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La Pradera de San Isidro: un lienzo temporal de fiestas y milagros

De santuario a símbolo cultural: cómo el arte ha capturado el espíritu madrileño

Agustín Millán
Agustín Millánhttp://pompona22.wixsite.com/agustinmillan
Foto periodista especializado en manifestaciones y actos sindicales. Desde 2011 fotografiando la crisis más dura de la historia moderna. Responsable de redes sociales de la Cumbre Social España. Fotógrafo con 5 campañas electorales entre ellas la de Manuela Carmena y la de Enrique Santiago en IU Madrid.
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análisis

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La Pradera de San Isidro, ubicada en el madrileño barrio de Carabanchel, es más que un simple espacio verde en la ciudad; es un lienzo vivo que ha capturado la evolución cultural y artística de Madrid a lo largo de los siglos. Este recorrido por su transformación, visto a través del arte, revela cómo este lugar no solo ha sido testigo de la historia, sino también un participante activo en la creación de la identidad cultural de Madrid.

La romería a la ermita de San Isidro pintada por Goya en 1788. Museo del Prado.
La romería a la ermita de San Isidro pintada por Goya en 1788. Museo del Prado.

En sus inicios, la pradera era un lugar de peregrinación religiosa, marcado por la presencia de una ermita dedicada a San Isidro Labrador, construida en el siglo XVI y reconstruida en el XVIII. Esta ermita, junto al manantial milagroso asociado al santo, estableció el lugar como un punto de encuentro espiritual y social. Con el tiempo, la pradera se transformó en escenario de la vida cotidiana y festiva de los madrileños, reflejando el cambio de un espacio sagrado a uno de esparcimiento y celebración popular.

La pradera de San Isidro

La Fiesta de la Ermita

Una anécdota cuenta que durante las celebraciones de San Isidro, a menudo se veían majos y majas bailando el chotis, un baile típicamente madrileño, alrededor de la ermita. Era tal la afluencia de personas durante estas festividades, que los bailarines a veces se veían obligados a danzar sobre las tumbas de la ermita, lo que no dejaba de ser un espectáculo macabro para los visitantes más piadosos.

Un día de fiesta en la pradera de San Isidro con la ermita al fondo. Eugenio Lucas Villaamil
Un día de fiesta en la pradera de San Isidro con la ermita al fondo. Eugenio Lucas Villaamil

Francisco de Goya, uno de los artistas más emblemáticos de España, fue el primero en capturar la esencia vibrante de la pradera en el siglo XVIII. Su obra «La pradera de San Isidro» de 1788, aunque originalmente concebida como un diseño para un tapiz, se convirtió en un testimonio artístico del espíritu festivo y la vida popular de Madrid. Goya representó a los madrileños disfrutando de la festividad, en un lienzo que contrasta con sus más sombrías pinturas negras realizadas décadas después, mostrando la dualidad entre la celebración y la reflexión en su arte.

Vista de la Pradera de San Isidro, Madrid Grabado del siglo XIX
Vista de la Pradera de San Isidro, Madrid Grabado del siglo XIX, colección particular

El Manantial de los Milagros

Se dice que el manantial cercano a la ermita poseía aguas milagrosas. En una ocasión, un grupo de visitantes, escépticos de tales afirmaciones, decidió beber el agua esperando desmentir el mito. Para su sorpresa, uno de ellos, que había sufrido de dolores crónicos durante años, afirmó sentir un alivio inmediato, reforzando la leyenda del manantial milagroso entre los locales y visitantes.

La romería de San Isidro, Francisco de Goya, Museo del Prado
La romería de San Isidro, Francisco de Goya, Museo del Prado

El siglo XIX vio cómo otros artistas, como Giuseppe Canella y Ángel Lizcano, continuaron documentando la vida en la pradera, pero con sus propios estilos y enfoques. Canella, con su detalle costumbrista, y Lizcano, a través de sus imágenes de las ventas de las tradicionales rosquillas del santo, enriquecieron la narrativa visual del lugar, mostrando su evolución desde un sitio de peregrinaje a un centro de actividad social y cultural.

Fiestas de San Isidro de 1936. En la pradera de San Isidro, junto al río Manzanares.

