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Islam (II) Sufíes. »Lo que yo quiero es una barba larga en mi corazón»

Daniel Ponce Alegre
Daniel Ponce Alegre
Técnico Superior Análisis de Laboratorio, *Teología en Pontificia Universidad Lateranense. *Historia Antigua en Pontificia Academia de Ciencias Sociales y Políticas. *Comunicación en Universidad de Navarra - COSO
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análisis

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Hace unos días, en una hermosa localidad del interior del levante español, pude conversar tranquilamente con un grupo de buenos fieles musulmanes.

Uno de ellos, Rashid, anfitrión destacado, más que por sus altas responsabilidades de gobierno en la comunidad islámica hispana, por su buen trato y cordialidad hacia mi persona y hacia sus hermanos, y por su sabiduría basada en el magisterio y la tradición de los textos musulmanes, en un momento de nuestra relajada e interesante conversación dijo la frase que he usado en el titular:

»Lo que yo quiero es una barba larga en mi corazón».

Sería largo explicar cómo, en nuestra conversación bebiendo té, y tomando dátiles y dulces (dulces muy árabes y muy valencianos) se llegó a esta frase, además nos desviaría del tema de este artículo y me obligaría a contar aspectos de amistad y confianza de nuestra conversación que no quiero ni debo contar.

Lo realmente importante de esta frase es que sintetiza toda una tradición espiritual islámica, desconocida e ignorada por la sociedad en general, y no tratada por el mundo académico ni los medios de comunicación en particular:

Esa tradición es la Tradición Sufí.

Esta tradición espiritual islámica, de forma general y con perspectiva amplia, aunque algunos la consideran parte de la Escuela Suní (diferenciada de la Chií en la consideración del Sucesor del Venerado Profeta Muhammad) la realidad es que la trasciende e interconecta al sunismo con el chiismo en un enfoque espiritual, tanto de los textos jurídicos como de la exégesis o interpretación teológica, y del ritual o rezo:

Pone el centro en el corazón como fundamento de la fe y la vida religiosa del fiel aunque sin olvidar el cuerpo. Pero el sufismo no es gnosticismo.

Cuando escuché a mi ya amigo Rashid (a pesar del escaso tiempo en que nos conocemos los nexos espirituales y puntos de vista comunes unen más que el tiempo) pronunciar esa frase o sentencia islámica sufí vinieron a mi mente las muchas veces que el Maestro y Señor, Jesucristo (Isah al Mahdi) puso el foco en el espíritu y en la persona a la hora de interpretar la Ley, y dijo:

»Es lo que sale del corazón lo que contamina al hombre». 

Estas palabras habían sido constantemente recordadas, al entonces Pueblo Elegido, por los Profetas de Dios cuando les decían:

»Sois un pueblo duro de cerviz e incircunciso de corazón. Tenéis un corazón de piedra y no de carne».

Esta reiterada visión carnal, alejada del Espíritu, hizo que Israel dejase para siempre de ser el Pueblo de Dios, y atrajo la destrucción total sobre sí.

Además, esta visión carnal o mundana hace que el sionismo sea una ideología político-teológica herética o haram, opuesta a Dios y, por lo tanto, diabólica.

No es mi intención, en esta ocasión, hacer una detallada explicación del sufismo sino ponerlo en el foco y, al mismo tiempo, hacer que el lector reflexione sobre las razones de porqué esta tradición espiritual islámica es tan ignorada y poco enseñada, y, en cambio, sí que lo son aquellas interpretaciones que apoyan la tesis anglosajonas, sionistas y globalistas de un Islam político yihadista y salafista que nos quiere someter en lo político a todos (ellos mismos promovieron en el pasado esta tesis) y que es arcaico, tiránico, dictatorial y liberticida; y al mismo tiempo no es edificante para la persona ni para la sociedad en la que está implantado.

Este falso y artificial islamismo no sólo es creado por esos determinados grupos anglosionistas y promocionado por sus medios de comunicación lacayos, sino que además es »encarnado e implementado» mediante atentados por agentes de ese occidente liberal y capitalista, como Osama Bin Laden (Al Qaeda) o Al Bahdadi (DAESH o ISIS) que realizan para justificar guerras o intervenciones militares, así como para promover el odio general a todo el Islam, que la mayoría no tiene tiempo de estudiar ni distinguir.

No nos cabe duda alguna que, el Islam Sufí, la tradición espiritual islámica que encarnan Rashid y sus hermanos, es una visión islámica edificante y enriquecedora para la persona y la sociedad en la que viven y hay que apoyarla.

Desde el foro y altavoz que me proporciona Diario 16 seguiré, Dios mediante (inshaAllah) contándolo.

Por cierto, quisiera concluir dirigiéndome especialmente a mis hermanos en Cristo Jesús, a aquellos que no me conocen mucho tiempo y que al leer este artículo duden de mi fe:

La Historia es maestra. 

La Fe y la Razón nos dan Inteligencia.

Las Sagradas Escrituras Luz.

Nada ha cambiado. 

Ambos esperamos Su Retorno. 

Salam !

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1 COMENTARIO

  1. ¿Es el Islam Sufí, compatible con la democracia occidental donde uno de los pilares básicos es la libertad de expresión y la libertad de sus cómico para reírse de lo divino y de lo humano.?

    Es decir pueden los ateos , los descreídos, los nihilistas y los cómicos burlarse del dios musulmán y hacer dibujos ridiculizantes de Alá y Mahoma, sin que peligre su integridad, ni le dicten una fatwa.

    Nunca he leído una declaración al respecto, y mientras los líderes islámicos no se pronuncien y digan públicamente que la libertad está por encima de sus creencias, seguiré considerando el islam una religión peligrosa incompatible con la democracia.

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