Elena Rabade

La libertad de prostituirme

25 de Marzo de 2024
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libertad

Si en mi anterior artículo analizamos el garrafón de la palabra igualdad, el contenido inexacto y equivoco que en las últimas décadas se le atribuye, hoy nos toca la palabra LIBERTAD

¿Libertad para qué?  Y Volvemos a las leyes.

Las leyes también se elaboran para limitar las libertades, porque la libertad como todos los derechos tiene sus límites. Exactamente, donde empiezan los derechos de los demás. Y sus condiciones, el que tu decisión no se encuentre condicionada por tu situación de necesidad o de incapacidad física e intelectual para tomarla.

Si tú tienes unas condiciones permanentes o temporales que disminuyen tu capacidad para tomar decisiones, no eres libre cuando las tomas. Me explico, imaginaros una persona con un problema intelectual que la incapacita para comprender la decisión que está tomando, o un niño/a, o un anciano con deterioro cognitivo. O alguien bajo una fuerte medicación que limita sus capacidades, o bajo los efectos del alcohol o las drogas. Esto no quiere decir que me tomo una cerveza y no estoy capacitado, quiere decir que estoy afectado/a por la cantidad de alcohol que he ingerido. Estas serían incapacidades internas. 

Por otro lado, tenemos las incapacidades externas, aquí son mucho más abundantes y en muchos casos más sutiles para apreciarlas. Pero vamos a intentarlo, pongamos algún ejemplo, imaginaros una situación de necesidad extrema de tu familia, sin poder comprar alimentos, ni pagar la luz el agua, la calefacción, el alquiler de la vivienda o la hipoteca, con el riesgo de veros a todos en la calle. Las decisiones que uno toma para salvarse o salvar a sus hij@s o a sus padres en esa situación, tampoco son libres, pues, están condicionadas por una situación de necesidad. Imaginaros a un abuel@ dependiente de sus cuidadores hasta para ir al baño, a una menor dependiendo de sus progenitores o embaucada por una figura de autoridad como puede ser su maestro su profesor, o su marido. E imaginaros a muchas mujeres sometidas a culturas y religiones, cuyo grupo social las excluye censura y hasta su vida corre peligro, si no se casa con 12 años con el hombre elegido por la familia, se pone un burka, se cubre el pelo, se hace la prueba del pañuelo o se corta el clítoris.

Evidentemente, nos es imposible mencionar todos los condicionantes que supondrían como legalmente se define, una “libertad viciada”. Aquella en que realmente no existe libertad en las decisiones, porque hay un factor que fuerza u obliga a la toma de las mismas.

Por lo tanto, la libertad es tu capacidad para decidir, sin que invadas la libertad de los demás ni te afecte ningún condicionante momentáneo o permanente que te fuerce a tomar las decisiones.

Con todos estos mimbres expuestos yo me pregunto ¿Son libres las mujeres provenientes de países en situación de guerra o postguerra, de pobreza o de dictaduras, la mayoría sin formación, para elegir como sobrevivir y mantener a sus familias? ¿Son libres para ejercer en nuestro país la prostitución?

La mayoría de ellas, les dirán que sí.  Los motivos, múltiples. Desde un miedo atroz a quienes las engañaron y traficaron con ellas. Miedo a que las maten o les den una paliza o lo hagan con sus hijos o familiares en sus países. Hasta un mecanismo mental que las protege del horror y les dice que todo está bien, que es mejor disociarse y sobrevivir.  Que todo acabara bien y con ese dinero podrán llevar una vida mejor.

Lo más terrible que en todo caso tienen que sufrir estas mujeres, es ver como los demás miramos hacia otro lado o las culpabilizamos a ellas de ese tráfico y explotación humana. Mientras sus captores, chulos, proxenetas, traficantes o clientes, pasan por personas respetables integradas socialmente.

¿Por qué ellas están ahí porque quieren verdad? Ellas son PUTAS, una subespecie humana de calidad inferior. Y así las tratamos, las mujeres no nos mezclamos con ellas, y los hombres que acuden a sus servicios como pagan se permiten realizar actividades que jamás propondrían a una mujer sin pagarla.

Y los que pueden frenarlo miran hacia otro lado porque en este país los ingresos por prostitución constituyen un 0,34% del PIB. Y eso justifica muchas cosas.

En un intento por parecer decentes, vamos a tramitar una ley contra el tráfico de seres humanos. Que claramente permitirá la libertad de aquellas que “libremente” quieran ejercer la prostitución.

La libertad es un arma, y como toda arma se puede utilizar para defender o para agredir. Cuando se llene la boca con la palabra libertad, hágase dos preguntas, para qué la quiero y el que me la vende, la va a utilizar a mi favor o en mi contra, la va a utilizar para el progreso de la humanidad o para el sometimiento de la misma.

Otro día les seguiré hablando de Libertad

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