viernes, 14junio, 2024
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Carlos X. Blanco: “La ‘nación’ española es el despojo de un Imperio Universal”

Santiago Aparicio
Santiago Aparicio
Doctor en Ciencias Políticas y Sociología. Contador de realidades. Guitarrista de rock en mis tiempos libres. Y cazador de doxósofos.
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análisis

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Al autor que hoy les traemos le dio por nacer en Gijón, podría haberlo hecho en Oviedo, pero no, hubo de ser en Gijón. Además en aquellos tiempos en que los hijos de la burguesía francesa se dedicaba a lanzar adoquines contra la policía y haciendo el trabajo para lo que habría de venir, la era neoliberal-wokista. Carlos X. Blanco es doctor en Filosofía y profesor de instituto en Ciudad Real, por lo que cuando habla de educación, algo sufre. Autor de numerosos textos (libros, artículos, panfletos –en sentido clásico- o manifiestos) comprometidos con la tradición, la rebelión contra el camino que ha tomado la modernidad (y su hija la postmodernidad), siempre desde un análisis preciso y vehemente. La entrevista que hoy les presentamos no dejará a nadie indiferente. Difrútenla.

D16. En La hispanidad en clave spengleriana afirma que “perdemos Estado de bienestar por conservar el Estado de diecisiete fantásticas autonomías” a lo que añade la dependencia de la nueva geopolítica, ¿qué solución cabe a este desastre?

Tanto la derecha liberal como una parte de la izquierda, la izquierda que se hace llamar “jacobina” añoran el centralismo. El modelo centralista impuesto por el borbonismo, y reactualizado por Franco, es un desastre. Es una de las causas principales de la muerte de España. ¿Qué quiere ese jacobinismo?: no se trata  de otra cosa que de administrar todos los territorios desde un “poblachón manchego” (Madrid) a donde acudieron truhanes de toda laya para vivir del cuento como cortesanos, tiralevitas y cazadores de cargos; volver a eso con el pretexto de meter en cintura a los separatistas vascos y catalanes, ¿merece la pena?. Desde una Corte históricamente corrupta como la madrileña, y para beneficio de terratenientes absentistas, parásitos y bribones, se pactó con ciertas periferias no menos corruptas y egoístas, el desarrollo industrial y comercial, fueron las burguesías vizcaínas y catalanas, y se hizo en detrimento de otras regiones que eran igual o más aptas para el desarrollo económico, tanto por paisaje como por el paisanaje. Por ejemplo, en el Principado de Asturias, de haber tenido los privilegios de los vascos, y no haber sido una colonia carbonífera y de producción de bienes intermedios, habría existido un verdadero motor de desarrollo para toda España, mejor o igual que lo fue Vizcaya. Y no fue así. Resumiéndolo mucho, esta es la historia del centralismo imperfecto español. Un desastre.

La España Tradicional no es eso. La España Tradicional supone una impugnación radical del centralismo imperfecto del borbonismo. Pero también supone la impugnación absoluta y sin contemplaciones de este modelo de centrifugación que es la “España de las Autonomías”. Se quiso conservar el centralismo imperfecto (Madrid y burguesías vizcaína y catalana, unidos para el saqueo del pueblo español) con un modelo que ni quiso ser federal ni tampoco centralista perfecto, y el engendro acabó en lo que hoy vemos. En descomposición nacional, el sainete del referéndum catalán, con su independencia de 30 segundos, etarras en las instituciones, Esquerra  “cogobernando” en Madrid, Unión Europea protegiendo a separatistas fugados, etc.. La España Centrifugada es el hazmerreir en Bruselas y en Rabat.

Solución: volver a nuestras esencias. Las Españas forales. Un número muy reducido de Regiones Históricas ¿cuatro o cinco? que se correspondan en sus demarcaciones y denominaciones con los antiguos Reinos medievales y de la época de los Habsburgo, Reinos de las Españas de existencia larga o continuada, con algunas competencias propias, pero con la Enseñanza, la Sanidad y Policía retenidas para siempre por el Estado central.

D16. La democracia liberal como oclocracia es un tema recurrente en sus escritos, ¿qué puede hacer el pueblo para liberarse de este yugo?

