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Están locos

Silvano Baztán Guindo
Silvano Baztán Guindohttp://silvanobaztan.com
Además de estar licenciado y doctorado en Medicina, tras diversas formaciones que me dieron una visión multidisciplinar del ser humano, actualmente dedico mi atención a lo que llamo (de forma resumida) Medicina Psicosomática.
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análisis

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Suelo recibir y leer habitualmente los textos editados por el equipo del Dr. Mercola, una de las voces disidentes de EEUU en este conflicto plandémico. Uno de sus últimos textos me va a servir de referencia para editar esta entrada.

El Dr. Mercola hace referencia a dos noticias más o menos recientes:

  1. Hace dos meses se anunció que habían resucitado el virus de la gripe del 18 a través de genética inversa.
  2. Estos días pasados, la Universidad de Boston, con su flamante laboratorio del más alto nivel de seguridad (BSL-4), ha publicado la construcción de un nuevo coronavirus con la capacidad contagiadora de la variante «Ómicron» y la mala leche del esqueleto de la cepa original de Wuhan (la llamada «Alfa»).

Lo curioso es que ambos trabajos esperpénticos han sido financiados directa o indirectamente por los organismos oficiales de Salud Pública de EEUU (NIH).

En el primer experimento citado, los científicos no han salido satisfechos del todo, dado que no lograron que los pobres macacos a los que se les inoculó el virus resucitado murieran. Pero eso no les va a detener, no señor.

En las conclusiones del estudio dicen lo siguiente:

«Se debe crear una versión más peligrosa de ese virus de la gripe para desarrollar mejores vacunas contra él».

Pero vamos a ver, ¿Qué amenaza para la humanidad podría generar un virus ya desaparecido del mapa para que quieran producir ese tipo de vacunas de forma tan obsesiva? Ninguna.

A mí todo esto me habla de preparación ante potenciales guerras con armas biológicas. No encuentro otra explicación comprensible.

Los organismos de salud pública norteamericanos siguen no sólo permitiendo sino financiando «estudios de ganancia de función»… aunque utilicen otras formas de denominarlos.

Para las personas que no han oído hablar de esa cosa, decirles que son una serie de estudios que utilizan gérmenes de la naturaleza a los que, en esos laboratorios de alta seguridad, les cambian sus propiedades para lograr que sean más infectivos para el ser humano.

Los que apoyan semejantes estudios afirman que lo hacen así para fabricar a continuación las vacunas adecuadas para defendernos de dichos «potenciales peligros».

O sea:

  1. No existe peligro real en la naturaleza.
  2. Logran construir en laboratorio con artificios de «ganancia de función» un bicho que podría ser el protagonista de una película de extinción.
  3. Se afanan en construir una vacuna específica para ese bicho.

Ya me diréis si no es una locura pensar así. Y más aún financiarlo con dineros públicos.

En cuanto al segundo estudio al que me he referido al principio, ¿Para qué mezclar la actual variante «Ómicron» con la cepa original «Alfa» si ésta ya no está presente desde hace tiempo?

¿Qué riesgo podría correr la humanidad de que la naturaleza generara esa mezcla? Ninguno.

La Universidad de Boston, poseedora de ese superlaboratorio de alta seguridad, niega que haya sido un estudio de «ganancia de función». Entonces, ¿Qué ha sido? ¿Un estudio de «pérdida de función»? Me imagino que se notará la ironía…

La cuestión es que la universidad no informó a los NIH del curso de sus investigaciones, y ahora éstos están estudiando el asunto.

