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Isabel Díaz Ayuso será presidenta del Gobierno gracias a los bancos y las multinacionales

La fuga de Ferrovial al paraíso fiscal de Países Bajos para pagar menos impuestos y la guerra de los bancos contra el gobierno de Pedro Sánchez es la muestra de que es el modelo que pretenden imponer en España y la máxima defensora del sistema por el que los poderosos y los ricos apenas paguen impuestos es Isabel Díaz Ayuso

José Antonio Gómez
José Antonio Gómez
Director de Diario16. Escritor y analista político. Autor de los ensayos políticos "Gobernar es repartir dolor", "Regeneración", "El líder que marchitó a la Rosa", "IRPH: Operación de Estado" y de las novelas "Josaphat" y "El futuro nos espera".
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análisis

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Los bancos y las grandes empresas multinacionales ya han decidido que Isabel Díaz Ayuso será la próxima presidenta del Gobierno. Da igual que, a priori, el candidato a la Moncloa del Partido Popular debiera ser Alberto Núñez Feijóo. Da igual si se presenta finalmente Pedro Sánchez u otro dirigente regional por el Partido socialista. Da igual si Yolanda Díaz tiene una calificación maravillosa entre las clases medias y trabajadoras. Todo eso da igual, incluso la voz del pueblo. Quienes realmente mandan en España y en el mundo ya ha elegido a la persona que mejor representará a sus intereses, y esa es la actual presidenta de la Comunidad de Madrid.

La crisis de 2008 significó un golpe de Estado encubierto en el que las élites financieras, bancarias, empresariales, junto a las grandes fortunas, tomaron desde la sombra el control de los gobiernos democráticos. Por tanto, destruyeron la democracia y financiaron o apoyaron sin ningún escrúpulo a candidatos que sabían a la perfección que les iban a generar beneficios.

Todos estos empresarios, banqueros o millonarios sólo tienen un objetivo: acumular riqueza. Lo están logrando y el incremento de la desigualdad así lo demuestra. Esa codicia, esa avaricia vulnera ya de manera sistemática e impune los derechos humanos de la ciudanía. Todo ello es posible porque los gobernantes, independientemente del signo político al que representen, finalmente siempre se acaban sometiendo.

Las élites decidieron que Estados Unidos tenía que ser gobernada por uno de ellos, Donald Trump, porque sabían que tendrían asegurada una rebaja de impuestos histórica que les permitió un incremento sustancial en sus ganancias corporativas, personales y en las rentas del capital. Las consecuencias para Estados Unidos han sido catastróficas, tal y como analizamos en Diario16. El país se tuvo que endeudar de tal forma que han estado a punto del default.

Lo mismo ocurrió con Liz Truss en Reino Unido. El anuncio de las rebajas de impuestos que los ricos le exigieron a la ex primera ministra británica provocó un caos económico que, si no es por la intervención del Banco de Inglaterra, hubiera llevado al país a la ruina más absoluta con los mercados financieros cerrados.

Sin embargo, estos traspiés no hacen caer en el desánimo a las clases dominantes porque siguen influyendo en política, poniendo y quitando a líderes en base a sus intereses. En España, a medio año de las elecciones generales, ya tienen decidido quién será el candidato al que apoyarán con todos los medios posibles. En este caso será candidata y tiene nombre y apellidos: Isabel Díaz Ayuso.

La fuga de Ferrovial

El anuncio por parte de la multinacional de la construcción Ferrovial de fugarse al paraíso fiscal de Países Bajos ha provocado un verdadero terremoto político que, evidentemente, ha sido aprovechado por Ayuso para cargar contra el gobierno de Pedro Sánchez. Además, ha sido una oportunidad de hacer gala de los méritos que tanto admiran de ella las clases dominantes: un neoliberalismo, un capitalismo salvaje, que ha llegado a que justifique la decisión de Ferrovial.

Ayuso ha declarado que ella y su gobierno van por libre en su defensa de los privilegios de los poderosos. Calificó como «preocupante» la fuga de Ferrovial. «Espero que sea el único caso y que otras empresas no sigan el mismo camino, que no haya más que sigan su estela. Nosotros, desde luego, en Madrid seguimos aplicando nuevas medidas y vamos a poner en marcha deducciones fiscales para que los inversores pequeños y grandes, que todos son bienvenidos, puedan venirse a Madrid con libertad y con seguridad», dijo Ayuso.  