Rosquillas y Romance en la Pradera de San Isidro

Ángel Lizcano plasmó en su lienzo «Las rosquillas del Santo» no solo a los vendedores y compradores del famoso dulce madrileño, sino también a parejas jóvenes que aprovechaban la festividad para intercambiar miradas y promesas de amor, demostrando que la pradera ha sido siempre un lugar de encuentro y romance.

Angel Lizcano - Las rosquillas del santo
Ángel Lizcano – Las rosquillas del santo

Entrando en el siglo XX, Aureliano de Beruete capturó la pradera desde una perspectiva más tranquila y paisajística, enfocándose en la vista de Madrid desde este punto verde. Sus obras contrastan con las representaciones anteriores, ofreciendo una visión más contemplativa y menos festiva, lo que refleja los cambios en la percepción y utilización del espacio con el paso del tiempo.

La pradera de San Isidro – Aureliano de Beruete, Museo de Arte Moderno de Tarragona

En la fotografía moderna, artistas como José Demaría Vázquez (Campúa) han capturado la pradera en el siglo XX, enfocándose en las festividades y la vida cotidiana del lugar, mostrando cómo sigue siendo un escenario vital para la expresión cultural madrileña. Asimismo, los carteles de las fiestas, como los diseñados por Elsa Suárez Girard en años recientes, siguen destacando la pradera como un símbolo clave de las celebraciones locales.

La fiesta de San Isidro, José Demaría Vázquez (Campúa)

En resumen, la Pradera de San Isidro ha cambiado de ser un sitio de milagros y devoción a un escenario de fiesta y cultura, reflejado y perpetuado por diferentes artistas a lo largo de los años. Cada obra de arte no solo captura un momento en el tiempo, sino que también contribuye a la narrativa continua de un lugar que es fundamental para la identidad cultural de Madrid.

Explanada del parque de San Isidro llena de madrileños el día de la fiesta de su patrón, en 1900.

Fiesta de San Isidro a principios del siglo XIX

La revista La Ilustración Artística del 8 de mayo de 1899 [Barcelona, Año XVIII. Núm. 906], publicó un grabado que lleva por título «La fiesta de San Isidro á principios de este siglo«.

El pintor Luis Álvarez Catalá quien fuese director del Museo del Prado entre 1898 y 1901-, retrata a los nombrados en una interpretación de la pradera de San Isidro en los inicios del siglo XIX.

La fiesta de San Isidro a principios del siglo XIX, cuadro de Luis Álvarez
La fiesta de San Isidro a principios del siglo XIX, cuadro de Luis Álvarez

La Pradera de San Isidro por Mesonero Romanos

El «curioso parlante», don Ramón de Mesonero Romanos, hace un relato del ambiente de la pradera en sus «Escenas matritenses» de 1845:

Madrileños en la pradera de San Isidro en mayo de 1900, en Mundo Gráfico

«Los puestos de santos, de bollos y campanillas iban sucediéndose rápidamente hasta llegar a cubrir ambos bordes del camino, y cedían después el lugar a tiendas caprichosas y surtidas de bizcochos, dulces y golosinas, eterna comezón de muchachos llorones, tentación perenne de bolsillos apurados. Cada paso que se avanzaba en la subida, se adelantaba también en el progreso de las artes del paladar; a los puestos ambulantes de buñuelos habían sucedido las excitantes pasas, higos y garbanzos tostados; luego los roscones de pan duro y los frasquetes alternaban con las tortas y soldados de pasta flora: más allá los dulces de ramillete y bizcochos empapelados ofrecían una interesante batería: y por último, las fondas entapizadas ostentaban sobre sus entradas los nombres más caros a la gastronomía madrileña, y brindaban en su interior con las apetitosas salsas y suculentos sólidos.

¡Qué espectáculo manducante y animado! Cuáles sobre la verde alfombra formaban espeso círculo en derredor de una gran cazuela en que vertían sendos cantarillos de leche de las Navas sobre una gran cantidad de bollos y roscones; cuáles ostentando un noble jamón lo partían y subdividían con todas las formalidades del derecho.«

Francisco Arias, Verbena de la Feria de San Isidro, colección particular
Francisco Arias, Verbena de la Feria de San Isidro, colección particular
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