Ese era el principal eslogan que coreábamos en las manifestaciones en las que participábamos para oponernos en el referéndum programado el 12 de marzo de 1986, para que ratificáramos o no la permanencia (ya se había entrado el 30 de mayo de 1982 a través del gobierno de la UCD), de España en la OTAN. Esa frase era clara y contundente y por nuestros principios y convicciones la exponíamos con mucho fervor.
Legítimamente quienes estaban a favor, uno de los principales argumentos que esgrimían, era dotarnos de más seguridad y es que, las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, eran muy conservadoras y en gran medida con reminiscencias franquistas y con la permanencia en la OTAN, se podrían en positivo “contagiar” del sentir y la actuación democrática de los países de nuestro entorno, y que, en este sentido, nos podría favorecer la reciente integración el 1 de enero de 1986 de España en la Comunidad Económica Europea.
Sin embargo, ese argumento con el tiempo se ha podido comprobar que no ha sido valido, pues si nos atenemos a una reciente encuesta del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas), el 47% de los militares y policías de nuestro país, simpatizan con Vox. Si le añadimos la simpatía con el reaccionario Partido Popular, con toda probabilidad, el porcentaje sería mucho mayor. Algo que desde posiciones de izquierda y progresistas nos debería preocupar. Al respecto, significa que los gobiernos del PSOE no han venido haciendo bien sus deberes, para democratizar suficientemente a nuestras fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, la gran mayoría proveniente precisamente de la clase trabajadora.
En este sentido, la seguridad interna no la teníamos garantizada, como se pudo comprobar con el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. Afortunadamente fue una auténtica chapuza y no tuvo mayores consecuencias. En aquel entonces, aún existía la Unión Soviética, que se disolvió en diciembre de 1991, con la dimisión como presidente de Mijail Gorbachov.
Éste era un gran intelectual de gran capacidad y con las ideas muy claras. Al darse cuenta de que el ciclo de existencia de la Unión Soviética había llegado a su fin, intentó ingenuamente de que ésta llegara a un entendimiento con el mundo occidental, fundamentalmente con Estados Unidos y Europa. En este sentido, puso en marcha la Perestroika y Glasnost (reconstrucción y apertura de la URSS). Para explicar en que consistían estas dos medidas, estuvo recorriendo varios países, empezando por EE.UU. donde Ronald Reagan lo recibió de forma “esplendida” hipócritamente.
Lo mismo ocurrió con Margaret Thatcher y entre ambos se dedicaron a pasear a Gorbachov, por los diversos países europeos donde era recibido “gratamente”. Pero como se ha demostrado, Europa estaba (y está) a expensas de los EE.UU. y de la OTAN. Salvando las diferencias, eso ha venido (y viene) ocurriendo con el títere de Zelenski.
En consecuencia, la seguridad externa es la que más nos tendría que preocupar, sobre todo, por el enconamiento tal y como se demostraba en lo que se llegó a llamar la “Guerra Fría”, protagonizada entre los bloques militares como fue el Pacto de Varsovia que sustentaba a la URSS, y el de la OTAN, controlado y a expensas de los Estados Unidos.
Por consiguiente, ésta también tuvo que haberse disuelto y nos hubiéramos evitado tanta tensión e inseguridad. Sin embargo, Estados Unidos ha venido haciendo todo lo contrario, extendiendo sus dominios por mediación de la OTAN, a través de muchos países de Europa y acercándose cada vez más a las fronteras de Rusia, hasta pretender implantarla en Ucrania. Algo que, con toda seguridad, EE.UU. no consentiría en caso de que Rusia o China quisieran implantar bases militares en sus fronteras de México o Canadá.
Ahora nos encontramos inmersos en una interesada campaña del miedo, (incluyendo la absurda recomendación a la ciudadanía europea de dotarnos de un kit de supervivencia de 72 horas). Con esa excusa, utilizan a Rusia en nuestra contra y de esta forma, tratar de concienciar a los países europeos en el incremento del gasto militar. La Unión Europea se ha adelantado, poniendo una partida presupuestaria por lo pronto de 800.000 millones de euros y así, se han venido pronunciando hasta ahora la mayoría de los países europeos, como es el caso del nuestro, pretendiendo el gobierno (sin por lo pronto contar con los apoyos de formaciones políticas que lo sustenta), aumentarlo hasta el 2% del PIB. El presidente Pedro Sánchez, ha expuesto que esto no significará que se vaya a detraer de los gastos sociales.
Este planteamiento ha sido rebatido por el primer ministro británico el “laborista” Keir Starmer, al anunciar que el Reino Unido incrementará su presupuesto de defensa, del 2,3 al 2,5% y lo hará en detrimento de los gastos sociales que, afectará a 3,2 millones de familias. Significa que si está va a ser la tónica general de los demás países europeos, a Donald Trump y su industria armamentística le habrá salido la jugada redonda, pues serán éstas las que, tendrán que abastecer a Europa de armamento militar.
Con sus tantas bases militares desplegadas por la mayoría de los países europeos, Estados Unidos con su OTAN, ha colonizado a Europa, como es el caso de nuestro país que acoge dos bases las de Rota en Cádiz y Morón de la Frontera en Sevilla. Va siendo hora de que, se produzca sus desmantelamientos y nos deje EE.UU. y la OTAN vivir en paz.