Bueno, esto me parece el comienzo de un baile entre burócratas, uno de esos contenciosos en los que pasa el tiempo y no llegamos a obtener una conclusión diáfana, taxativa. Tiempo al tiempo…

El ínclito Dr. Anthony Fauci que, por cierto, que en algún sitio vi publicado que el título de «Doctor» que usa es por algún premio honorífico concedido por alguna universidad, la típica distinción de «Doctor Honoris Causa» reconociendo una labor, pero no por haber realizado un trabajo de investigación propio, como el resto de doctores…

A lo que iba. Este señor va a prescindir del mejor sueldo de la administración pública norteamericana (gana más que el propio presidente de los EEUU). Pues antes de retirarse (y ha fijado la fecha para diciembre de este 2022), ha dejado varios temas atados…

Uno de ellos es otorgar financiación a EcoHealth Alliance, uno de los puntos oscuros y tenebrosos relacionado con el inicio de la pandemia Covid-19. Unos fondos de 3’3 millones de $ para seguir buscando y analizando futuras apariciones de coronavirus de murciélago en Myanmar, Laos y Vietnam.

¿Y con qué finalidad? Para suministrar rápidamente secuencias virales y aislamientos para su uso en nuevas vacunas y desarrollo terapéutico.

¡¡Realmente, parece que están obsesionados!!

El pasado año, la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) otorgó 125 millones de $ a la Universidad Estatal de Washington para «detectar virus emergentes».

Me permito entrecomillar eso de «detectar virus emergentes» pues es una de las maneras de utilizar el lenguaje para esquivar aquello de «investigaciones de ganancia de función».

El objetivo de esa financiación es recolectar más de 800.000 muestras de la naturaleza durante 5 años para determinar el «potencial zoonótico» de los virus obtenidos. O sea, «en román paladino», para ver su capacidad de afectar al ser humano produciéndole enfermedades.

¡Más de lo mismo!

¿Y cómo están las cosas por aquí? Pues de todo este tipo de cosas… «mutis por el foro». Aquí tanto los políticos de turno, como sus consejeros sanitarios, los «expertos de cabecera», cada vez que hablan aprovechan para decir lo de siempre.

Un ejemplo:

Hace unos días que se ha celebrado el XVII Congreso de la Asociación Nacional de Informadores de la Salud (ANIS). Vaya con la sigla elegida. A la inauguración acudió la ministra de Sanidad y soltó su «speech».

En resumen, la ministra reconoció el trabajo desempeñado por los medios de comunicación durante la pandemia y, en especial, en la campaña de vacunación frente a la covid-19.

Y en la primera mesa redonda del congreso, cuyo título fue «Los retos ante las nuevas emergencias sanitarias», se puso de manifiesto que:

«las amenazas de nuevas pandemias serán inevitables» y que los medios de comunicación sanitarios «tendrían de nuevo un papel clave en las próximas emergencias sanitarias».

Al menos, en el último verbo se empleó la forma verbal «condicional» en lugar de un tiempo verbal más afirmativo y categórico, como lo han hecho en la primera frase.

Como se está comprobando, esta gente (politicuchos y expertos varios) siguen con la agenda hacia adelante, prodigándose en «comerle la oreja» al ciudadano y también al médico de a pie, con mensajes que tuvieron su inicio en las revelaciones divinas del señor Bill Gates y su bola de cristal.

Si recordamos sus diferentes apariciones, este señor ha pronosticado con total certeza que el futuro cercano está plagado de próximas pandemias… y que nos tenemos que preparar.

Este mensaje fue recogido por la OMS y amplificado al mundo sin filtro. Ya en cualquier momento, cualquier personajillo se puede aupar ante cualquier tribuna y va a soltar eso de que

tenemos que prepararnos para que una próxima pandemia no nos pille con los pantalones bajados haciendo nuestra necesidades habituales.

Eso me suena a aquella frase de los años de la «guerra fría» respecto a los «ataques preventivos de la URSS». Toda una “comedura de coco”, como si los malos de la película hubieran sido sólo los soviéticos, así como los indios en las películas del “género western”.

¿Qué podemos esperar de nuestros «expertos»? Sí, de esas personas que reciben continuamente pagos de la industria farmacéutica. ¡Ah!, ¿que eso no es verdad?