Es decir, que Ayuso ha profundizado en el proyecto de creación de un paraíso fiscal dentro de España. Una especie de Delaware, Dakota del Sur o Nevada en la que las empresas no paguen impuestos. Eso gusta mucho a las élites empresariales, bancarias, financieras y económicas. Si ya lo está haciendo en la Comunidad de Madrid, por extensión, si llegara a ser presidenta del Gobierno de España, lo haría en todo el país. Negocio redondo.

«Yo soy absolutamente respetuosa con todas las empresas, el capital es libre y cada uno decide con él cómo quiere hacer las cosas, pero evidentemente la falta de seguridad jurídica, la falta de apoyo a las empresas por parte de este gobierno hace que muchas se cuestionen venir. Y después, desmanes como el de imponer un impuesto de patrimonio provocan mucho daño. No es por una cuestión solo fiscal porque ya ha explicado Ferrovial que en impuestos la cosa va a estar muy parecida estando en Países Bajos… sino por el cambio de las reglas del juego permanente que expulsa a la empresa y a la inversión. Este gobierno no entiende que la empresa es libre, que el capital lo es y que por tanto irá donde sea bien tratado y respetado», afirmó Ayuso.

Estas palabras de la presidenta de la Comunidad de Madrid habrán provocado grandes aplausos, incluso orgasmos, en las altas esferas del poder real. «¡Es ella, es ella!».

Responsabilidad social

Sin embargo, escuchar de la boca de una teórica representante del pueblo defender a quienes se están convirtiendo en los enemigos de la democracia y del estado del bienestar demuestra una actitud absolutamente irresponsable.

La libertad de mercado y la libertad de capitales no está puesta en duda, puesto que es uno de los cimientos sobre los que se asienta la Unión Europea. Sin embargo, esas libertades no pueden ser excluyentes ni perjudicar al bien común que es lo que, teóricamente, debería defender Isabel Díaz Ayuso tras ser elegida democráticamente por la ciudadanía.

Las multinacionales y las grandes fortunas tienen el derecho de llevar su dinero a donde quieran, pero sin perjudicar al resto, que es lo que están haciendo. Parece ser que no tienen bastante con controlar a los políticos o a los jueces.

Las personas poderosas, ya sean físicas o jurídicas, tienen una responsabilidad social que no se circunscribe sólo a determinadas acciones de carácter «humanitario» que, al final, no es más que beneficencia u operaciones de marketing o blanqueo de imagen.

La responsabilidad social de las grandes empresas y los millonarios pasa por la inexcusable aportación de una parte de su riqueza al bien común.

Sin embargo, la muerte del capitalismo productivo y la plaga del capitalismo especulativo hace que los grandes accionistas de estas compañías les exijan, no sólo resultados de producción, sino un dividendo cada vez mayor a costa de lo que sea. Grandes escándalos así lo demuestran. En España, además de la fuga de Ferrovial, no hay más que recordar cómo Banco Santander se negaba a pagar una subida salarial a sus empleados que estaba acordada entre la patronal y los sindicatos. Eso sí, a los grandes accionistas les han aumentado el dividendo. A nivel mundial, tenemos casos como el de la farmacéutica Valleant o el del banco Wells Fargo.

Los capitales se pueden mover, pero siempre que cumplan con su responsabilidad social hacia la ciudadanía. No lo hacen y hay políticos como Isabel Díaz Ayuso que defienden una libertad que no significa más que la destrucción de uno de los cimientos fundamentales de la democracia: el estado del bienestar.

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2 COMENTARIOS

  1. No es solo las grandes fortunas y los ricos si no muchos obreros de derechas, eso es lo que no puedo entender, están trabajando tienen un sueldo decente y votan a esta individua que al final tanto esperan a jubilarse porque creen que les va a una buena pensión, el ser humano es codicioso, malo y corrupto y nos estamos volviendo peores

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