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La catástrofe medioambiental en Ohio que ya te anticipó Netflix hace dos meses

El filme, basado en una obra de DeLillo de 1985, está grabada por actores que residen en el mismo lugar donde ahora se han producido los hechos, idénticos a los que muestra la primera parte de la película

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análisis

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El pasado día 3 de febrero, un tren de Norfolk Southern (uno de los principales operadores ferroviarios norteamericanos), descarriló y explotó en la línea cercana que separa Ohio de Pensilvania, junto al pueblo de menos de 5.000 habitantes, East Palestine.

Cloruro de vinilo

Fueron más de 50 vagones (la mitad del tren), los que quedaron destrozados por las llamas. Entre ellos, la quinta parte transportaba un material altamente peligroso: cloruro de vinilo.

El cloruro de vinilo es una de las sustancias químicas que se emplean para fabricar PVC, es altamente tóxico, inflamable y cancerígeno (afecta gravemente al cerebro, los pulmones, la sangre y el hígado). Catorce contenedores portaban esta sustancia, y ante el riesgo que suponía el accidente, por la presencia de este material, que ya comenzaba a filtrarse a las aguas subterráneas, se tomó la decisión de hacer estallar los vagones, de «forma controlada». Se produjo inmediatamente una nube tóxica y las consiguientes lluvias ácidas durante días.

Otros materiales químicos altamente peligrosos

Norfolk Southern hizo pública la lista de productos químicos que transportaba el tren.

Además del cloruro de vinilo, el tren transportaba líquidos combustibles, acrilato de butilo y residuos de benceno.

Se aseguró desde las autoridades locales que tanto el aire como el agua potable no estaban contaminados, aunque se dio la orden en ese momento de evacuar y refugiarse, para tomar medidas de precaución. A pesar del peligro para la salud, no se produjeron evacuaciones hasta pasados al menos dos días.

El día 9 la Agencia de Protección Ambiental emitió un comunicado para asegurar que la calidad del aire era óptima y que los vecinos podían regresar a sus casas sin temer por su salud.

El daño medioambiental se prevé considerable, y de hecho, se ha considerado ya durante estos días, una catástrofe semejante a la sucedida con la central nuclear de Chernóbil, aunque por el momento, no hay datos que sirvan para cuantificar los daños.

Censura

Sobre estos terribles y graves hechos, no ha habido suficiente información, puesto que uno de los periodistas que se desplazó al lugar para informar sobre lo ocurrido, Evan Lambert, fue detenido. Posteriormente fue puesto en libertad sin cargos, puesto que no había cometido delito alguno. Pero cualquiera que se acercase a intentar reportar lo que se estaba viviendo, fue amenazado con ser detenido.

Batalla legal

El accidente se produce justo en el momento en el que la tensión entre las corporaciones ferroviarias y el gobierno federal, está en su punto álgido. Durante años, las compañías ferroviarias se han resistido a cumplir las normas federales sobre seguridad, para reducir costos. No afrontar medidas de seguridad, para ahorrar, supone riesgos que derivan en accidentes como el de Ohio, según los expertos.

Antes de producirse este accidente, la compañía Norfolk Southern estaba peleando activamente para anular las medidas de seguridad a nivel federal, que iban destinadas, precisamente, a mejorar los sistemas de frenado, pues seguían utilizando sistemas anticuados y poco efectivos.

A pesar de lo sucedido en Ohio, el tren que ha descarrilado, no estaba considerado «tren inflamable de alto riesgo», según el gobierno federal.

Y es que, en el momento de elaborarse las normas sobre seguridad ferrovial, los legisladores se pusieron de parte de la industria y limitó las regulaciones para mantener la seguridad en un alto estándar. La decisión eximió a muchos trenes que transportaban materiales peligrosos de ser clasificados como de «alto riesgo», abaratando los costes.

La compañía Nortfolk-Southern pagó millones a los ejecutivos y despidió a miles de empleados, dejando la compañía sin recursos humanos que pudieran evaluar adecuadamente los procesos de seguridad.

El descarrilamiento de trenes durante los últimos años se ha acentuado, debido, principalmente, a la falta de recursos destinados para garantizar la seguridad de estos transportes. En Nueva Jersey se produjo un descarrilamiento que filtró el mismo producto químico que el que ahora se encontraba en el tren de Ohio.

Fue en 2014, bajo la Administración Obama, cuando se propuso mejorar las normas de seguridad para los trenes que transportaban petróleo y otros materiales peligrosos. Después de la presión ejercida por la industria del sector, se centró la legislación en el transporte del petróleo, dejando los demás materiales sin cobertura.

En 2017, bajo el gobierno de Trump, la industria ferroviaria donó más de 6 millones de dólares a la campaña de los republicanos, que pasaron a rescindir la regulación que planteaba la necesidad de mejoras en el sistema de frenado automático de las vías a nivel federal.

Se anularon entonces las disposiciones legales que exigían que los vagones del ferrocarril que transportaban materiales inflamables peligrosos estuvieran equipados con sistemas de frenado eléctrico para poder detener los trenes de manera más eficaz y evitar así catástrofes como la que acaba de suceder en Ohio.

Una catástrofe que anunció Netflix hace dos meses

Las casualidades hacen que a veces la realidad supere la ficción. Y otras, como en este caso, que la calque.

La familia de Ben Ratner, según recoge CNN, se inscribió en 2021 para ser extras en la película «White Noise» (Ruido Blanco), como manera de participar en una «distracción divertida». Se apuntaron para participar en una película en la que se cuenta cómo un descarrilamiento ocasionaba una catástrofe medioambiental y de salud por el material altamente peligroso que transportaba el tren.

El rodaje tuvo lugar en East Palestine, precisamente el lugar donde ahora se han producido los hechos. La semana pasada, Ratner afirmó a la prensa que «la primera parte de la película es exactamente igual que lo que está sucediendo ahora».

La película, que puede verse en Netflix, está basada en un libro escrito por DeLillo, de 1985. No es la primera vez que una obra de este autor conduce a una coincidencia de este tipo y ya hay quien se pregunta cuántas probabilidades hay de que algo así pueda coincidir.

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