Vamos a verlo directamente.

Ya que he mencionado a la asociación ANIS, si vamos a su página web y clicamos en la pestaña de Transparencia, se puede observar que como socios protectores figuran Chiesi, Pfizer y PharmaMar, y entre los socios colaboradores Roche, Lilly, Novo Nordisk, LundBeck y AbbVie.

Para quien no lo sepa, no son empresas que fabrican papel higiénico, sino empresas farmacéuticas de diversas líneas.

Y para seguir tirando del hilo, vamos a fijarnos en «la más de las más» en estos momentos, Pfizer, tan en boga en este periplo pandémico. Si vamos a su página web y buscamos su política de transparencia, al final del pequeño texto hay un enlace desde donde podremos obtener los datos que nos interesan.

La página obliga a seguir el hilo de lectura de su historieta para poder descargar los datos de los pagos de Pfizer a médicos y diversas asociaciones, tanto profesionales médicas como hospitales… y hasta universidades. Están disponibles los datos de 2019, 2020 y 2021.

Como no es mi interés realizar aquí un trabajo exhaustivo sobre estos «intríngulis» para mí totalmente decepcionantes sobre mis colegas de profesión, sólo voy a hacer una mínima mención a unos pocos apuntes del archivo de 2021.

  • Profesionales sanitarios (PS): Hay un total de 14.704 médicos en España que han recibido pagos de Pfizer. Lo

más habitual es que hayan sido inscripciones a simposios, congresos… (desde 10€ hasta varios cientos de €) pero también hay dádivas de 4 y 5 cifras.

  • Organizaciones       Sanitarias       (OS):       Hay       466

organizaciones, entre asociaciones profesionales, fundaciones, hospitales, universidades… que también han recibido pagos de Pfizer. Aquí las cifras más frecuentes son de 4 y 5 dígitos… pero también las hay de 6 dígitos, como lo recibido por la Asociación Española de Reumatología (663.045€).

A mí, de todas formas, lo que más me «chirría» es que haya organismos públicos que reciban esos pagos, como por ejemplo la Fundación Progreso y Salud, de la Junta de Andalucía, con 306.000€, o el propio Servicio Andaluz de Salud con 161.513€ y la Escuela Andaluza de Salud con 100.000€.

También “me raya” un poco que la Fundación / Asociación Española de Pediatría reciba 268.200€ sólo de Pfizer.

La Asociación de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN), en sus diversas ramas, han recibido más de 230.000€. Y la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (SEMFYC) 45.300€.

¿Con qué criterio independiente estos médicos y asociaciones profesionales van a aconsejar las mejores opciones a la ciudadanía fuera de lo que la industria farmacéutica les diga que es lo mejor?

Y estos datos son sólo de Pfizer y sólo para 2021.

Según Farmaindustria, el sector invirtió en 2021 587 millones de € en este tipo de «incentivos» a médicos, asociaciones profesionales y hospitales.

Creo que se puede comprobar, sin lugar a dudas, la más que probable parcialidad de estos profesionales en su opinión sobre, por ejemplo en el actual tema de las vacunas.

Entre los científicos locos, los políticos comegambas, los «expertos» incentivados por las farmacéuticas, los medios de «descomunicación» machacando a la población con miedos variopintos y la propia población aborregada como consecuencia de lo anterior… ¡Vamos apañados!

¿Y qué podemos hacer?

  1. Buscar y contrastar información. No podemos creer todo lo que se publica ni tampoco todo lo que se transmite en redes. Entre la disidencia hay también bastante mendrugo.
  2. En el aspecto propiamente personal, no hacer ni puñetero caso a nada ni a nadie, y guiarnos por nuestro mejor sentir en el día a día. Cada cual tendrá el suyo. Buenos alimentos, higiene mental, elegir entornos agradables y no contaminados, y buenas relaciones.

Salud para ti y los tuyos.

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