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La fiebre

Silvano Baztán Guindo
Silvano Baztán Guindohttp://silvanobaztan.com
Además de estar licenciado y doctorado en Medicina, tras diversas formaciones que me dieron una visión multidisciplinar del ser humano, actualmente dedico mi atención a lo que llamo (de forma resumida) Medicina Psicosomática.
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análisis

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Recientemente, he leído un texto del Dr. Joseph Mercola, un profesional norteamericano de cuyos escritos suelo estar al tanto. Ha sido muy crítico respecto a la mentira oficial en el tema Covid- 19, pero ya antes se ha posicionado (también críticamente) en diversas temáticas en el ámbito de la salud.

El tema de este último texto al que me estoy refiriendo versa sobre la necesidad de preservar en la salud actual y futura a nuestros hijos. Y toma como base para escribir el artículo una entrevista al pediatra Dr. Lawrence (Larry) Palevsky.

Uno de los subtemas del artículo se refiere a la fiebre, a su papel en la fisiología de nuestro cuerpo y a los cuidados a tener en cuenta cuando aparece.

En mi práctica profesional, salvo en mi primera época trabajando en la urgencia extrahospitalaria, apenas me ha tocado atender a niños con fiebre. Lo que destaco de ese tipo de situaciones es el miedo desde el que, generalmente las madres, vivían esa fiebre.

La actitud habitual de los médicos ante la fiebre ha sido neutralizarla, abortarla, usando fármacos que, globalmente, se llaman antipiréticos (cuyo significado literal es «contra la fiebre»). Estamos en plena era farmacológica, y no se permite que nada en nuestros organismos se salga de lo que se estipula como función

«normal».

De ahí que hayamos construido una sociedad medicalizada al máximo. Desde los despachos de los médicos, prácticamente toda la realidad que describen las personas que acuden a consulta se mira con una lupa de aumento sostenida en una mano… y un talón de recetas en la otra.

Cualquier situación que muestre un pequeño desenfoque o desajuste de lo considerado como «estrictamente normal» es subsidiario de prescripción de uno o más fármacos.

Cuando se observa una inflamación, se receta un antiinflamatorio; cuando una persona no puede dormir, se le receta un hipnótico o un tranquilizante; cuando aparece un dolor, se le endilga un analgésico; cuando surge la acidez, se indica un antiácido… y así hasta el infinito.

En el caso de la fiebre, desde finales del siglo XIX, cuando los

laboratorios Bayer crearon la «aspirina», ésta se convirtió en el

«bálsamo de Fierabrás». Dicho en otras palabras más vulgares,

«la purga de Benito», algo que servía para neutralizar muchas situaciones.

Y había una razón química muy importante: es un producto con propiedades analgésicas, antiinflamatorias, antipiréticas (contra la fiebre), anticoagulante (más bien antiagregante plaquetario). O sea, un colmado de virtudes terapéuticas. Sirve tanto «para un roto como para un descosido»: desde protector antianginoso hasta preventivo de covid persistente.

El caso es que cuando la fiebre aparece, y más en un crío, las alarmas saltan en las familias. De ahí a comenzar a tomar un fármaco… no se tarda nada. Pero, ¿las personas ya saben qué es la fiebre? Más aún: los médicos en general y pediatras, ¿saben qué efecto tiene la fiebre sobre el cuerpo de una persona?

Se suele afirmar que cuando hay fiebre es segura una infección y eso no es así en todos los casos. Puede haber una infección, pero puede haber una inflamación sin infección, la fiebre puede denotar la existencia de una intoxicación, pero también puede traducir un aumento de las «revoluciones» en las que funciona nuestro organismo electromagnético por otros motivos, incluidas situaciones cancerosas.

Energéticamente, la fiebre nos está mostrando simbólicamente un aumento del «fuego», una situación de combate o lucha simbólica en la que nuestro sistema inmune, en alerta, comanda la restitución al anterior equilibrio, generalmente intentando sofocar ese hipotético foco inflamatorio-infeccioso o limpiar el acúmulo del tóxico que fuere.

La cuestión es que, habitualmente, las personas (y también los médicos) no suelen permitir que el cuerpo realice una de las funciones fisiológicas básicas para restablecer el orden ante una inflamación, infección o intoxicación: la creación de calor interno. Y echan mano del fármaco oportuno. Ya hace tiempo que para estos menesteres la aspirina fue sustituida por el paracetamol.

¡Craso error! Cuando el cuerpo más necesita de todos los recursos necesarios para limpiar ese escenario inflamatorio-infeccioso-tóxico, cuando sólo necesita del reposo, la calma, el calor y la hidratación pertinente, va y le meten un fármaco que, entre otros efectos, va a descender drásticamente el glutatión, una de las sustancias clave salvadoras de nuestra salud, neutralizador (entre otras funciones) de los radicales ácidos libres.

¿Qué hacer, entonces, cuando aparece la fiebre? No es tan importante la cifra numérica de los grados en sí misma. Es necesario calibrar el estado general de la persona, no sólo cuántos grados marca el termómetro.

Todo esto que estoy mostrando es una actitud general a mantener pero no es un dogma en sí mismo. Una persona, un niño, puede tener 37’5º y mostrar un estado general con baja vitalidad, baja reactividad, somnolencia, como aletargado… y otro puede tener 38’5-39º y estar más vital, reactivo…

¿Qué hacer ante cualquier duda? Lo primero, avisar o llevar directamente al niño al pediatra. Siempre hay que ver a la persona y valorar sus circunstancias, no sólo la temperatura que está alcanzando. No hay que jugársela. El profesional, tras una exploración, observará si detecta algún foco infeccioso o lo que sea, algo sospechoso… y actuará en consecuencia.

La tónica dentro del naturismo es dejar que el cuerpo descanse, duerma, no ingerir alimentos y estar muy al tanto de la hidratación: agua, infusiones y caldos. Son las condiciones adecuadas para que el propio cuerpo se encargue de limpiar ese escenario tóxico.

El cuerpo genera calor por lo que, generalmente, no es bueno en esas circunstancias dar alimentos fríos. Es imperativo acompañar a la persona en su proceso; sobre todo si es un niño pequeño.

¿Escalofríos? El cuerpo está intentando generar más calor. Tapa al niño con mantas… hasta que rompa a sudar; momento en el que está indicado quitar la ropa, aplicar unos paños húmedos y fresquitos en la frente e incluso darle un baño de agua templadita, no fría. Algo que le facilite mitigar el exceso de calor hasta que vuelva a tener tiritonas, si es el caso, y repetir el proceso.

La actitud adecuada es un acompañamiento que le ayude a relajar su cuerpo y tranquilizar su espíritu.

Y desde mi visión psicosomática de la enfermedad, intentaría ayudar a identificar cuál ha sido la situación desencadenadora de ese proceso inflamatorio para poder revertirlo con más rapidez. Todo dependerá de la zona corporal afectada y de la historia que la persona haya vivido durante los momentos anteriores al inicio de este estado.

Salud para ti y los tuyos.

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