martes, 28mayo, 2024
28.1 C
Seville

La total buenización del mal

José Repiso Moyano
José Repiso Moyano
Escritor español de larguísima trayectoria nacido en Cuevas de San Marcos, Provincia de Málaga, que ha publicado miles de obras en 50 años (literarias, de conocimiento,etc), y ha obtenido premios y reconocimientos por su participación en concursos, periódicos, revistas, recitales, programas de radio, acciones humanitarias y eventos literarios en todo el Mundo.
- Publicidad -

análisis

- Publicidad -

Lo que es ético no debe nunca beneficiar a alguna mentira en el mundo. La mayoría de los intelectuales planean o deciden con su rollos, relatos autococinados (mentalmente) o con sus líos de conveniencias alguna buenización de la sinrazón (o del mal). ¡Sin duda racional!

Sí, porque en cada uno de ellos se fortalece una valoración irracional (antiética) o se fortalece día tras día un “porque sí” enturbiador o inadmisible en una coherente inteligencia.  Algunas veces debido a que sirven únicamente a sus intereses, otras veces porque sirven a los intereses de un poder determinado sin restricciones éticas o a toda costa, otras veces porque sirven a esos emocionales (desequilibrantes) intereses de una estética (o de una moda o de un entretenimiento imperante-incontestable) casi con ritualidad o con infame fanatismo, sí, por lo que se enferma cualquier posibilidad de que ellos precisamente tengan una mínima capacidad para no contaminar-pudrir el mundo con sinrazones.

Es como si idolatraran la primera fachada-apariencia o euforia de un poder (de uno cualquiera, sí, al que nada más que se arrastran) sin un responsable asumir unas posibles y muy concretas consecuencias, y sin una mínima autocrítica. Es como si una vil valoración errónea (a veces en una estética) los volviera locos y, por ello, no terminaran de ayudar o de hacer famosa a cualquier estupidez o banalidad o mediocridad. Obvio es eso, ¡hasta el aire lo respira!, suciamente un influencer o un youtuber o un cacao mental de los que tiene contratados Telecinco son en realidad ya más famosos-engrandecidos que cualquier esencialidad o incluso que un sabio de verdad o incluso que lo que debe sólo importar éticamente en la sociedad. 

Es indignante que lo mediocre sea más famoso (y se lleve más recompensas) que lo que lucha (con tantos y tantos esfuerzos) contra la mediocridad. Es indignante.

¡Claro!, ¡dignamente sin miedo lo digo!, no disciernen ellos lo que es luz (eso que está avalado por ética-razón-decencia) y lo que es mierda, ¡no lo distinguen!, ¡y no lo valoran!  ¿Cómo van a valorar lo que no distinguen?

En verdad, a pie de lo más lógico, es al maravilloso decir-esfuerzo del que sólo demuestra limpidísima verdad a razón al que ellos deberían hacer famoso y no silenciar tanto. ¡Ah!; ¡pero ocurre satánicamente lo contrario!:  lo escupen con críticas infundadas, lo injurian, lo tapan, lo roban (en sus humanas posibilidades sociales de resistir)  e indudablemente ya lo excluyen, lo “fusilan” con todos esos ninguneos posibles. Así es. Así es sin cesar.

Y les da igual tiránicamente, ¡igual!, ¡porque casi todos cuentan aventajada y pillejamente con un poder o con un influir social nacido desde la sinrazón!  No sé, pero todos los Barrabás tienen la socialmentira a sus pies, sí, y viven de ella y triunfan infinitamente con su aprobación cómplice y repugnante.

En el fondo, la buenización de todo esto o de la sinrazón es lo mismo que la buenización del mal, ¡lo mismo!, pues es la cínica banalización de lo justo racionalmente y la debilitación de lo correcto, de lo correcto (pero avalado por racionalización con sus pruebas nunca interesadas, nunca miserables o nunca parciales). Al final la mentira siempre gana. ¡Eso es!

En ética, no hay algo más miserable o desalmado que el que tú (o cualquiera) vayas ayudando a que la razón no pueda ya ni respirar o se debilite, ¡oh sí!, o a que perversamente se vaya haciendo famosa una u otra sinrazón, porque prevalezca y se fortalezca en la educación o en las referencias de todos los niños del mundo. Y esto, tanto asco y terror causa, que no creo que algún modelo de bien lo consienta. ¡Ni uno!, en decencia consciente.

- Publicidad -
- Publicidad -

Relacionadas

- Publicidad -
- Publicidad -

DEJA UNA RESPUESTA

Comentario
Introduce tu nombre

- Publicidad -
- Publicidad -
- Publicidad -

últimos artículos

- Publicidad -
- Publicidad -

lo + leído

- Publicidad -

lo + leído