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El PP y su nauseabunda instrumentalización de las víctimas del terrorismo

Consuelo Ordóñez, familiar de un asesinado por ETA, se enfrenta a Ayuso y al PP por jugar frívolamente con ETA

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análisis

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Por suerte, hoy el terrorismo ya es historia de España. ¿Ven ustedes etarras encapuchados en alguna parte? ¿Escuchan disparos, bombas lapa, el fragor de la guerra en algún momento? ¿A que no? Eso es sencillamente porque la pesadilla ya no existe, porque terminó, porque el mal fue derrotado. Los demócratas (de izquierdas y de derechas) vencimos a aquella lacra que nos golpeó fuertemente durante sesenta años de sangre, dolor y muerte. Sin embargo, hoy se habla de terrorismo más que nunca. El terrorismo está presente en cada tertulia, en cada charla o conferencia, en los bares y en la calle. Es el terrorismo como distopía hecha realidad, como argumento electoral, como forma de hacer política basura.  

El PP se ha abonado a las más enloquecidas teorías de la conspiración para derribar gobiernos. En realidad, todo esto está más que inventado. Ya en la Grecia clásica, los enemigos de Pericles, los Qanon de la época, montaron una caza de brujas en su contra desacreditando a su círculo íntimo de amigos. Imputaron a Fidias el robo del oro de la estatua de Atenea; acusaron a Aspasia de corromper a las mujeres en un burdel; y Anaxágoras fue atacado por sus creencias religiosas impías. Inventando complots trataron de acabar con el padre de la democracia.

Karl Popper, en La sociedad abierta y sus enemigos, emplea el término “teorías de conspiración” para advertirnos de que el totalitarismo del siglo XX estuvo fundado en montajes imaginarios y escenarios paranoicos como el tribalismo y el racismo. Aunque parezca mentira, el truco sigue funcionando una y otra vez.

En este país hay demasiada gente empeñada en no pasar página y en convencernos de que ETA sigue viva. Es como si echaran de menos los años del plomo, que ya hace falta ser irracional y estúpido. Les obsesiona que no se pierda esa parte de la memoria histórica que va desde 1958 a 2018, principio y final de la banda terrorista. La otra parte de la memoria, la condena de los crímenes del franquismo, ya es otra cosa; esa, siguen saltándosela a la torera. Los prebostes del Partido Popular han explotado tanto el monotema del terrorismo extinto que ya no saben hablar de otra cosa. ETA, ETA, y nada más que ETA. ETA vende, ETA da votos, ETA sigue siendo un buen negocio para algunos. Pedro Sánchez, el Gobierno, los jueces progresistas, los partidos nacionalistas, la prensa de izquierdas (si es que queda alguna), todo eso forma parte de la delirante ensoñación de una ETA revivida. Que te vote Txapote, el infame eslogan de Isabel Díaz Ayuso, fue el más repetido en la pasada campaña electoral. Con eso está dicho todo. Ni economía, ni crisis, ni paro, ni Sanidad, ni guerra en Gaza y Ucrania. Solo el tal Txapote, que lleva años retirado del macabro oficio de la muerte. De locos.

Hace unas horas, se ha abierto la campaña a las elecciones gallegas y, ¿adivinan de lo que se está hablando por aquellas tierras del norte? No de los pellets y de la contaminación de los mares y las Rías que van camino de arruinar el sector del marisco; no del precio de la leche ni del problema del campo; no del caciquismo endémico que se ha instalado allí tras décadas de gobiernos de la derecha. Efectivamente, se habla de amnistía. De amnistía y de terrorismo. El perdón a los encausados por el procés ocupa uno de los últimos puestos en el listado de preocupaciones de los gallegos mientras que la violencia política, como es lógico en un problema que ya no existe, ni siquiera aparece. Sin embargo, el PP sigue agitando los mismos fantasmas y miedos del pasado tratando de convencer al personal de que ETA convive entre nosotros y que está infiltrada en la Moncloa. Una de esas realidades alternativas que tan fluidamente calan en las sociedades occidentales de la posverdad siempre proclives a caer en absurdas teorías de la conspiración.

Hoy, por influjo de la posmodernidad, vende más una apasionante mentira que mil verdades. Y si no, que se lo pregunten al juez García-Castellón, dispuesto a convertir a los CDR de Puigdemont y Torra en sanguinarios etarras y asesinos en serie. Los fiscales ya le han dado a entender al magistrado que aquellas movilizaciones más o menos violentas nada tienen que ver con el delito de terrorismo. Pero su señoría, más conspiranoico que nadie, más abonado a las aberrantes teorías del Partido Popular que ningún otro, insiste en la distopía. Por ese camino vamos mal, ya que cualquier día el obrero de un piquete de huelga será también procesado por abertzale, indepe y bilduetarra. Y así, mordisco a mordisco, retorciendo el lenguaje y la ley, es como se va reduciendo el margen de los derechos fundamentales amparados por la Constitución.  

Ayer vivimos otro bochornoso espectáculo del show distópico del PP. La presidenta de Covite, Consuelo Ordónez, se plantó ante Isabel Díaz Ayuso para reprocharle su “falta de respeto” a las víctimas del terrorismo no empadronadas en la región. La hermana de Gregorio Ordóñez, dirigente del PP de Gipuzkoa asesinado por los etarras, comparecía en la comisión de Presidencia y Justicia de la Asamblea de Madrid, a petición del PSOE, para denunciar “las graves injusticias que estamos sufriendo desde hace un año, que están sufriendo las víctimas de ETA en el País Vasco”. Fue el grito desesperado de una mujer harta de que quienes hoy dirigen el partido traten de instrumentalizar el dolor de quienes sufrieron de verdad el zarpazo de la violencia solo para atacar a Sánchez. Tras las palabras de Consuelo, lo más decente habría sido callar por pura decencia, pero faltaba Virgilio Menéndez, diputado popular, para seguir haciendo las veces de mamporrero y distinguir entre víctimas de primera y de segunda, entre víctimas del PP (las buenas) y del PSOE (las malas víctimas): “¿De verdad cree que son más perjudiciales para las víctimas las declaraciones de Ayuso o ver a Otegi sonriendo con el PSOE?” Toda la plana mayor salió en manada a defender a la presidenta de Madrid despreciando el dolor de alguien que sabe de verdad lo que es el terrorismo porque lo ha sufrido en sus carnes. Intolerable. “Nunca he vivido una comparecencia parlamentaria tan desagradable en mi vida, con tanta inquina hacia todo lo que represento”, dijo Ordóñez. Ánimo Consuelo, esta gente es así. Despiadada, cruel, inhumana.

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1 COMENTARIO

  1. Nos da mucho gusto decir que fuimos los demócratas unidos los que derrotamos a ETA. Y el estado de derecho, y la democracia, y la justicia, y la guardia civil. Y sí, todos aportaron. Pero nos negamos a reconocer que, si Zapatero, denostado por la derecha española como hacen ahora con Pedro Sánchez, no hubiese abierto cauces de diálogo, ETA todavía seguiría matando. A la derecha española le horrorizó la posibilidad de que ETA desapareciese, y se puede comprobar en la actual obsesión por parte de la derecha, de resucitarla a diario. Pero es que no fue sólo Zapatero. Quien le exigió a ETA que abandonase la violencia, fue el mismo entorno que la había apoyado anteriormente. Si el entorno abertzale, hubiese seguido apoyando a ETA, no habría desaparecido. Otegi participó en los diálogos que acabaron con la violencia. Una parte de la actual Bildu exigió lo mismo. Así, a ellos también les debemos el final de la violencia.

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