los días podemos ver crueles imágenes de guerras, violaciones, asesinatos.

Y hasta el amor se ejerce en una libertad marcada por la autoridad que cada uno ostenta, en el tiempo entregado, en las caricias dadas y aceptadas, en la respuesta de un te quiero dentro de los límites que la autoridad de nuestros sentimientos establece. Porque nada es tan libre como el respeto que ha de tenerse al prójimo en todas sus dimensiones. De no ser así, tampoco seremos amados y respetados con honestidad. Y es ahí donde entra la autoridad de nuestros mayores con su experiencia de vida, que se traduce en la autoridad (que no imposición) que tienen sus consejos, o en la necesidad de respeto a los profesores, o a los filósofos, o a los emprendedores, o a los que en su día a día, y bajo los límites de un verdadero buen vivir, hacen que sus actos sean coherentes y respetados, haciéndose autoridades sobre la vida y su devenir.

Las normas, las costumbres, los valores, en nada coartan las ilusiones, las metas y las creencias. Romperlas, tirarlas a la basura hace que el ejercicio de la libertad sea una pose que no un derecho bien defendido.

Mi libertad está bien dirigida cuando se ciñe a las normas de buena conducta, encuadradas en las leyes y en la espiritualidad que me acompaña.

La autoridad no es mala, son malos quienes la usan en perjuicio de los demás o en beneficio propio.

Simplemente una reflexión.  

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