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Bailando con lobos

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análisis

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Este escrito, junto a otro de unos días después que titulé «¡CERRILES!, yque en esta ocasión he juntado con el título del primero, tienen fecha del 03 de mayo de 2018 y del 09 del mismo mes y fueron publicados en prensa, por lo que quiero especificar que los datos que en él se aportan -como se verá más abajo son del año 2011, hace ya 12 años- han podido cambiar; aunque, con total seguridad, me atrevería a afirmar que, posiblemente, hayan aumentado. Los que manejan las estadísticas nos pueden sacar de dudas. En cualquier caso, como dijo El Roto: «Es importante recordar el pasado para seguir en él»

Obviamente, que, en España, los ciudadanos llevamos demasiados años «bailando con lobos». Mas, como ha señalado el nicaragüense, reciente premio Cervantes, Sergio Ramírez, «somos testigos de cargo; nuestro oficio es levantar piedras, y si debajo lo que hayamos son monstruos, eso no es nuestra culpa».

Servidor lleva desde el año 2.000 «levantando piedras». Pero, no porque esté más que claro que enfrentarse al poder es complicado, pues se suele salir trompicado por mucha razón que se tenga, sino porque aunque sea, o pueda ser, una aporía, no se puede consentir que tengamos: 650 Diputados y Senadores; 1.206 Parlamentarios autonómicos; 8.112 Alcaldes; 65.896 Concejales; 1.031 Diputados provinciales; 970 cargos de confianza en Diputaciones; 2.800 cargos en Mancomunidades; 40.000 políticos contratados como cargos de confianza; 131.250 políticos empleados en empresas públicas o con participación estatal; 1.100 políticos en la Unión Europea; 940 políticos en embajadas autonómicas; 1.600 políticos retirados con pensiones; 4.800 cargos en Consejos económicos y asesores; 900 cargos en Defensores del pueblo, menor, mujer, etc.; 2.600 cargos en Observatorios y entes asesores; 1.600 cargos en Fundaciones públicas; 65.130 sindicalistas liberados; 31.210 representantes patronales; 6.000 cargos en cámaras de comercio; 800 cargos políticos en la Tesorería General de la S.S.; 2.400 cargos políticos en el INEM nacional y regional; 1.900 cargos políticos en entidades educativas; 630 cargos políticos en medios de comunicación públicos; 860 cargos en entidades de desarrollo rural; 480 cargos en Consejos reguladores; 160 políticos ante Organismos Internacionales (ONU, OCDE, etc.); 870 cargos en Consorcios; 440 cargos en comisiones nacionales (valores, telecomunicaciones, etc.); 680 gestores de fondos públicos; 460 cargos en entidades financieras públicas; 390 cargos de designación para entes gestores de vivienda pública; 1.470 cargos en entidades de difusión cultural en el exterior (estatal y autonómica); 910 cargos en agencias públicas de regulación; 630 cargos en tribunales y entes de mediación; 860 cargos en entidades de conservación del patrimonio; 1.360 cargos en entidades de mutualidades públicas; 8.260 cargos de designación directa en el sistema sanitario; 9.390 cargos de designación directa en el sistema educativo; 4.270 cargos en Organismos de control interno; 2.470 cargos en Organismos de gestión catastral; 7.200 cargos de seguimiento de medios de comunicación y gabinetes de prensa; 7.800 cargos en entidades de transporte público estatal, autonómico y local; 1.360 cargos en conservación de infraestructuras; 2.080 cargos en entidades bibliotecarias y museísticas; 1.415 cargos en entidades vinculadas al teatro, cine y expresiones artísticas y culturales;1.315 cargos en desarrollo de medios rurales; 860 cargos en gestión del agua y cuencas hidrográficas; 2.105 cargos en protección medioambiental y actuaciones en la costa; 2.330 cargos en Organismos de igualdad y prevención de la violencia doméstica; 2.450 cargos en entidades estatales y autonómicas de comercio exterior; etc.; etc., hasta un total de 445.568 políticos, ¡según los datos del año 2.011! ¿Cuántos hay en la actualidad? Seguramente, muchos más, el clientelismo no deja de aumentar. Así pues, no me digan que después de estos datos, los españoles no estamos «bailando» con un enjambre de lobos hambrientos de fortuna y poder. 