Los españoles tenemos que trabajar con ahínco. Muchos se han acostumbrado a vivir del cuento, a ser rentistas, a vivir de las paguitas y de la política. Hemos de crear unidades productivas (empresas y núcleos familiares autosuficientes) que no dependan de los partidos y, a partir de esas unidades, tejer redes paralelas a las que la Partitocracia tiene establecidas. Debemos ejercer una crítica feroz e implacable a la Partitocracia y las entidades subvencionadas (sindicatos, organizaciones patronales, oenegés). Ni un solo euro de nuestros impuestos para los parásitos, impugnar y fiscalizar cada una de esas partidas de dinero con las cuales se mantiene a una casta  corrupta ingente que domina a la sociedad. Si la educación pública se degrada, debemos crear escuelas libres de ideología y ajenas a la digitalización, a la hipersexualización y que se salgan del fraude pedagogista, escuelas y universidades libres, que fomenten el esfuerzo. Si los partidos no nos representan, debemos crear asociaciones no electorales que critiquen, vigilen, difundan la verdad. Crear medios de información veraces y transversales, independientes y ajenos al control por medio de subvenciones. Hay que tender muchos puentes entre grupos y personas diversas en sus ideas y procedencias, pero unidas fraternalmente en su rechazo al R78, a la UE, a Europa. Se debe hacer un esfuerzo titánico para reapropiarnos de nuestra Historia, ciencia gracias a la cual la mayoría del pueblo se volvería consciente de la invasión que está sufriendo ahora mismo, convirtiéndose –año tras año- en una prolongación de África.

En síntesis:

A largo plazo, crear instituciones educativas y culturales que se escapen del control oficial del “pensamiento único”. Reforzar la Familia, educar a los hijos con amor y mostrarles la belleza y bondad de la naturaleza, la fe, la patria, inculcarles el sentido de la fidelidad, la disciplina, el esfuerzo. Familias fuertes y comunidades de familias que se sustraigan al bombardeo ideológico.

A corto plazo, luchar fuera de la partitocracia, por medio de iniciativas que sirvan para desprestigiarla. Atreverse a denunciar las imposiciones creando espacios de opinión, debate y crítica que sean independientes, no subvencionados. Declararle la guerra a la mayor parte de las oenegés, descubriendo sus fuentes de financiación, desacreditando su misma existencia con argumentos objetivos. Desconectar a los más jóvenes de las influencias de las redes sociales y de todas las formas modernas de conformismo.

D16. ¿Existe una cultura nacional en España, le pese a quien le pese? Se lo pregunto porque en términos splengerianos estaría cerca de su completo ocaso (según el catalanista Alexandre Deulofeu en 2029).

Nos hemos provincializado. España no es el actual “Estado Español”. La Cultura Hispánica -por definición- es católica, o sea universal. No seremos nada hasta que no recuperemos el ámbito transcontinental y redescubramos la Hispanidad de casi todos los americanos, e incluso de filipinos, guineanos, saharauis, así como la hispanidad del mundo lusófono, pues como dicen algunos destacados pensadores (estoy pensando en Armando Besga o en Marcelo Gullo), el mundo luso también es Hispanidad. Decididamente, no soy jacobino, borbonista ni liberal: la “nación” española es el despojo de un Imperio Universal, es el residuo del Imperio moribundo. España es Imperio y no nación. Por tanto, querer conformarse con una etiqueta de “homologación” frente a franceses, ingleses, alemanes, etc… hablando de España como nación canónica supuestamente nacida en 1812 es un error. Casi diría que es una majadería, por cierto muy cultivada entre muchos secuaces de Gustavo Bueno. Así pues ¿qué me quieren dar por cultura “nacional”? ¿El cine de Pedro Almodóvar? ¿La “dieta mediterránea”? Mire usted, el cine de Almodóvar, que versa sobre toreros travestís o la entronización del gazpacho y el aceite de oliva como “marca España”, no es “España”. España también es la Galicia y la Asturias celta y goda, la de la gaita y la de don Pelayo. España es Cervantes, la Escuela de Salamanca, los Tercios de Flandes, la Cruz de la Victoria…en suma, logros y rasgos que son parte esencial y universal de la Historia del Hombre, y que dejan su cuño en medio mundo.

