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España, paraíso de banqueros

El número de directivos de banca que ganan más de un millón de euros se dispara en nuestro país

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análisis

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Ayer supimos que el número de banqueros que ganan más de un millón de euros se ha disparado en España (hemos pasado de 128 a 221 millonarios del sector financiero, lo cual no es poco). El fenómeno no es solo hispano, en toda la Unión Europea ya hay casi dos mil banqueros que superan ese kilillo, esa cifra redonda mítica, lo que supone un 42 por ciento más que el año anterior. Ya no cabe ninguna duda: la crisis es solo para algunos porque otros están sacando su buena tajada.

Durante los últimos tres años, desde que estalló la pandemia y después la guerra de Putin, los poderes fácticos del dinero han tratado de convencernos de que la cosa está muy mal, de que vienen vacas flacas, recesiones e inflaciones, y que por tanto debemos ajustarnos el cinturón. Sin embargo, ese cinturón parece que solo afecta al pueblo llano, ya que los banqueros, las grandes compañías eléctricas, las multinacionales del Íbex y, en general las élites, no usan cinturón, sino tirantes, y quizá por eso están ganando más pasta que nunca.

Un día después de que Pedro Sánchez soltara el mejor discurso que se recuerda de un presidente español en el Foro de Davos, donde miró a los ojos a los dueños del mundo para decirles eso de “sabéis que el sistema no es justo”, nos desayunamos con la noticia de que España es el gran paraíso del banquero y que aquí los tipos con monóculo y manguito viven a cuerpo de rey a costa de nuestras comisiones, nuestras sufridas hipotecas y ahorrillos y nuestros cinturones apretados. “¿Cómo podemos pedirles a nuestros ciudadanos que aguanten la inflación un poco más cuando algunas grandes compañías no pagan nada de impuestos gracias a los paraísos fiscales y los vacíos en sus regulaciones internacionales que nosotros dejamos que existan?”, espetó Sánchez a los grandes magnates de la Tierra como hizo Cristo con los mercaderes que habían convertido la casa de Dios en un templo de la usura.

El sermón del presidente del Gobierno fue emocionante por valiente y coherente, no cabe duda. El problema es que ha durado lo que duran dos peces de hielo en un whisky on the rocks, como diría Sabina, ya que la cruda realidad ha venido a imponerse con sus números dramáticos para restregarnos en la cara que aquí, en este bendito país, mientras más de 13 millones de personas se encuentran en riesgo de pobreza o exclusión social, los banqueros se forran como nunca. ¿Cómo se puede tolerar, señor Sánchez, la obscenidad de que una casta financiera levante emporios y fortunas mientras el pueblo no llega a final de mes? ¿Cómo puede consentir un Gobierno que se dice de izquierdas semejante desigualdad e injusticia propia de aquel Antiguo Régimen como el que se derrumbó con la Revolución Francesa?

Más de cuarenta años de democracia, tres gobiernos socialistas y la eterna promesa de una sociedad más justa e igualitaria para llegar a esta especie de feudalismo bancario en el que unos señores, desde sus castillos de cristal de la Castellana, controlan al pueblo a fuerza de tipos de interés, préstamos imposibles de devolver, comisiones intolerables e hipotecas muchas veces abusivas. El pueblo comiendo marca blanca, absteniéndose de la carne carísima y del pescado por las nubes, cambiando la dieta mediterránea, el jamón ibérico y las gambas de gabardina por las lentejas, las patatas y los garbanzos de posguerra, mientras una élite de prestamistas y usureros enriquecidos se niegan a arrimar el hombro y a pagar más impuestos para sacar a este país de la maldita crisis. Lamentable ejemplo.

Sánchez, animado por su socio Unidas Podemos, ha tratado de meterle mano a los beneficios extraordinarios de la banca mediante un necesario y urgente impuesto con el que piensa recaudar 3.000 millones de euros en dos años. Pero con la banca hemos topado. Está por ver que ese dinero llegue finalmente a las arcas del Estado. Nada más conocerse la intención del Gobierno de que paguen más quienes más tienen los bancos denunciaron que la ley podría ser inconstitucional, advirtieron que la medida ocasionaría un agujero de 5.000 millones de euros a la economía nacional y amenazaron con despedir a 72.000 empleados.

Nadie resulta más antipático y detestable que un banquero codicioso. Nuestros almirantes de los grandes buques bancarios, nuestros nuevos aristócratas engominados con el aroma del dólar, se parecen cada día más a aquel siniestro usurero de Qué bello es vivir, el señor Potter capaz de llevar al suicidio a un honrado ciudadano acuciado por las deudas que solo quería vivir tranquilo y en paz como buen padre de familia. Cada español de hoy, cada George Bailey contemporáneo, se merecería que bajara del cielo su angelito Clarence de la guarda para ajustarle las cuentas a estos magnates sin conciencia que pudiendo ser grandes filántropos de un mundo mejor se conforman con desahuciar de sus casas a parados y viejos jubilados para sacarles hasta el alma.

“Los créditos ya no los dan con arreglo a los negocios, las capacidades y la honradez del que los solicita, sino que nos hemos convertido para ellos en charcutería financiera”, decía el gran Umbral. A ellos, a la crème de la crème que se mete un kilo en el bolsillo manejando nuestro dinero, le va bien con esta izquierda, con la derecha y con los del centro, aunque seguramente están esperando pacientemente a que lleguen los suyos para irse a cazar perdices con el Caudillo de turno y colocar al niño de ministro, como se ha hecho toda la vida. Ya se sabe que la banca siempre gana. Y en España mucho más.

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