31 de Julio de 2020
Actualizado el 02 de julio de 2024
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traidor

Botifler, traidor. No contra la clase trabajadora, a la que representóde forma fidedigna y comprometida hasta el último segundo. No necesitaba másteresdel todo a cien ni asiento en ninguna secta pseudo-universitaria para tratar deentenderla, pues formaba parte de la misma. Fue campesino, obrero metalúrgico,sindicalista. Luchador contra el fascismo cuando eso te llevaba a la cárcel oal exilio. O al pelotón de fusilamiento. No tuvo que hacer ningún excesoretrospectivo más o menos folclórico para hacerse perdonar su connivencia conel poder, porque siempre estuvo en frente, porque siempre fue consecuente consus ideas. Un hombre intelectualmente honrado, tenaz, comprometido. Le vi endos mítines recientemente, tuve ocasión de saludarle, de escucharle un par deadmoniciones tajantes con su voz tan característica, para reconstruir laizquierda. Reuniones, iniciativas, estaba abierto a todo con ese objetivo. Nocontemplaba capitular. Cómo iba a hacerlo él, siempre del lado de losdesheredados, de los perdedores de la batalla. Siempre dispuesto a librarla sinimportarle las consecuencias.

En un programa de televisión, contéque habíamos estado en Barcelona, en un acto político con Paco Frutos. Conorgullo, claro. Un diputado de Podemos, dizque ecologista pero sobre todoesforzado a la hora de defender privilegios territoriales, conciertoseconómicos y componendas neofeudales, vino a despreciar el asunto preguntandocon sorna si la izquierda que queríamos construir la representaban personascomo Paco Frutos. Ese fue el trato que se le dispensó estos últimos años. Paramis adentros pensé, y también lo exterioricé, que en esa alternativa deizquierdas gente como Paco Frutos no es que cupiera, es que podían estar en lalínea de batalla que les diera la gana. Tanto había que aprender de ellos, y noprecisamente de esos críticos, entusiastas del desmantelamiento de laizquierda.

Comunista de los que no tenía queocultarse, por qué iba a hacerlo. De los que no importó ni comulgó con ningúnrefrito teórico ajeno a la tradición materialista de la izquierda, ningún pasticheinfumable sobre pueblo y gente, sobre significantes vacíos y núcleosirradiadores, tan engolados y crípticos conceptos en los que algunos se escudanpara ocultar lo ajenos que son a los conflictos de clase. Para borrar endefinitiva el propio concepto de clase social. Ni se le ocurría jugar aloportunista juego de la transversalidad en el altar del populismo.

Paco fue defensor de la paz, enemigodel imperialismo, internacionalista convencido, feroz detractor y crítico delos nacionalismos. Cuando casi toda la izquierda miraba hacia otro lado oagachaba la cabeza ante el golpe secesionista, Paco alzó la voz tan claro yfuerte como siempre. Se erigió en el portavoz de tantos cientos de miles, detodos los que encontramos en él nuestra posición fuerte y firme, expresada golpea golpe y verso a verso, hasta el final de aquel célebre discurso de octubre de2017 en que terminó pidiendo que recordáramos a los poetas que habían escrito aCataluña y a España, como Antonio Machado. En el 145 aniversario del nacimientodel poeta, ha fallecido Francisco Frutos.

No le dolieron prendas ni complejosen tomar la palabra, una vez más. No como dicen algunos maledicentes ymediocres ahora, por su supuesta deriva reaccionaria, sino por su pasmosahonradez intelectual frente a los reaccionarios de esa izquierda vendida yentregada a las oligarquías corruptas de la derecha nacionalista, que habíansaqueado al abrigo del clan familiar Pujol las arcas públicas mientras imponíanonerosos recortes sociales y destinaban ingentes cantidades de dinero público ala  construcción identitaria, a laprivatización del territorio político español, a la extranjerización demillones de compatriotas. Deriva sediciosa que devino en pesadilla. Basada en historietas y mentiras, comobrillantemente las definió Paco, desde 1714 hasta todas las demás. Paralevantar una frontera entre trabajadores, para dinamitar a la clasetrabajadora, para romper los lazos de redistribución, unidad de clase ysolidaridad con los trabajadores de toda España.

¿Qué iba a hacer un comunista?¿Plegarse ante ese híbrida mezcolanza de fanáticos racistas, burguesesinsolidarios y traidores a la izquierda, entregados con devoción a la fenacional-identitaria? Hizo lo que debía, no moverse un milímetro de losprincipios del movimiento obrero, del socialismo, del internacionalismo. Nocallar cobardemente, ni acomplejarse ante amenazas y moralinas. Ni siquieraante vergonzosas admoniciones del que siempre fue su partido, que se desmarcócobardemente de sus palabras en un infame tuit aquel octubre, como si elcomunismo español pudiera estar en otro sitio que con Paco. Visto está que, pordesgracia, podía y pudo: en la centrifugación de cualquier izquierdareconocible en el altar del nacionalismo, en la contumaz desactivación de laizquierda, consumada a mayor gloria del engrudo populista.

Botifler, sí, pero al racismoidentitario; también a la posmodernidad y al populismo que combinaban eseinfantil adanismo de la política de tierra quemada contra toda la laborhistórica del PCE, fuerza hegemónica e imprescindible del antifranquismo y  de la reconciliación nacional. Con suserrores y renuncias, claro, pero a una distancia sideral en honradez yconsecuencia, en compromiso y tenacidad, que los actuales voceros de la exizquierda. Los mismos que en el mejor de los casos guardaron un infame silencioante el proyecto etnicista dirigido a dividir a la clase trabajadora española,y en el peor y más común, llamaron facha a Paco, en el ejercicio habitual decensores y policías contra un hombre ejemplar. Un honor, claro, vista laprocedencia de tan infames vituperios.

Ha fallecido Francisco Frutos Gras,un hombre cabal y consecuente, referente indiscutible.  Que la tierra te sea leve y que una izquierdadigna de tal nombre honre tu memoria levantando la bandera que sin ti costarásostener.

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