Desde el título ya se adivina que no va a faltar ironía y mala baba en esta nueva novela de Ricardo “Ritxar” Gómez, la quinta ya. Como es habitual en su obra literaria, sus ficciones están entretejidas con la realidad de manera muy fina y la sensación de verosimilitud es tal que obliga a googlear sucesos que, cuanto más extraños parecen, más tienen de hecho real. Una documentación exhaustiva que convive con un sentido del humor ácido y una narrativa adictiva que hacen que las 400 páginas de “Patria, la buena” pasen más rápido de lo que a uno le gustaría. Las ficciones más o menor humorísticas en las que ETA es protagonista o elemento principal del guiso son habituales, pero la presencia de los GAL en este tipo de relatos suele brillar por su ausencia.
La historia comienza en Hernani en 1985 y pinta un paisaje del momento bastante completo: camellos, torturas, Intxaurrondo, los GAL, mercenarios, guerras internas, ETA, Yoyes, la entrada en la OTAN, trasuntos de Barrionuevo, Galindo, Amedo, Butragueño “en persona”, la administración de lotería de Doña Manolita, incluso el mítico concurso televisivo “Un, dos, tres, responda otra vez”, al que acuden una pareja de miembros de ETA por una dramática carambola, y que tratará de conseguir el apartamento en Torrevieja (Alicante) que sortea el programa, de cara a establecer las bases para el Comando Levante.
Hablamos con el autor sobre ‘Patria, la buena’, sobre la otra, sobre cómo nació esta novela y el porvenir que le espera.
¿Me pierdo algo de su novela si no he leído “Patria”, la otra?
Es prescindible. Me refiero a que es prescindible para leer ‘Patria, la buena’, que a ver si se me va a enfadar Fernando Aramburu. No debería, que en sus tiempos, finales de los 70, formó parte de un grupo de agitación surrealista en Donostia llamado Cloc donde mezclaban humor, provocación y literatura. Incluso llegaron a pintar el peine de los vientos, enviar versos de Neruda a un concurso literario (obtuvieron el segundo premio) o anunciar en prensa la muerte de alguno de sus miembros. En comparación, solo soy un humilde aficionado.
¿Qué tenía o dejaba de tener “la otra” para que esta sea “la buena”?
En esta, “la buena”, al menos no hay maniqueísmo ni tampoco es una novela moral a pesar de que hay una cierta reflexión sobre el uso de la violencia, en este caso del protagonista masculino, condicionada por una situación personal imprevista.
Con su antiguo grupo musical tenía la compleja habilidad de ofender a perfiles aparentemente dispares, pero unidos por la rigidez. ¿con “Patria, la buena” prevé airadas reacciones de múltiples orígenes?
Ojalá fueran tan de gatillo fácil, valga la redundancia, que nos proporcionaran una promo gratuita de proporciones bíblicas, pero la realidad es que esto no deja de ser un libro. Por ejemplo: el estribillo de una canción, un tuit de Rufián, o un piscinazo de Vinicius se viraliza muy rápido, pero un libro… Primero hay que tomarse la molestia y el tiempo de leerlo, y salvo que la novela tuviera un éxito desproporcionado e hicieran una serie, ojalá, no creo que genere tantas reacciones como le sucediera a la película Fe de etarras, a la que acusaban, sin verla, de blanquear a ETA. El título, “Patria, la buena” sí que llamará la atención, y como mucho rularán pantallazos de algunos párrafos totalmente descontextualizados. Estoy tranquilo, aunque por si las moscas he cambiado algunos nombres...
¿Cómo surge esta rocambolesca historia? ¿Hay algún detonante, algún suceso real en concreto que encendiera la inspiración?
En todas las novelas que he escrito siempre hay un detonante incontrolable que surge de la nada. Puedo tener ideas varias, pero la que finalmente va a misa, sé que es “la buena” porque me pongo muy nervioso a dar vueltas alrededor de la sala de estar, como un viejo, y termino por enviar un audio a mi mejor amigo para contárselo. A partir de ahí la historia crece exponencialmente y toca centrarla, claro. En este caso, lo recuerdo perfectamente, fue durante la segunda parte de la pandemia y surgió de repente. Para ello, es verdad que tengo que estar con un extra de motivación y con la cabeza como un nido de velutinas.
“Hacer ficción de los GAL es incómodo de cojones”
Tengo entendido que conversó con los primeros concursantes vascos que acudieron al “Un, dos, tres”. ¿Qué anécdotas han quedado fuera o dentro del libro que se puedan destacar?