D16.Si la Tradición es transmitir el fuego y no las cenizas, por ello adaptable, a usted que le califican de neorrancio (por citar lo más suave) ¿por qué ese empeño en destruir nuestra tradición?

¡Qué interesante! No conocía el dato. Me halaga saber que soy “neorrancio”. “Rancio” se suele emplear en un sentido muy elevado: se habla de “rancio abolengo” cuando el linaje es ilustre y de larga data, y un solar “rancio” es aquel que posee solera y no consiste en una adquisición de los snobs, de los nuevos ricos. Anteponerle el “neo” implica, además, movilizar el concepto dialécticamente, vía paradojas (para-doxa), como cuando se le atribuye a Sócrates aquello de “yo sólo sé que no sé nada”, o como se hizo paradoxalmente en esas etiquetas del tipo “revolución conservadora”…

Respondiendo más directamente a su pregunta, destruir la Tradición es destruir la religión, la patria, la familia y la identidad del hombre. Es el empeño de la “Modernidad” misma, o lo que viene a ser igual, el empeño liberal o capitalista. El hombre-átomo es frágil, débil, egoísta, mezquino. Cuando me hablan de las bondades del liberalismo y de la autorregulación del Mercado (“la sociedad no existe”, Margarita Thatcher dixit, que es la traducción exacta de “la sociedad abierta” de los Popper  y Soros), yo me pongo a temblar. Porque ese mito del individuo átomo, de libre iniciativa y con “capacidad de emprendimiento” es la otra cara de la moneda del lobo egoísta, mezquino y, en el fondo, el animal cagado de miedo que anunció Hobbes. Cuando quieran estudiar y ensalzar a Locke, que hagan simultáneamente lo propio con su complemento exacto, muy inglés también, a saber: Thomas Hobbes y su totalitarismo. La Modernidad de Locke-Hobbes anunció claramente el fin de lo natural y de lo tradicional: apoteosis del dios Mercado y su garante, el totalitarismo de Estado al servicio de dicha divinidad.

D16.Tomando la idea de Imperio generador de Gustavo Bueno propone ver la Hispanidad como una oportunidad en este tiempo globalizado, cuéntenos sobre ello.

En mis últimos libros y artículos he criticado la distinción de Bueno. Me parece más oportuno otro distingo: imperios aglutinantes e imperios absorbentes. La Monarquía Hispánica fue un imperio poco imperialista, por así decir, esto es, aglutinante. Fue la heredera del largo proceso de Reconquista: restaurar la civilización, repoblar la tierra, extender la fe y la ley, absorbiendo pueblos diversos a los que asisten fueros y usos también diversos, haciendo del Imperium un foco y una fuente de legalidad, arbitrio, coordinación. El Imperio aglutinante hispánico tuvo su matriz en el Reino de Asturias, después llamado Reino de León, y su pariente más cercano fue el Sacro Imperio Romano Germánico. Roma, por el contrario, tuvo un comportamiento más absorbente… hoy diríamos jacobino: una cuadrícula extendida de manera inhumana por sobre la diversidad de pueblos, ahí tienen ese horror que es la República Francesa, tan romana ella.

En un mundo multipolar, con el declive evidente (aunque lento y cada vez más violento) de los norteamericanos, se hace preciso restaurar un “polo hispánico”, esto es, un “occidente alternativo” que gravite en el cono sur de las Américas. Los españoles peninsulares podemos desempeñar un importante papel  como cabeza de puente de ese posible polo que medie en Europa, con el mundo eslavo (Rusia), con China… El polo hispánico centrado en el Cono Sur es riquísimo en recursos naturales y demografía, con dos lenguas muy cercanas (español y portugués) que se podrían aprender simultáneamente en las escuelas desde la etapa infantil, aunque este mundo hispánico nuestro sufre una enfermedad que yo creo inducida por la Anglosfera desde los tiempos de la independencia: debilitación masiva del carácter y de la voluntad disfrazada de “erotismo latino”, corrupción galopante, desigualdad social lacerante, desarrollo del subdesarrollo, deuda galopante… Si el mundo hispánico arreglara sus importantes problemas, sería, si no un Imperio formalmente establecido, un “polo” muy serio.

