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La discapacidad sigue igual

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análisis

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No sé cómo comenzar a escribir estas líneas, pues hoy me he levantado… bastante desanimada con la vida en general y con la discapacidad en particular, pues tristemente he llegado al convencimiento de que la discapacidad tiene lo que se merece, salvo honrosas excepciones que están luchando para que nuestra situación cambie y mejore, para que se nos trate adecuadamente, para que se respeten nuestros derechos como personas que somos y como discapacitados que por diversas circunstancias de la vida, hemos llegado a esta situación.

Ayer un buen amigo me dijo que se había pactado modificar el artículo 49 de la Constitución para así adaptarlo a la Convención de 2006 modificando con ello el lenguaje, su estructura y contenido, ya no aparecerá la palabra “disminuido” sino que será cambiada por “discapacitado”, pero no es necesario hacer este tipo de modificación lingüística, es necesario ofrecer una nueva dimensión acerca de la protección de las personas con discapacidad, es preciso actualizar las necesidades de este colectivo, ya no es suficiente una concepción médico-rehabilitadora, es necesario una modificación que enfatice sobre los derechos y deberes como ciudadanos iguales.

Todo esta palabrería queda muy bien escrita, creo que es adecuada y necesaria, pero es más necesario y fundamental que se lleve a la práctica, que la sociedad realmente nos vea como iguales; que sanitariamente no exista discriminación a la hora de tratar con nosotros, pues simplemente por ser discapacitados, el médico no se dirige al paciente con discapacidad, nosotros, con el fin de explicarnos nuestra patología, prefiere hacerlo a algún familiar que en ese momento se encuentre cerca; que educativamente se acepte a nuestros hijos en colegios de educación ordinaria, no especial, pues la mayoría de los niños con discapacidad tienen la capacidad de seguir las clases al mismo ritmo que un chaval neurotípico y, si en algún momento necesitan algún tipo de apoyo, el propio colegio, con ayuda de profesores con formación suficiente para tratar este tipo de problema, que sirva de apoyo; que laboralmente deje de existir la segregación de nuestro sector hacia los Centros Especiales de Empleo (CEE), pues, en un porcentaje muy alto, la mayoría de los trabajadores en edad de trabajar con algún tipo de discapacidad tan sólo encontramos empleo en este tipo de centros, el acceso real el mercado laboral ordinario lo tenemos muy limitado por muchos motivos, uno de ellos, el dinero, los CEE reciben ayudas y subvenciones por la contratación de Personas Con Discapacidad (PCD), un dinero de todos que por desgracia no recibe el más mínimo control por parte de la Administración, otro motivo por el que existe ese tipo de segregación, porque es más cómodo y fácil a la empresa cubrir el 2% que exige la legislación contratando indirectamente a través de un CEE, pero en estos centros de trabajo no se respetan los derechos que tenemos, se nos paga tan sólo el 75% de la nómina, un 25% menos que a un trabajador sin discapacidad, no tenemos opción a la promoción interna (la mayoría de los CEE tienen en su dirección personas neurotípicas), no se suele adaptar el puesto de trabajo a las necesidades reales del trabajador, no cobramos nocturnidad, fines de semana, horas extras…

Al principio de estas líneas escribía que “…tenemos lo que nos merecemos…” y cada vez estoy más convencida de ello, porque somos un colectivo fácil, manipulable que entre nosotros protestamos pero somos incapaces de tomar la iniciativa, de levantarnos y decir, “BASTA, SE ACABO de sufrir de tantas injusticias”, puede que sea por miedo, por comodidad, por virgencita mejor que quedo como estoy y que los demás se apañen como puedan… no lo sé, o porque entre nosotros mismos establecemos segregación, ya que entre las personas que tienen una discapacidad que a simple vista se ve (cojera, ser ciegos, sordos…) esos si que cuentan, los que tenemos una discapacidad que no se ve, pues no contamos.

Algunos de nosotros intentamos, dentro de nuestras posibilidades, luchar y hacer algo para que esta realidad, que a grandes líneas he intentado reflejar en estas líneas, cambie y se nos trate y vea como iguales, somos injuriados por ello aduciendo que “estamos perjudicando a los discapacitados pues mal ejemplo estoy dando por estar de baja por enfermedad” “…si echo morro y digo que me duele una uña puedo estar de baja seis meses…” o bien “ella se quiere cargar a la empresa porque ha enviado una inspección de trabajo”, con estas acusaciones lo único que consiguen es seguir el juego a los lobbies, pues ellos saben que nunca vamos a hacer nada, porque somos un colectivo callado, silencioso y que por mucho que hagan no vamos a hacer nada en su contra.

En su momento me puse en contacto con una emisora de bastante peso en nuestra radio para explicarles la verdad de la discapacidad, especialmente en el mundo laboral que es algo que por desgracia conozco un poquito, esperando que este asunto les resultara importante, porque a todos se les llena la boca sobre la inclusión de las PCD y porque las subvenciones que dan es un dinero público que no tiene ningún tipo de control y que existen muchas lagunas legales en este sector, pero por desgracia, obviaron el asunto, entiendo que existen muchos intereses creados que no se atreven mover, es triste pero es así.

Nunca vamos a luchar por nuestros derechos e intereses, vi una luz cuando el Ministerio de Trabajo de Yolanda Diaz comenzó a redactar el borrador para modificar las subvenciones y ayudas que recibían los CEE, pero como no, los grandes lobbies se pusieron manos a la obra para que no se llevara a cabo, el motivo, muy fácil, si no reciben esas subvenciones y ayudas perderían un dinero muy importante, y tristemente, lo lograron, TODO SIGUE IGUAL, tuvieron la ocasión para que estos centros de trabajo fueran legislados adecuadamente, pero lo dejaron escapar. En su momento, la ONU, por medio de expertos, dio un toque de atención a España a consecuencia de la existencia de segregación el los CEE, pero como siempre, TODO SIGUE IGUAL son más fuertes los intereses creados y el bienestar de  unos pocos que la igualdad y poder vivir dignamente de unos muchos y, como dice la canción “…la vida sigue igual”.

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2 COMENTARIOS

  1. Buenos días,

    De verdad Yolanda, sin ánimo de ofender, no sé en qué país vive usted, pero gran parte de lo que usted describe en su artículo de opinión está muy lejos de la realidad de la discapacidad en España y se lo dice una persona con discapacidad que trabaja en un CEE.

    Donde yo trabajo nadie cobra por debajo del SMI, nadie, se paga la nocturnidad, las horas extra, las horas festivas, tenemos 1720 horas de trabajo efectivas al año, 28 días laborables de vacaciones y un montón de permisos retribuidos al año.

    En fin, creo que usted no ha superado aún su condición de «minusválida», que se ha quedado anclada en el pasado y que debería conocer un poco mejor su entorno y dejar de escribir y describir una situación de la discapacidad tan alejada de la realidad.

    Que tenga buen día.

  2. Yo por suerte SI he superado mi condición de «minusválida», palabra que por suerte ya está en gran parte en desuso, lo que no he superado es como nos tratan a la mayor parte del colectivo, me alegro infinito que en su CEE le traten como lo que es, un trabajador más y una persona igual a todos. Tampoco estoy anclada en el pasado, porque yo tan sólo llevo con la discapacidad desde hace 5 años, luego toda mi vida laboral ha sido en la empresa ordinaria, y ostras!!! que tortas recibí cuando comencé a trabajar en un CEE, yo no me baso solo en mi experiencia, me informo, pregunto, me cuentan otros discapacitados y, por desgracia el mayor número de ellos me narran historias como las que escribo y mucho más

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