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«Genocidio», una película mal contada

Isabel Bailo Domínguez
Isabel Bailo Domínguez
Profesora de educación infantil, técnica fitosanitaria cualificada, técnica medioambiental y forestal, madre a tiempo completo, actualmente estudiante de grado de historia y Rebelde con causa.
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análisis

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El primer autor en utilizar el término “genocidio” fue su propio creador, Raphael Lemkin, el jurista nacido en 1900 en la localidad de Bezwodne (entonces perteneciente al Imperio ruso, y después en 1919 a Polonia).

Lemkin quedó profundamente conmocionado ante la matanza del pueblo  armenio, en el que fallecieron más de un millón y medio de personas y pensó que no había una palabra para denominar semejante barbarie y esos «crímenes sin nombre».

La conseguimos, gracias al empeño y al tesón de un judío polaco. Fue él quien acuñó el término «genocidio», una palabra que creó a partir del sustantivo griego «genos» (raza, pueblo) y del sufijo latino «cide» (matar).

Y en diciembre de 1946,  en la Asamblea General de la recién creada ONU, se aprobó la resolución 96: «el genocidio es un crimen del Derecho Internacional que el mundo civilizado condena y por el cual los autores y sus cómplices deberán ser castigados».

En 1948, las Naciones Unidas crearon la Convención para la Prevención y Castigo de los Crímenes de Genocidio (CPPCG por sus siglas en inglés), un organismo cuyos principios han sido ratificados en más de 130 países, pero cuya efectividad sigue siendo cuestionada. 

Tras su entrada en funcionamiento, han sido muchos los casos de genocidios que han pasado de largo para la Convención, si según su definición,  “genocidio» es:

“Aniquilación o exterminio sistemático y deliberado de un grupo social por motivos raciales, políticos o religiosos…”, ¿por qué se sigue permitiendo esta barbarie y con completa impunidad para los asesinos?.

Considerando las veces  que un genocidio ha sido perpetrado a lo largo de nuestra historia, se pueden registrar inmensidad de casos. Pero para no remontarme a los principios de la Humanidad, nombraré los más destacables  desde principios del siglo XX, en los cuales no ha habido ni justicia, ni reparación.

– Genocidio herero y namaqua, perpetrado por colonos alemanes: Considerado como el primer genocidio del siglo XX, tuvo lugar en África del Suroeste (actual Namibia) entre 1904 y 1907.

– Genocidio aborigen en Australia.( desde principios de siglo XX hasta 1969)

– El Genocidio armenio que tuvo lugar entre 1915 y 1923, por el imperio otomano.

– El Holodomor (literalmente, ‘matar de hambre’) provocada por Iósif Stalin, en Ucrania. Se desarrolló entre 1932 y 1934.

– El Holocausto. Provocado por el partido Nazi en Alemania desde antes de 1942. Es por estos hechos por lo que contamos con la palabra ‘genocidio’ en nuestros diccionarios.

– Revolución Cultural. Bajo el pretexto de acabar con los elementos burgueses y subversivos ocultos en la sociedad china (o así lo argumentó el gobierno de Mao Zedong).

– El genocidio camboyano. Entre 1975 y 1979, el genocidio en Ruanda en 1994, la Masacre de Srebrenica en 1995…

– Y por supuesto, el genocidio ocurrido en España durante la guerra civil y la posterior dictadura de Franco, (desde 1936 hasta 1975).

Ramiro Rivas García, es doctor y catedrático del Instituto de Geografía e Historia en Santa Cruz de Tenerife. Ha escrito varios libros e innumerables artículos y conferencias, describiendo el genocidio acaecido en las islas Canarias. Sí, lo sé, os estaréis preguntando: “pero, ¿hubo guerra en las islas?

Es tal el desconocimiento (intencionado por parte de los que manejan el poder en la sombra) sobre lo que ocurrió en España durante la guerra civil y la dictadura en concreto en las Islas Canarias, que si no te preocupas tú mismo de indagar, estudiar e investigar sobre el tema, parece que Gran Canaria, Tenerife, la Gomera, la Palma, el Hierro, Lanzarote, la Graciosa y Fuerteventura, fueron un paraíso lleno de felicidad, mientras en la península se mataban entre ellos. 

Francisco González Tejera (Las Palmas de Gran Canaria, 1960) es el portavoz de la Plataforma de Familiares de los Fusilados de San Lorenzo y lleva escritos cinco libros recogiendo los testimonios, uno a uno, de los supervivientes y familiares de las víctimas de la brutal represión que causó el régimen franquista con la colaboración de la oligarquía canaria y de la iglesia católica.

“Había curas con pistola al cinto dando tiros de gracia, dando la extrema unción y asesinando, revelando secretos de confesión para que asesinaran a gente”, describe Francisco en uno de sus libros.

Allí hubo más de 5000 asesinados. La mayoría arrojados al mar o en simas volcánicas y en fosas anónimas, sin identificar todavía. Además de brutales palizas, violaciones  sistémicas y repetidas,  «presos políticos» encarcelados sin juicio alguno y sometidos a toda clase de torturas.

Es decir, una guerra de exterminio, unos asesinatos masivos realizados de forma consciente y bajo una dirección política.

La Convención para la Prevención y Castigo de los Crímenes de Genocidio de la ONU sigue mirando para otro lado, a pesar de las innumerables denuncias que le llegan.

Una institución corrupta, degradada y prostituida a las oligarquías de turno sin más fin que actuar, como en una película de tipo Z o «porno» interpretando el guión de garante de nuestras libertades.

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