D16. En Un imperio frente al caos recuerda que “no hay otra opción salvo volver a una concepción marcial de la vida, una reducción del parasitismo social, una vuelta a la productividad relativamente autárquica y proteccionista”, algo que supone “una determinada oposición a las ideologías mundialistas y las estrategias globalizadoras que se ceban, precisamente, con aquellos que están sosteniendo el sistema”. ¿Podría explicar el fundamento de lo marcial, del parasitismo y de la oposición antiglobalista?

En la milicia hay valores muy nobles, superiores. No todo ni lo principal es violencia, muerte, servilismo. Es honor, disciplina, lealtad, sentido de la jerarquía, instinto de autoprotección, sacrificio, abnegación. En una sociedad digna de ser tomada como tal, no en una horda de bárbaros, no en una cueva de ladrones y de fulanas, todos hemos de aportar, todos hemos de trabajar unidos como un solo hombre. Una comunidad orgánica así establecida con valores marciales es de granito o de acero indestructible. Está predestinada a durar y a crecer. Nadie la puede tocar ni ofender. Justamente los poderes globalistas quieren deshacer esas comunidades naturales y orgánicas.

D16. En la reseña de El marxismo no es de izquierdas, sostenía yo mismo que usted podría haber afirmado que realmente la izquierda actual no es marxista, siempre dando por descontado que izquierda y derecha explican poco en estos tiempos. La preguntar sería ¿qué se puede aprovechar de Marx y algunos marxistas hoy para ese proyecto que usted nos deja entrever en sus escritos?

De Marx, mucho. Por eso me considero marxista y niego que vividores y parásitos que abundan en Podemos o en la izquierda centrifugadora de las periferias tengan algo que ver con el marxismo. Ya lo ignoran por completo, no son izquierdas. Das Kapital es un libro que se les atraganta. Del marxismo no acepto su colectivismo. Creo, con Chesterton, que la propiedad privada debería estar todavía más extendida y más repartida. Debe haber una cierta planificación estatal a largo plazo de la Economía, que es clave del desarrollo de la actual China, pero consensuando dicha planificación con los comités de productores (que engloban a emprendedores y trabajadores). La crítica de Marx al Capital, su anti-capitalismo, es potentísima y sigue siendo vigente, a pesar de que él no pudo conocer la digitalización y la hegemonía de las finanzas acogotando la economía productiva como se ve que se realiza hoy. Las actitudes políticas concretas de Marx, tan jacobinas, su enemiga tan visceral y ciega a otras formas de socialismo que ya existían en su época, pueden ser rechazadas por completo.

D16. ¿Cómo es la nación española que usted tiene en mente?

Un Estado federado, no borbónico, organizado en base a unos pocos Reinos Históricos, que retenga y blinde las competencias de Educación (centralizada desde infantil hasta la universidad), Sanidad, Policía, esas competencias que se han centrifugado en las 17 taifas.

Un Estado rearmado, que defienda con firmeza sus fronteras, especialmente la frontera Sur, debidamente militarizada. Un Estado reindustrializado, con protección aduanera y con “ruralización” planificada y productiva. Un Estado que entre, discretamente, en un proceso de Insubordinación Fundante (Gullo).

Un Estado fuera de la OTAN, integrado en una comunidad de defensa y apoyo mutuo europeo e hispanoamericano. Un Estado con armas disuasivas suficientes y propias, para garantizar su soberanía.

Un Estado social y del Trabajo. Quien no trabaje, que no coma (salvo impedidos, jubilados, niños, enfermos, etc.). Una comunidad organizadora de trabajadores. El estudio debe considerarse un trabajo. El muchacho que no quiera estudiar se pondrá a trabajar para la comunidad y hacerle merecedor de lo que socialmente se ha invertido en él. Un Estado de familias verdaderas, con propósito procreador, destinadas a repoblar la patria con hijos fruto del amor entre un hombre y una mujer.

Una Patria indivisible, basada en el esfuerzo, en el cultivo vigoroso de la voluntad. Una Patria que reconozca la diversidad de lenguas y de identidades dentro de la macro-identidad hispánica. Una España digna, que recupere su historia como guardián de Europa y salvadora de los pueblos de las Américas.

