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Currículo vital

30 de Marzo de 2024
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curriculum

En una sociedad de cobardes, resulta más «adecuado» sostener una postura sádica, pues el cobarde es, por naturaleza, traidor con el compasivo, y obediente y sumiso al capricho del sádico, cuando este le supera en sadismo.

En una sociedad de mentirosos, defender la verdad representa un crimen. En una de impuntuales, llegar a tu hora merece el apelativo de «tiquismiquis». En una sociedad de envidiosos, abrirse camino en base a tu originalidad parece una hazaña digna de Sísifo; ser demasiado crítico despierta desconfianza y duros celos entre el auditorio; dar amor y consuelo provoca, instantáneamente, la reacción ególatra de una persona implicada, que hará todo lo posible por interponerse entre el agente y el paciente de ese amor, de ese cariño que él, el ególatra, no sabe dar.

A pesar de todo lo anterior, ¿qué ocurre si, en términos generales, estás acostumbrado a dar, empezando por tu cara? ¿Vas a asumir y hacer tuyas las reglas de una sociedad por el estilo? ¿Te vas a esconder, como otro del montón, amparándote en la tendencia común, en lo que «los otros hacen», obediente al «no te metas»?

En fin. Cuando las reglas son defectuosas de nacimiento porque los mismos que las dictan son los que las incumplen, parece de tontos profundos el convertirse en cumplidor, en Don Quijote. Esta última reflexión casa, precisamente, con el modus operandi escaqueado, salvaculos del mediocre, envidioso, falso, cobarde. Y digo yo (es cosa mía), ¿no será más interesante, emocionante y divertido, seguir siendo tú, valiente, puntual, sincero (si lo eres), por muchos problemas que te busques? Fijaos en Anthony Quinn, en «Zorba el griego», cuando, oponiéndose a la conservadora postura del escritor, interpretado por Alan Bates, sostenía «la vida no es sino problemas. Únicamente estar muerto no lo es. Estar vivo significa echarse la manta a la cabeza y salir en busca de problemas».

Toma ejemplo, joven lector. Si de verdad vas de transgresor, sedicioso, revolucionario y original, desobedece las normas en positivo: sé puntual, honesto, da la cara, trabaja sin imitaciones, defiende a los débiles y combate a los sádicos, a los cobardes psicópatas maltratadores, a los ineptos burócratas del sistema, no los escuches, actúa, y aprende a ver las desagradables consecuencias de tu valentía como un síntoma de que estás haciéndolo de puta madre. De lo contrario, no serás más que otro burócrata de la incompetencia: un mediocre, puede que con una brillante carrera y un ramillete de masters y una colocación para toda la vida como ex político o funcionario del Estado (con todo el respeto), tal vez con millones de «likes» en tus redes, continuamente esperando a que llegue tu día libre porque, entretanto, no ocurre nada que merezca la pena. O quizás sí, puede que tu vida, según la ves tú, te parezca emocionantísima, porque el gran protagonista eres tú y tu puñetero ego, tu culo, tu teléfono inteligente y, como mucho, tu perro y los tuyos: tu «gente», como suele decirse. Pues nada, mujer, que te diviertas.

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