14 de Febrero de 2023
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charlatan2

Ya ha salido de casa con el morro torcido. Nada más llegar al portal se ha encontrado con una mierda de perro y un charco de orín. Otra vez el cerdo y antisocial del quinto B. El que sólo tiene derechos y ninguna obligación. Malhumorado pero sin tomar ninguna acción, ha esquivado la mierda y se ha dirigido a la estación de cercanías. Tiene que acudir al centro de la ciudad a buscar unas puñeteras botas azules que se le han antojado a su sobrina para su cumpleaños. Una chica caprichosa educada en que el “no” provoca estrés, ansiedad y traumas a los chavales y a la que le han consentido todo desde que nació. Lleva un mes recorriendo tiendas por su barrio, por el barrio aledaño, y hasta ha recorrido medio Madrid en busca de las puñeteras botas que seguramente ha visto en alguna revista. Anoche, otra sobrina, esta menos caprichosa, más juiciosa y mucho más sensata, le puso un WhatsApp  y le dijo que había visto unas en la Calle del Carmen.

Llega el tren al andén después de haber retrasado su llegada en el cartel informativo tres veces y tras cuarenta minutos de espera. En ese tiempo, la estación ha ido acumulando gente hasta casi llenarse. Cuando para, el convoy abre todas sus puertas y una voz desde la megafonía informa que el tren no admite viajeros. Sin dar más explicación. A los ya existentes en el andén, se suman los pocos pasajeros que iban dentro del tren. Una señora cuarentona que lleva tacón de aguja, falda larga, blusa de seda y americana a juego con la falda, la emprende a golpes con el bolso en la puerta del tren que alberga al maquinista. Jose Julián, el parado que se dirige al centro en busca de las botas para su sobrina, acompaña en los gritos a la cuarentona ejecutiva que está lanzando improperios al personal de RENFE y en especial al conductor del convoy al que le dicen que no tiene vergüenza. Cómo si hubiera sido él, el que hubiera roto adrede la máquina para fastidiar a los viajeros.

Una hora después llega a la calle del Carmen. Las botas no son de color azul acero, sino azul cobalto.  Sabe que la sobrina le va a decir que esas no son las que ha pedido, pero le da igual. Menudo «díita» lleva. Compra las botas y vuelve a casa.

Cuando llega, Alamanda, su mujer, le dice que le duele la cabeza y que tiene fiebre. 38,2 º. La ayuda a ponerse el abrigo y se dirigen al ambulatorio del barrio que está a poco más de treinta metros de su casa. Cuando llega, un cartel les dice que no hay médico de urgencias y que les atienden en enfermería. Lo que le faltaba a José Julián, que se acerca dando voces, echando espuma por la boca, con la carótida a punto de explosionar al mostrador de admisión, no para reclamar médico, ni para poner por escrito sus quejas, sino para insultar a todos los administrativos que están allí con bata blanca: «sinvergüenzas, ladrones, criminales, hijos de puta, vagos ...» son las lindezas que salen entre perdigones de saliva por la boca de Jose Julián. Su mujer, la pobre, se ha quedado en la puerta de la enfermería. Al rato, una chica muy simpática le dice que si quiere, hay un médico en consultas externas y que si sube y espera a que no haya nadie, le atenderá seguro. Cuando se dirige a las consultas y ve a su marido montando el cisco en recepción. Las lágrimas recorren sus mejillas. Cada vez le duele más la cabeza y cree que le ha subido la fiebre. Se sienta lívida en un banco de la recepción. Respira con dificultad. Una persona con bata blanca le atiende. Es el médico que ha salido de la consulta por el escándalo. La pasan a un despacho vacío. Le toman la tensión y la temperatura. Sigue con fiebre aunque menos. Ahora tiene 37,5 º. Ya relajada, le hacen una exploración completa y por los síntomas que relata deciden que no es nada. Una crisis de ansiedad junto con algún virus o gripe. Le dan instrucciones de que tome paracetamol cada 8 horas, que beba agua y que se vigile. Si no le sube la fiebre a más de 38,5 no hay que preocuparse, le dicen.

Una vez calmada y atendida, Jose Julián y Alamanda vuelven a casa. Aún le queda media hora al programa de Ana Rosa. Allí, en el programa de la Terradilos por la tarde y el hormiguero por la noche, es dónde Jose Julián alimenta su intelecto, adoctrina su opinión y dónde recibe la dosis de odio diario a lo público.

Jose Julián, vive en un barrio en las afueras de Madrid. Una casa de 50 metros cuadrados que tiene más de 70 años. Una casa que han podido reformar y mejorar gracias a que echaron al PP y Ahora Madrid estuvo una legislatura en el Ayuntamiento y acabó solucionando, a base de subvenciones, una problemática con la que llevaban 60 de los 70 años que tiene la casa. Apenas si tienen cosas de valor dentro. Por no haber no hay ni ordenador. Una tele grande, una lavadora vieja, un frigorífico sin congelador y un móvil que no lo quieren ni en África.

Pero Jose Julián, paga 25 euros al mes para que una empresa de seguridad le controle una alarma por si le entran los ocupas mientras está en el médico. Jose Julián es acérrimo defensor de Ayuso. Los culpables de que la sanidad no tenga médicos son los funcionarios que son unos vagos. Que el tren se rompa por falta de mantenimiento, no es culpa de la Comunidad de Madrid sino de los propios trabajadores de Renfe que son unos cafres.