Así es. Les localicé, les llamé y me tomé un café con ellos. Muy simpáticos. Puedo contar, porque es verdad, y aparece en la novela, que en el hotel donde se hospedaban los concursantes se solían grabar algunos episodios de la gran serie de Chicho Ibáñez Serrador, Historias para no dormir. Hay alguna cosilla que tiene que ver con las constantes y habituales broncas de Chicho con su equipo, que no he querido desarrollar porque la anécdota en sí les comprometería a ellos, que son buena gente.
¿Ha habido más ‘testigos directos’ confesables a la hora de construir esta novela?
Tras quedar con los del “Un, dos, tres” me vine arriba y se me pasó vagamente por la cabeza la idea de tomarme un café (para obtener algún tipo de info relevante o chascarrillo) con alguien que fuera militante de esa organización a la que no se debe nombrar y que ya hubiera pagado su deuda con la sociedad, pero me dije; a ver, no, que si después me pide que aparezca su nombre en los créditos del libro es una movida para todos.
Algunos de los hechos a los que hace referencia en la novela podríamos decir que están en mente de todos, pero otros son mucho menos populares y al descubrirlos, te hace plantearte si alguna información que has dado por ficción pura, tiene también inspiración en sucesos reales. En algún momento no resulta sencillo separar realidad y ficción.
Creo, esto con pinzas, que es un poquito mi estilo. Mezclar la ficción con la realidad hasta el límite, pero no con un propósito conspiranoico o de revisionismo histórico, sino por pura diversión creativa en la que se incluya un poquito de provocación, amor y desamor (que lo hay) y una pizca de obligación al lector o lectora para que tire de hemeroteca en la que puede que se encuentre con alguna sorpresilla. En este caso, la historia encaja con la reconversión industrial, la OTAN, los GAL, la unificación de los cuerpos policiales, incluso hay algún cameo del Cojo Manteca, el Festival de Cine de San Sebastián, el hotel Monbar, Yoyes, el “Un, dos, tres”, un partido de fútbol de mi equipo, el Celta, Mikel Zabalza... Entre 1985 y 1986 sucedieron demasiadas cosas y aunque aborrezco la nostalgia ochentera, a nivel de escaparate literario da mucho juego. Mi idea era buscar que el protagonismo se lo llevaran los propios personajes con sus relaciones, sus divagaciones, y que los acontecimientos de “época” pasaran a un segundo plano de manera natural para generar cierto estupor y reacciones del tipo “¿pero esto pasó de verdad?”.
La mezcla de sofisticada planificación y doméstica chapuza marca la conducta de los dos grupos terroristas que aparecen en la novela. ¿Qué más cosas le parece que tenían en común estas bandas?
Al margen de las pistolas y de lo que generan, los GAL y otros sucedáneos que operaban por entonces eran fuerzas parapoliciales con algunos buenos refuerzos mercenarios del hampa de Marsella, “últimos fichajes”, como en los cromos de fútbol. ETA, en cambio, era una organización con cierta base social y con un entramado político muy relevante. Eso sí, lo que tiene la lucha armada, entre tantas cosas, es que también puedes llegar a practicar la guerra sucia, y llamo guerra sucia a cuando eres capaz de cometer acciones que desde tu óptica revolucionaria sabes que son prescindibles pero que ya te da igual.
Se ha hecho una cantidad razonable de ficción y, digamos, parodia, alrededor de ETA. Curiosamente, no tanto de los GAL.
Es que hablar de los GAL en los mismos términos que de ETA como banda terrorista asesina y toda su retahíla habitual, era incómodo, lo mismo que la tortura, entre otras cosas porque una buena porción de la sociedad española estaba de acuerdo. Contra el terrorismo vale ser terrorista. Ahí a los demócratas de toda la vida se les veían las costuras. No recuerdo que en los ayuntamientos de media España se firmaran mociones de condena a los GAL ni ver concentraciones frente a las instituciones con rostros de consternación. Otra cosa es que el PP aprovechara la circunstancia para golpear al PSOE, pero desde una perspectiva de la corrupción, no del terrorismo en sí. Por lo tanto, hacer ficción de los GAL es incómodo de cojones. Aquí, en “Patria, la buena”, es verdad que los personajes que participan en el ‘Un, dos. tres… responda otra vez’, de ETA, son los protagonistas deliberados de la trama. Quería que fuera así. Y los GAL, Galindos y Amedos, aunque tienen menos protagonismo, en cambio están ahí, omnipresentes, como enemigos a los que no se puede vencer. Son góticas presencias inevitables y terroríficas.
