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Disidencia programada

28 de Octubre de 2020
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abascal e iglesias

El espectáculo rufianesco que nos ofrecieron sus señorías durante la moción de censura de VOX en el Congreso de los Diputados no ha sido del todo inútil, pues nos ha ofrecido una radiografía fidedigna de quién es realmente quién en el arco parlamentario español y, sobre todo, a quién le debe pleitesía.

De esta manera, pudimos comprobar como el eje izquierda-derecha ya no tiene vigencia tras el “contigo no, bicho” de Pablo Casado a Santiago Abascal. El presidente del Partido Popular demostró -con un discurso contundente contra el aspirante- su lealtad al régimen del 78 del que igualmente participan tanto PSOE, como Unidas Podemos, como Ciudadanos y el resto de partidos regionalistas y nacionalistas periféricos. Más allá de la postura del PP ante la moción (su negativa era esperada y probable), sorprendió la ligereza con que Casado se desvinculó del lastre pistacho, quedando los 53 de VOX solos ante las fuerzas “constitucionalistas”, y poniendo en peligro la gobernabilidad en los municipios y comunidades autónomas donde prevalecen los populares.

Y es que la estupefacción de Abascal se intuía tras la patriótica mascarilla. Los ojos no mienten. No esperaba, bajo ningún concepto, un ataque tan descarnado y a la plena luz del día, como si el líder del PP necesitara demostrar algo a alguien. Es en este preciso momento en que propios y ajenos comienzan a caer en la cuenta: ya no hay ni izquierda ni derecha, sino globalistas contra nacionalistas.

La lucha de clases es el motor de la Historia, pero no solo la de clases antagónicas, sino las luchas intestinas dentro de la misma clase dominante. Así, en los estertores del primer cuarto del siglo XXI, podemos afirmar que se enfrentan las élites financieras globales contra las élites nacionalistas, y el reciente posicionamiento del PP del lado de los agentes políticos de los primeros dejan a VOX como representante único de los segundos en España.

Esta Alt Right que nos toca en suerte -o en desgracia- cree firmemente que tiene una misión histórica que cumplir en su cruzada contra Soros, la China comunista y la dictadura progre. Son, en resumidas cuentas, la única “Resistencia” que tienen a mano los españoles para defenderse del avance del fantasma de la Globalización que recorre Europa y amenaza con disolver los estados nacionales y hundir la economía de los trabajadores.

Así descrito, pudiera parecer que VOX es realmente la disidencia y la última esperanza del ciudadano de a pie, si no fuera porque esta película ya la hemos visto con anterioridad.

En 2014, y recogiendo el descontento de la calle en un momento de crisis económica, efervescencia social y combatividad ciudadana, se fundó PODEMOS, arrogándose las famosas proclamas del 11M como aquella de “somos los de abajo y vamos a por los de arriba”. Cuestionaban la deuda pública, el bipartidismo y la Unión Europea, y con un discurso agresivo, directo y transversal consiguieron atraer a millones de militantes y votantes en muy poco tiempo. Tan sólo 6 años después, PODEMOS se ha convertido en partido muleta del PSOE y ha contribuido a apuntalar el régimen del 78 a cambio de unas cuantas poltronas y un amplio chalet, renunciando a una buena parte de sus ideas y abrazando el europeísmo más criminal.

De la misma manera, el auge de VOX coincide con una época de frustración derivada del hartazgo de la ciudadanía respecto a la inacción de la izquierda hegemónica, tanto en lo social como en lo nacional. La visión que su líder tiene de sí mismo es cuasi mesiánica (“Santiago y cierra España”) pero, en realidad, no es más que otro títere de unas élites nacionalistas luchando por su supervivencia, en la misma comba que los Trump y Bolsonaro, incapaz de cuestionar –sin disculparse inmediatamente- el origen de todos los males de España: la Unión Europea y el capitalismo global.

Es por ello que, desde esta modesta tribuna, aconsejo a mis compatriotas –ya sean de izquierdas o de derechas- que no depositen su confianza en una disidencia que, además de controlada, ha sido programada para aparecer (y en un futuro, desparecer) en el momento adecuado. Guarden tweet.

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