Pero no acaba ahí la cosa, hay un cierto número de políticos que también «chupaban» -y supongo seguirán «chupando» hoy día- del chollo que, para la clase política, empresarial, y las élites de todo tipo es este Estado de Derecho… o lo que sea. Para mí, cualquier régimen de cualquier modo, menos, indiscutiblemente, de Derecho.

Por citar sólo algunos, no puse, por ejemplo, los 480 cargos en Agencias de cambio climático y reducción del gasto energético; ni los 795 cargos en Centros de Estudio Sociológicos, Históricos y Constitucionales, ni, entre otros muchos, los 370 cargos en Parques Tecnológicos y Empresariales. En resumen, tenemos más políticos que ningún país de Europa. Y, como no podía ser de otra forma, sumando los Médicos (165.967), los Policías (154.000) y los Bomberos (20.000) no nos aproximamos siquiera a los políticos. Algo, no sólo bochornoso, sino cerrilmente inconcebible. Pues ya me dirán Vds. lo que tiene que estudiar o sacrificarse un político (cero) comparado con lo difícil que resulta ser médico, policía o bombero. O, por otra parte, la diferencia de sueldo que entre ambos existe sin, por supuesto, contar que el político se apunta el sueldecillo para toda su vida como si lo hubiera ganado en el Nescafé y a los demás les quedara una ridícula pensión sin Más ni Más (¿me entienden?).

Uno, viendo como están la sanidad y la educación y los servicios sociales en muchas partes del país (especialmente, en la campeona de casi todo, en Extremadura), se pregunta si no habría que eliminar unos cientos de miles de políticos y contratar, por ejemplo, médicos (con el sueldo de la mayoría de cada político se pueden contratar aproximadamente entre cuatro y seis) para que la mayor parte de los hospitales no sean la tumba anticipada de cualquier enfermo ni la mayor parte de las escuelas el embrión del cerrilismo que luego parte de la sociedad tiene que soportar.

Antes de terminar, quiero recordarles el significado que la RAE da de «cerril» dicho de una persona: «Que se obstina en una actitud o parecer, sin admitir trato ni razonamiento». Es justo lo que les pasa no sólo a los que gobiernan (aparte de la consiguiente parsimonia que pone de los nervios al más tranquilo), sino a la casi totalidad de la clase política: No admiten trato ni razonamiento que no sea el de la imposición de su fuerza…, hasta que la gente, caso de los pensionistas y de las mujeres, se tiran a la calle y ya no queda más remedio que buscar alguna artimaña o añagaza para seguir en sus trece; eso sí, con un ligero toque de tolerancia o arreglo camuflado con astucia para no ceder y que todo siga, prácticamente, igual o casi igual que estaba. Es decir, manteniendo su más absoluto cerrilismo al estilo de los espartanos. ¡Qué digo yo!: Los espartanos eran más inteligentes y mejor gente que esta casta que nos ha tocado en suerte a los españoles, pues, antes de pelear, dialogaban y estudiaban la estrategia acertada a seguir. Aquí, el «mochuelismo» gobernante generalizado, ni estudia ni piensa en otra cosa que no sea llenarse su mondongo y el de sus familiares y amigos a costa de los demás.

Han pasado 12 años y la estrechez, la penuria, la falta de recursos, o sea, el ahoguío, sigue estando entre los de siempre, que, dicho sea de paso, no son ninguno de los antes citados vividores de la política. Y como dijo Manuel Ribas: «Hubo un tiempo en que se habló de un capitalismo compasivo con los pobres. Hemos dado un paso adelante: los pobres tienen que ser muy compasivos con los ricos. Ya, bastante desgracia tienen con su riqueza».

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