Lorenzo Silva y Raymond Chandler son “hermanos de tinta”, que diría mi amigo José Antonio Lago “El Rojo”.
La voz de Chandler está en la base de las aventuras de Bevilacqua y Chamorro desde la primera aventura: El lejano país de los estanques. Y puede sentirse en los catorce libros escritos y publicados hasta la fecha, y especialmente en la novela más oscura, y quizá mejor, de la serie: La niebla y la doncella.
¿El maestro y su aprendiz? Quizá al principio, pero ya no. Aunque Silva no tiene a Hollywood detrás para contratarlo como guionista, o inmortalizar a su personaje estrella, tampoco le es imprescindible el respaldo directo de la meca que veneramos todos los occidentales modernos.
Como ya adelanto en el título de este artículo: Chandler escribió siete libros protagonizados por Marlowe, y Silva acaba de publicar el decimocuarto de los protagonizados por Vila: su Guardia Civil, su alter ego, su amigo (invisible) más fiel y más confiable. Esos catorce libros, y el gran éxito obtenido, lo convierten también a él en incontestable gran maestro.
Tendría que estar con mi amigo hoy, lunes 10 de febrero, en la presentación del nuevo libro en la Librería Cervantes &Cía, pero me ha dejado fuera de juego una lumbalgia; dura como un puñetazo de los que recibe Philip Marlowe en la séptima novela de las escritas por Chandler: El largo adiós. Nuestra favorita, la mejor novela negra de todos los tiempos; y también el lugar en el que nos empezamos a conocer Lorenzo y yo, por intermediación de Diego Sánchez-Bustamente, quien propició hace más de veinte años la creación de un pequeño grupo literario donde nos juntó a ambos: LOS 3 EXTRAÑOS.
Yo era Terry Lennox, para Silva; y lo sigo siendo. Él era Marlowe, para mí; y lo sigue siendo.
El nuevo libro de Lorenzo Silva, Lorenzo Silva Amador, se titula Las fuerzas contrarias. Me muero de ganas de leerlo, porque en nuestro “LARGO ADIÓS privado”, en ese terreno entre lo ficticio y lo auténtico que hemos ido fabricando durante más de veinte años, nunca ha dejado de ser “largo, solitario y final”.
Nunca, ninguno, ha metido en un sobre un retrato de Madison, y se lo ha enviado al otro por correo.
Excelsior.