Acaban de comer y Jose Julián se sienta a ver a Risto. Alamanda no puede ni con su alma. La gripe le está dejando machacada. Pero tiene que fregar porque si no lo hace, los platos no se fregarán solos.

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Ladinos

Decía el otro día Esther Palomera, (ex-ABC, La Razón, Cadena Ser y actual subdirectora de eldiario.es, el nuevo Lo País), en una trifulca en Twitter con Pablo Iglesias, que «lo que es noticia y lo que no, lo deciden los periodistas. Las clases de ética periodística no las dan los políticos». Una osada afirmación que dice mucho y explica por qué la prensa española es la menos creíble de toda Europa y por qué aquí la corrupción está ramificada como un cáncer desde las instituciones a las redacciones de los medios de incomunicación y adoctrinamiento. Y que esa ramificación ha provocado una metástasis en la sociedad española que no habrá quimioterapia ni operación posible que acabe limpiando la hijoputez, el cainismo y la estupidez de una sociedad que se está enterrando a sí misma.

Lo peor de todo es que esa osada afirmación de Esther Palomera es verdad verdadera, como dice mi amigo Toni. Una verdad que hace de una nimiedad un tremendo problema social. Una verdad que hace que en el país con menos índice de criminalidad de occidente, España, muchos españoles crean que salir a comprar y dejar la casa vacía puede significar que cuando vuelvas te la hayan ocupado la casa (lo que es legalmente imposible). Todo porque a las empresas editoras, cuyo capital accionarial está formado en su mayor parte por bancos, fondos de inversión y emprendedores (vividores) les interesa vender miedo y con él que suban las acciones de las empresas de alarmas donde tienen diversificado el negocio.

Una verdad que ha llevado estos días a una tremenda polémica surgida del centro neurálgico de la cloaca periodística, en la que, con la entrada en vigor de la llamada «ley del si, es sí», aunque sólo 3 de cada 10 revisiones hayan tenido rebaja, sin embargo, por los minutos, los debates y la respuesta obtenida por parte de ese partido, el PSOE, que siempre es/está más escorado hacia los intereses de la derecha tradicional que a los de aquellos que dice representar, parece que se hubieran liberado a todos los depredadores sexuales que hay en las cárceles españolas. Y es que en realidad, todo es una polémica interesada, encuadrada en el año electoral en el que estamos. Una campaña de la prensa servil, que no informa y que adoctrina y manipula y que ha convertido una gota de agua en un tremendo diluvio de carácter bíblico.

Porque el cinismo de esta gente es tan tremendo, la jeta es de tal calibre que los que han estado y están sosteniendo al mayor manipulador mediático de España, al que algunos llaman el cloaquero mayor, repudiado hasta por el Sindicato Nacional de escritores de USA, esta semana ponían el grito en el cielo porque el periodista Seymour Hersh, premio Pulitzer por la investigación sobre la masacre de My Lai en Vietnam, una veintena de menciones y premios por diferentes investigaciones y exclusivas sobre torturas en Irak, enriquecimiento personal de dirigentes del pentágono con la guerra en Oriente Medio, publicaba en Substrack una revelación, que muchos ya intuíamos, sobre la voladura del gasoducto Nord Stream-2 que unía Rusia con Alemania, por parte de la marina de USA con el conocimiento, colaboración y pasividad de Noruega. Bien, pues estos que siguen acudiendo diariamente a los platós de las mayores cloacas periodísticas de este país, se ponían exquisitos y aseguraban que una noticia no puede publicarse si no hay más de una fuente y que si fuera verdad, Saymour revelaría su fuente. Ellos que han sido capaces de echarle la culpa a Rusia de varias de las masacres producidas por el ejército ucraniano, con la única fuente de Zelenski. Ellos que no han movido ni un sólo dedo para liberar a su compañero Pablo González que lleva detenido ilegalmente en Polonia, cerca de un año y que se sirvieron de las exclusivas de WikyLeaks para vender minutos de publicidad y luego han  dejado que Julian Assange fuera detenido y maltratado como dejarán que acabe muriendo torturado en la prisión de alta seguridad de Belmarsh (RU)

Quizá querido lector, te digas a ti mismo que no es para tanto y que esto no te afecta. Pero nada más lejos de la realidad. Esta gente pone el foco en lo que le interesa al hijoputismo y por tanto, lo quieras o no están dirigiendo tu vida. Desde hacer de una guerra injusta, que nada tiene que ver con la independencia de Ucrania ni con la libertad de sus ciudadanos, sino con los intereses económicos del imperio americano, la causa de todos, (hasta tienen la desvergüenza de hacerse pasar por pacifistas),  hasta la destrucción total de la sociedad humana a base de alimentar el consumo exponencial, el crecimiento económico como bienestar social, o el disparate intelectual de que el agua de los ríos que acaba en el mar, es agua desperdiciada y que lo más importante no son las personas, sino la economía.

Todo un absoluto dislate. Porque como decía el otro día Eudald Carbonell, el bienestar no lo da el crecimiento constante, ni el consumo excesivo, ni la capacidad de almacenar cosas. El bienestar social lo dan unas relaciones humanas fluidas y solidarias y no las relaciones sociales conflictivas con las que se hacen millonarios unos pocos.

Salud, decrecimiento, ecología, feminismo, república y más escuelas públicas y laicas.

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