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Impunidad, dinero y la caza deportiva de seres humanos

Cuando se tiene todo, y mucho dinero para gastar, no es descabellado que se busquen nuevas aficiones, por muy faltas de ética, moral y humanidad que sean

José Antonio Gómez
José Antonio Gómez
Director de Diario16. Escritor y analista político. Autor de los ensayos políticos "Gobernar es repartir dolor", "Regeneración", "El líder que marchitó a la Rosa", "IRPH: Operación de Estado" y de las novelas "Josaphat" y "El futuro nos espera".
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análisis

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La película austriaca Veni Vidi Vici, recién estrenada y que ha sido seleccionada en festivales de cine tan prestigiosos como el de Sundance, no es una gran película ni una obra maestra del cine independiente.

Sin embargo, su trama argumental sí que muestra una realidad angustiosa: la impunidad con la que viven los ultrarricos, impunidad que les puede llevar a realizar las mayores barbaridades imaginables sin que el peso de la justicia caiga sobre ellos.

En el film un ultra millonario caza seres humanos, personas anónimas a las que mata por placer y, a pesar de ello, no le ocurría nada. En la crítica publicada por Davide Abbastecianni, se afirma que todo se parece a la famosa frase de Alberto Sordi en El marqués del Grillo, «Lo siento, pero yo soy quien soy, y vosotros no sois nadie».

Lo que cuenta la ficción, ¿está cerca de hacerse realidad? Los ultrarricos que lo tienen todo, que disponen de acceso a todo y que cuentan con mucho dinero que gastar, ¿llegarían a habilitar la caza de humanos como el nuevo hobby sofisticado? El nivel de perversión de la condición humana actual no lo descartaría, pero lo peor es que no pasaría nada porque cuentan con absoluta impunidad judicial y política.

Los ultrarricos ya han protagonizado hechos en los que se han producido matanzas de seres humanos. No hay más que recordar cómo, tras la quiebra de Lehman Brothers, los grandes inversores decidieron especular con las materias primas alimentarias, lo que provocó una hambruna en el Cuerno de África en la que murieron más de 2 millones de personas. No les ocurrió nada y, además, ganaron millones de dólares.

Entre los 2.500 ricos de la lista de Forbes se encuentra el coreano Lee Jay-Hyun. Este hombre cuenta con una biografía que toca todas las bases de los multimillonarios. Lo abarca todo, desde la corrupción y el poder corporativo hasta la gran fortuna heredada y la influencia política.

Para empezar, el abuelo de Lee fundó el imperio mundial de Samsung. Eso le dio una ventaja en la vida que seguramente no perjudicó su ascenso a la cima del Grupo CJ, la gran corporación del sector de la alimentación que Lee preside actualmente.

En 2014, un tribunal de Corea del Sur declaró culpable a Lee, entonces el décimo hombre más rico de su país, de malversar 156 millones de dólares y esconder ese dinero en el extranjero. El juez, en su sentencia, señaló el estatus y la responsabilidad social de Lee y dictaminó que merecía un «castigo duro». Fue condenado a cuatro años de prisión y a una multa elevada.

Sin embargo, Lee nunca cumplió la condena de prisión. En 2016, «tras reunir diversas opiniones para unir a nuestro pueblo y superar una crisis económica», el Ministerio de Justicia coreano anunció que el presidente de la nación había decidido indultar a Lee, que entonces tenía 56 años, en honor al Día de la Liberación.

Este es sólo un ejemplo de actos impunes de los millonarios. Hay muchos más y no hay más que ver lo que está sucediendo con el Caso Epstein. ¿A cuántos condenarán? A ninguno. Entonces, ¿qué les separa a los ultrarricos de empezar a cazar humanos? El tiempo en que un iluminado lo convierta en un negocio rentable y un hobby sofisticado.  

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1 COMENTARIO

  1. Creo que el patrimonio de un ser humano debería tener un límite. Los megarricos del planeta, son propietarios de bienes de los que no deberían ser propietarios. Con esas propiedades, lo que hacen es quitarle a la humanidad recursos que necesita para su bienestar. Es en este momento, cuando se hace claro que la propiedad privada es un robo. Yo no creo que tenga nada de malo que una persona sea propietaria de un coche o un piso, pero cuando posees tierras cultivables, fábricas de comida, petróleo, gas, medios de comunicación, industrias farmacéuticas, sanitarias, y de armamento, tienes un poder sobre el destino de millones de seres humanos, que ellos no tienen. Y eso no es nada democrático. Para que el poder esté repartido, los recursos deben estarlo.

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