D16. Le voy a citar nombres de autores que suelen aparecer por sus artículos y libros y, si es tan amable, nos cuenta cuál es la influencia/divergencia y lo que opina de ellos. Comencemos por un autor casi obvio: Oswald Spengler.

De Spengler me quedo con su morfología de las culturas, el ciclo vital que permite predecir el sino de las mismas, su degeneración como “civilizaciones”. Rechazo su rusofobia, sus carencias con respecto al Mundo Clásico, al que en el fondo desprecia (cuando en realidad Europa fue forjada espiritualmente por los griegos), su poca atención brindada a la Hispanidad.

D16. Gustavo Bueno.

De Bueno rechazo su jacobinismo. Su escasa preparación filológica (todo su discurso sobre “los bables” y en contra del asturianismo es un disparate de los pies a la cabeza). Rechazo también su materialismo. El materialismo es idealismo que anda a cuatro patas, a ras de tierra. Para mí, Marx es un hegeliano. Gramsci, Preve y Fusaro lo mostraron perfectamente.

Admiro: su teoría de la ciencia, muchas de sus visiones imperiales sobre la Hispanidad, aunque debidamente corregidas, como ya indiqué anteriormente.

D16. Santo Tomás de Aquino.

El gran constructor del catolicismo. No hubo Maestro como él. La única posibilidad de que la Iglesia no degenere (como parece estar haciendo) en multitud de sectas heréticas está en volver a su única racionalidad posible: el tomista. Si un católico quiere ser católico y racional, ha de ser tomista.

D16. Alain de Benoist.

El Alain de Benoist que, tras muchos años de evolución, merece ser considerado Padre de la “Nueva Izquierda” tanto o más como de la “Nueva Derecha”, es el que más me interesa. El Alain de Benoist anti-capitalista, tal y como expuse en un libro colectivo que hicimos como homenaje a su figura. Alain de Benoist como maestro del anti-capitalismo.

D16. Diego Fusaro.

Un Maestro y amigo. Es de los pocos autores jóvenes que han entendido y estudiado debidamente a Hegel y a Marx. Un filósofo como la copa de un pino, con una formación apabullante, descomunal. Su crítica al capitalismo es profunda, certera. Y lo mejor: lo seguirá siendo, pues Diego no tira la toalla.

D16. David Engels.

El principal referente del pensamiento europeo conservador. No es un autor de la “Nueva Derecha”, como Steuckers o Faye, ni anti-capitalista, como Fusaro, u otros de mis referentes y corresponsales habituales. Pero ha actualizado de manera muy inteligente el pensamiento spengleriano y lo ha puesto al servicio de una Renovación Conservadora de Europa en una línea de pensamiento que merece ser escuchada.

D16. Para terminar ¿qué opinión le merecen todos estos movimientos que son calificados de neorrancios, nazbols o cosas peores como el Frente Obrero, lo de Santiago Armesilla, los artículos de Yesurún Moreno o Víctor Lenore…?

De Yesurún he tenido el placer de leer su libro reciente sobre la teoría marxista del Estado (El Estado en disputa), y sólo veo marxismo actual y actualizado, de la mejor calidad, nada de “rojipardismo”, ofreciendo una visión relacional del Estado mucho más interesante que lo que se lee por ahí, en ambientes gustavobuenistas, por ejemplo. También conozco varios artículos de opinión suyos, y entrevistas. Todo muy jugoso. De los demás personajes, sólo los conozco de oídas y no puedo opinar. En cuanto a las etiquetas… ya sabe usted que “etiqueta, o sea, difama, que algo siempre queda”. Lo gracioso es que términos como “rojipardo”, ideados al principio como insultos, acaban siendo como un boomerang que identifica a los que insultan, dándoles en la cara un golpe rebotado. ¿Quién te llama “rojipardo”?. Normalmente un izquierdista pijo, caviar, woke, posmo, podemista, arcoíris, etc. En mis artículos en revistas como Adáraga y El Viejo Topo explico un poco este fenómeno boomerang, que es netamente dialéctico.

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