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Las europeas en España dejan las espadas en alto

Vicente Mateos Sainz de Medrano
Vicente Mateos Sainz de Medrano
Periodista y Doctor en Teoría de la Comunicación de Masas.
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análisis

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Los resultados del 9J no alteran, en lo sustancial, el reparto de cartas entre PSOE y PP, porque ninguno ha conseguido lo que pretendía, aupados por unas encuestas previas que han vuelto a fallar estrepitosamente, como demostración de que su valor como referente político sigue a la baja. No obstante, se pueden extraer algunas conclusiones significativas como son el nulo impacto de la Ley de Amnistía y del acoso y derribo contra la compañera el Presidente Sánchez, usados hasta la extenuación como armas estratégicas del PP para alcanzar el objetivo de superar al PSOE en un número de eurodiputados significativo, como para exigir al inquilino de la Moncloa la convocatoria de elecciones generales.

A estos efectos, la ventaja obtenida por el PP es insuficiente y da pábulo a las voces soterradas en el partido, sobre la necesidad de redefinir una estrategia que ya no sirve ante la evidencia de que la Legislatura, superados los procesos electorales, llegará hasta el final. Redefinición necesaria al constatarse que Feijóo no sabe cómo parar el crecimiento de VOX, y, más, cuando surge otro dolor de cabeza para sus aspiraciones: el émulo de Miley, Alvise, y su grupo de neofascistas reclutados entre los jóvenes.

Tampoco el PSOE ha logrado la remontada augurada por el CIS, pero ha salvado los muebles frente al desiderátum desatado de toda la derecha nacional contra Sánchez, con los aliados mediáticos y judiciales como arietes, para liquidarlo políticamente. Objetivo fracasado pues los resultados confirman que el PSOE ha rozado el empate técnico gracias a un suelo electoral sólido. Suelo que debe seguir labrando y acrecentándolo mediante la gestión y puesta en marcha de políticas reformistas ineludibles que benefician a las clases populares y medias, que tanto chinchan a la derecha porque les recortan sus espacios de poder y privilegio.

A su izquierda, SUMAR también debe reconfigurar su estrategia vistos los malos resultados obtenidos que han obligado a su lideresa Yolanda Díaz a dimitir,por sus muestras de ordeno y mando en la elección de candidatos en las sucesivas elecciones, para suplir la ineficacia demostrada en la articulación del proyecto como partido político federalista. Paso que requiere de dedicación exclusiva difícil de compaginar con la Vicepresidencia del Gobierno, pues dificulta la reflexión sobre lo que se quiere construir donde debe primar la voz de las partes en sus territorios, y no el dirigismo centrípeto de una líder que, con dignidad, ha asumido su responsabilidad en la hora del fracaso.

No me gustaría pensar que en Podemos se estén frotando las manos por el fracaso de SUMAR, para ocultar su propio desastre contrastado elección tras elección. En las del domingo perdió cuatro eurodiputados de los seis que tenía, y el cincuenta por ciento de los votos. Hoy Podemos ya no sabe cómo recuperar el proyecto ciudadano coral perdido por un liderazgo caudillista que se envenenó a sí mismo cuando tocó el cielo del poder. Hoy, Montero y Belarra, las nuevas lideresas, forman un tándem de cromos intercambiable, sin más proyecto que ir a rebufo y a la contra del PSOE, con el mantra irreal de que gracias a ellas se ponen en marcha políticas de verdadera izquierda. Si Sumar y Podemos no dejan a lado los liderazgos desnortados en pos de un proyecto común, seguirán cavando su fin.

Significativo es el varapalo mayúsculo para Junts, que se queda con un escaño de los tres que tenía, y para su líder Puigdemont que ve como se desvanece su anhelo imposible de volver a presidir la Generalitat. Y también es un palo la participación, por debajo del cincuenta por ciento, que refleja que el apego hacia el proyecto europeo está en sus horas más bajas.

Dato corroborado por el ascenso de la ultraderecha anti europeísta en Francia y Alemania, donde los resultados han supuesto una convulsión mayor de la esperada que ya veremos en los próximos meses en que depara. El único rayo de esperanza es la reaparición de los socialistas en Francia e Italia, irrelevantes en las últimas décadas. En el país vecino empatados en el segundo puesto con el partido de Macron, y a cuatro escaños de Meloni, mientras que en Portugal vuelven a ser primera fuerza, igual que en Suecia. El mayor fracaso para los socialdemócratas en el poder se ha dado en Alemania donde gobiernan en coalición y han quedado cuartos.

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