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Ayuso, una telepredicadora de éxito

En los últimos años la presidenta de la Comunidad de Madrid se ha preocupado de estrechar lazos de amistad con la Iglesia Evangélica

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análisis

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En España hay 4.322 iglesias evangélicas repartidas por más de 800 municipios de todo el país. Más de 500.000 personas profesan ya esta confesión que cuenta con 630 millones de adeptos en todo el mundo. Son la nueva religión emergente, un auténtico lobby que influye en gobiernos de todo el planeta. Los evangélicos crecen siguiendo el mismo patrón de los nuevos movimientos religiosos que se abren paso con la posmodernidad y la crisis de las religiones tradicionales y las ideologías. Las causas de su éxito son múltiples y diversas, según el país donde se asientan y expanden, pero tienen mucho que ver con la decadencia de la democracia y el Estado de derecho; las sucesivas depresiones económicas con sus bolsas de pobreza y el miedo al futuro (estos movimientos arraigan en tiempos de crisis, tal como ocurre con el populismo en política); la desorientación del ser humano que busca respuestas espirituales a un mundo convulso; el deseo de pertenecer a un grupo o comunidad; la experiencia emocionante de la conversión; el milenarismo apocalíptico y anticientífico que retorna con creencias medievales que parecían superadas; y el inmenso poder de los medios de comunicación y las redes sociales, donde prolifera el bulo, la superchería y la desinformación, caldo de cultivo perfecto para estas doctrinas religiosas de nuevo cuño.

Desde el boom migratorio latino registrado en Madrid a partir del año 2000, los partidos políticos han visto el filón. La comunidad latina evangélica se antoja una perita en dulce para dirigentes que como Isabel Díaz Ayuso ansían conquistar la mayoría absoluta en las próximas elecciones. No en vano, en los últimos tiempos el Gobierno regional de Madrid se ha preocupado por estrechar lazos de colaboración y amistad con estos grupos (las comunidades evangélicas hasta le dieron un premio a Ayuso, que fue recogido en un acto público por el número 2 de la presidenta). Y en 2022 el Partido Popular diseñó una campaña para lanzarse a la caza del voto latino. También el PSOE entró en el juego, aunque con resultados algo más discretos. De alguna manera, el migrante latinoamericano que recala en España sintoniza mejor con la derecha que con la izquierda, a la que considera culpable de su éxodo forzoso del país. Muchos de ellos se ven a sí mismos como exiliados políticos más que desplazados por motivos económicos. Por eso, cuando Feijóo acusa a Sánchez de comportarse como un “autócrata” sabe muy bien lo que se hace. Si en la opinión pública cala la falsa y descabellada idea de que el presidente del Gobierno español es un Maduro o un Castro a la europea, el socialismo estará irremediablemente perdido. De ahí que en el PP anden todo el día dando la matraca con que el jefe del Ejecutivo de coalición es un totalitario bolivariano.

En esa maquiavélica estrategia está, cómo no, Isabel Díaz Ayuso. La lideresa quiere convertir Madrid en el nuevo Miami, un reducto de libertad antisocialista (en este caso antisanchista) donde ella se erige como portavoz y defensora de la libertad. IDA está convencida de que, al igual que ningún senador puede salir elegido por Florida sin el apoyo de la comunidad hispana de Miami, ella no revalidará el cargo sin las masas migradas de Usera. Obviamente, la realidad social de la capital de España nada tiene que ver con The Magic City, la puerta al Caribe norteamericano que concentra la oposición anticastrista, pero ella ha volcado sus esfuerzos para meterse en el bolsillo el voto latino. Con los hosteleros e inmigrantes hispanos de su parte, y tras haber roto con Vox (al menos públicamente), la victoria arrolladora que va buscando puede estar más cerca que nunca.

En esa hoja de ruta cabe encuadrar el polémico acto del pasado fin de semana en Madrid en el que el PP trató de atraerse a los evangélicos. Para ello Ayuso no dudó en subir al escenario a Yadira Maestre, una telepredicadora que cree en Dios y no en la ciencia. El acto llevaba un claro sello ayusista y a Feijóo se le vio algo encorsetado, incómodo, por mucho que se esforzara en mover la cintura, algo ortopédicamente, todo hay que decirlo, al ritmo del Tiburón. El líder del PP puede conceder mil entrevistas a la revista Yo Dona para tratar de dar su perfil más moderno, progre y casual, pero no podrá ocultar al hombre de derechas autoritario que lleva dentro. Ayuso y Feijóo en una misa evangélica, para horror de la Conferencia Episcopal Española, solo podía beneficiar a la lideresa castiza. El gallego debería haber declinado la invitación, como hizo acertadamente en la moción de censura de Tamames, cuando decidió no ir al Parlamento para no dar oxígeno a Abascal. Pero cayó en la trampa de IDA y se metió de lleno, hasta las orejas, en el reguetón evangelista. Aquello fue un desastre sin paliativos para él –por mucho que Borja Sémper saltara de inmediato a la palestra para explicar lo que no tenía justificación posible–, y una buena cosecha para Ayuso, que salió fortalecida entre la comunidad latina madrileña.

Gabriel Rufián es quien mejor ha explicado ese momento para la historia en el que Yadira Maestre tomó la palabra para terminar de imponer la marca evangélica al nuevo PP ayusista. “Yo creo que es normal que una predicadora trabaje para otra predicadora, en este caso Ayuso. Creo que Ayuso, en esta especie de competición que tiene con Vox, alimenta este tipo de locuras”, sentencia el líder de Esquerra. Eso es precisamente lo que está pasando en Madrid, donde los charlatanes, farsantes y anticientíficos ultras triunfan para estupor de los demócratas de bien. Ya lo vimos en pandemia, cuando la lideresa se erigió en la gran pitonisa de los negacionistas. Cualquier día nos la encontramos por Sol enfundada en un poncho andino y sanando tullidos.

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