Ayuso defiende la codicia empresarial y las violaciones de la legislación laboral

09 de Mayo de 2024
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De Madrid a Berlín: Ayuso persigue inversiones entre críticas por su simpatía a la ultraderecha

Isabel Díaz Ayuso es la referencia del trumpismo español, con un discurso en el que mezcla de manera deliberada elementos verdaderos, falsos, cifras manipuladas sin referenciarlas a ninguna fuente oficial y, sobre todo, haciendo una defensa a ultranza de una economía absolutamente desregularizada. Es decir, el populismo neoliberal que finalmente sólo beneficia a los más poderosos.

La presidenta de la Comunidad de Madrid afirmó en el V Foro Internacional Expansión que «el gasto sigue sin control y no manejamos una cifra real de parados puesto que los fijos discontinuos la distorsionan. Además, casi el 30% del aumento de ingresos que la Agencia Tributaria ha obtenido por el Impuesto de las Renta se debe a la inflación que aumenta, fundamentalmente, entre la clase media española, que es el principal motor de la economía nacional y la cohesión social. Hay mucha incertidumbre económica, una gran voracidad fiscal y políticas que están encareciendo los costes laborales. A esto se suma la amenaza a los directivos de grandes empresas, la persecución a los beneficios empresariales como si fuera algo negativo, algo perjudicial, sospechoso y las trabas a la pequeña y a la mediana empresa, que al final es quien más paga todo esto y esto finalmente hace hundir la contratación y la competitividad de la empresa española en su conjunto. España ha perdido relevancia y confianza a nivel internacional y prueba de ello es que la inversión extranjera se ha desplomado un 50% en los últimos seis años. Además, España es el país donde es más caro contratar».

Ayuso tiene razón cuando hace referencia a la situación del mercado laboral español, donde la precariedad es sistémica y la figura del fijo discontinuo ha servido para ocultar las tasas de temporalidad.

Sin embargo, hay que tener en cuenta un detalle muy revelador. Isabel Díaz Ayuso nunca habla de los salarios de las clases medias y trabajadoras. Es más, critica que los sueldos de los trabajadores sean altos porque incrementan el costo laboral.

Por otro lado, Ayuso no duda en denunciar que se pretenda reducir las horas de trabajo en determinados sectores. Casualmente, esos sectores son los que más fraudes y violaciones de la legislación laboral cometen. En algunos de ellos, se denomina «media jornada» a 12 horas diarias, sin descansos ni días libres, por sueldos por debajo del SMI y altas en la Seguridad Social fraudulentas. Es decir, Ayuso se convierte en la paladina de los delitos contra los derechos de los trabajadores.

La presidenta de la Comunidad de Madrid, además, hace una defensa cerrada de la codicia corporativa, un fenómeno que se ha extendido como una plaga y que tiene consecuencias apocalípticas en la vida de las personas.

Ayuso afirma que se critica los beneficios empresariales, «como si eso fuera malo». No, en sí mismo sería incluso positivo que las empresas tengan beneficios, siempre y cuando esas ganancias se reviertan, entre otras cosas, en mejorar el bienestar de los trabajadores que, al fin y al cabo son los que logran esos beneficios de los que sólo obtienen rédito los grandes accionistas y los altos ejecutivos.

Mientras los altos ejecutivos y los accionistas mayoritarios de las grandes compañías se llevan más de 90% de los beneficios, los trabajadores sufren con peores salarios, condiciones laborales más propias de la época anterior a la Revolución Industrial y, sobre todo, del chantaje constante que supone que si no se someten a la explotación, serán despedidos.

Más de un 50% de los trabajadores de las economías más avanzadas no tienen capacidad de ahorro suficiente para afrontar imprevistos o situaciones sobrevenidas. Esta cifra se eleva a más del 70% cuando se refiere al miedo a no tener suficientes ahorros para cubrir los gastos fundamentales de subsistencia en el caso de perder la fuente principal de ingresos. Mientras tanto, el 1% más poderoso cuenta los días para la presentación de resultados, el cobro de dividendos o de bonus variables millonarios. Mucho beneficio gracias a un trabajo prácticamente inexistente. Cuando se consiguen las cosas sin esfuerzo, entonces se genera la codicia de querer obtener más y más. En ese escenario estamos ahora.

En España, por ejemplo, los expedientes de regulación de empleo (ERE) en las grandes compañías han sido salvajes. Sólo en el sector de la banca se ha despedido a más de 100.000 trabajadores desde que el gobierno español del Partido Popular impuso una reforma laboral que permitía el exterminio de puestos de trabajo en base a futuras pérdidas. A día de hoy, los bancos españoles están ganando decenas de miles de millones de beneficios netos a costa del bienestar de más de 100.000 familias.

Por otro lado, Ayuso se muestra muy crítica con lo que ella denomina «voracidad fiscal». Hay que partir de la base de que el Estado del Bienestar debe sostenerse con los impuestos de los ciudadanos, implantados de manera progresiva en función de sus ingresos.

Ayuso es una neoliberal radical y, en consecuencia, defensora de la supresión de todo tipo de impuesto, sobre todo a los más poderosos. La lideresa del PP madrileño, en ocasiones, ha defendido este planteamiento enmarcándolo dentro de la defensa de un bien común superior porque, según ese planteamiento de eliminación de los impuestos a los más ricos, se genera un escenario que sirve de incentivo para asumir riesgos e innovar. En la teoría neoliberal, ese proceso crearía más empleos e ingresos para todos. La realidad está demostrando que eso es falso. Ese bien absoluto ha degenerado en un escenario en el que unos pocos hacer grandes fortunas destruyendo los medios de vida de la mayoría.

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