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El acuerdo da igual: han perdido

09 de Junio de 2023
Actualizado el 02 de julio de 2024
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Desbrozando, desbrozando la Yoli IU y las Mareas se fue cargando. Ahora que le tocaba el turno de desbrozar a Irene Montero y a Ione Belarra parece que se ha segado ella misma los pies. Si leyesen a quien esto escribe, sabrían que las cabezas de Montero y Belarra estaban más que en camino de pasar por la guillotina partidista. Desde hace tiempo, Yolanda Díaz se la tenía jurada a la cúpula dirigente de Podemos. Aquellos ataques de Juan Carlos Monedero y otros adláteres periodísticos no iban a quedar como un mal recuerdo del pasado (ya se advirtió que ella no sería candidata de UP). Tomó la matrícula y ahora está pasando la multa.

Lo mismo puede decirse de otros socios que fueron señalados por el centro o por la periferia de Podemos, ahora están pasando la factura de la egolatría, la chulería y la pedantería del numeroso grupo de niñes pijes, que se piensan que por tener un título universitario ya son más que otros (anda que no hay titulados superiores en España para que estos vayan haciendo apología de lo especial, aunque especialitos son por otros motivos). Podemos está recogiendo lo que ha sembrado y sigue sembrando, porque ÉL no puede tener la boca cerrada ni un solo minuto. Y ya saben ÉL sigue siendo el que manda, o creía ser el que manda en Podemos, porque, como bien debería saber por la ley de hierro de la oligarquías de Robert Michels, al final quienes tienen carguito con paguita acaban rebelándose para seguir en el machito.

Broncas y peleas por este o aquel silloncito en Congreso o Senado es lo que vienen mostrando. Ni más, ni menos que lo que siempre ha pasado con las burocracias de partido. Todos, todas y todes son hijos, hijas e hijes del wokismo liberal y globalista, ahí tienen a personajillos como Ángela Rodríguez “Pam” que ha dejado de hablar raro y habla de las mujeres, en términos femenino, cuando las ha estado puteando hasta anteayer. Es muy jodido verse en la puta calle y sin más recorrido profesional que lamersuelas y hacer tartas en un ministerio. Una gresca que no hubiese superado Monty Python.

Ahora están a menos de veinticuatro horas para alcanzar un acuerdo y lograr ir todos juntos, todas juntas o todes juntes (que con esta gente nunca se sabe). Da igual, ya han perdido. Hace una semana hubiese supuesto un triunfo para todos, especialmente para sus propios votantes, hoy han llegado a asquear a cualquiera que se hubiese planteado votarles en unidad. (Vale, usted que está leyendo esto está convencido de votarles, pero es que ya se sabe que existen fanáticos de cualquier cosa) Han demostrado que están ahí no por la clase trabajadora (ni saben qué es eso), no por mejorar la vida de las personas, sino por el puñetero cargo.

Ni una sola vez han dedicado a hablar de programas o propuestas. Que sí, que se sabe que son las mismas porque no tienen más que cuatro o cinco, más la agenda que dictan los progres estadounidenses y tres mamarrachos sudamericanos, pero podían haber despistado de alguna forma. Todo por un programa basado en la felicidad, los efluvios primaverales y lo que diga la OTAN. Cayó Alberto Garzón, a quien le han debido prometer algo que no le darán, para ver si caían otras y como no ha sido así, nada mejor que pedir a los amigos que digan que vetan a esta o aquella.  Un espectáculo lamentable para cualquiera.

Pedro Sánchez debe estar escojonándose en Moncloa mientras acaricia un gatito, aunque también lleva lo suyo. Tanto dar cancha a Yolanda para que acabe estrellada por una batalla de egos es una jugada magnífica. Una jugada que le ha salido de chiripa, porque tanta pelea le va a suponer al PSOE trincar votos a su izquierda aunque haya acuerdo. Total, el programa del sanchismo y el yolandismo (o el monterismo, o el errejonismo) es el mismo. Lo más probable es que muchos votos se vayan a la abstención porque producen verdadero asco. Y ya no cuela eso de “¡Que vienen los fachas!”, para reaccionarios los que están en el Gobierno.

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