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Las gafas de Manuela Carmena

30 de Junio de 2017
Actualizado el 02 de julio de 2024
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Manuela Carmena
Todos los grupos de la oposición en el Ayuntamiento de Madrid han aprobado la reprobación y petición de cese de los concejales Carlos Sánchez Mato y Celia Mayer, pero Manuela Carmena sigue con su discurso según el cual todo va requetebién en Madrid. En el Pleno de la reprobación vimos también una acertada intervención de la Portavoz de Cultura del Grupo Socialista, Mar Espinar, sobre la gestión de los emblemáticos centros culturales de los barrios madrileños convertidos por Podemos –denuncia la oposición sin fisuras- en agencias de colocación de amigos y afines. No es la primera vez que Espinar da un rapapolvo al podemismo en el Pleno pero es como la excepción que confirma la regla del desdibujamiento socialista en el órgano de gobierno madrileño.Mientras tanto, la alcaldesa continúa dirigiéndose a sus auditorios como si de niños pequeños se tratara. No tiene en cuenta que ya son mayores de edad salvo que el proceso creciente de infantilización de las sociedades acabe dándole la razón. Sin embargo, los votantes son capaces de ver lo que ocurre sin que les cuenten cuentos. Más aún en los niveles municipales donde todo se toca, se pisa y se huele. Carmena, en cambio, parece que no lo entiende así.Lo cierto es que en la ciudad que se ve a través de las gafas de Carmena hay flores en las aceras y no bolsas de basura sin recoger. Lo dijo en el último debate sobre el estado de la ciudad. El populismo, al que Manuela Carmena se ha apuntado, viene a ser como el sucedáneo tramposo de los grandes relatos ideológicos, y en las ciudades bellas como Madrid es donde la contradicción es evidente. Lo es porque el discurso se enfrenta de forma sangrante con la suciedad, los ruidos y los atascos. La vida, en fin, que bulle y se queja cuando no la organizan bien.Manuela Carmena anda ahora en meditaciones sobre su futuro político. Su ego ha encontrado, ya pasados los setenta, su gran momento de gloria en la alcaldía madrileña. Tiene un grave problema político con su grupo de apoyo, Ahora Madrid, que es en realidad un conglomerado heterogéneo en el que las piezas encajan a duras penas. Carmena lo sostiene como puede. Mirando para otro lado, mirando con sus gafas.De ahí la dificultad de mover la silla a los ediles imputados Carlos Sánchez Mato y Celia Mayer. No quieren irse a pesar de lo que dice un código ético que Podemos presentó a bombo y platillo como la prueba irrefutable de todas las purezas. Pero las voces se multiplican en su contra: “Una imputación es una imputación”, repite el nuevo Portavoz del PP en el Ayuntamiento de Madrid, José Luis Martínez-Almeida. Y hasta Pedro Sánchez pide la dimisión. La reprobación ha sido total y en bloque. Una imputación es la delgada línea que atraviesan con facilidad los ejércitos integrantes de la nueva política para convertirse en casta y hasta en caspa aferrada a la moqueta gubernamental.Así es por más que nos quieran contar otra historia. Manuela Carmena capitanea, con o sin escrúpulos, el aparataje llamado Ahora Madrid donde el populismo se confunde con la izquierda sin orden ni concierto. Ya puede poner solución la izquierda a este problema si no quiere morir en le gran lodazal donde el corto plazo y los caudillajes de camisa blanca confunden mentes y horizontes.El Pleno del Ayuntamiento de Madrid es una maqueta absolutamente significativa de la encrucijada en la que se encuentran los partidos socialistas en Europa. De momento la partida la gana el populismo que desde sus gafas de colores proyecta una realidad donde el blanco es negro, el vicio virtud, el odio amor, y la imputación judicial es o no es dependiendo del color que lleve su camiseta el imputado.Así son las gafas con las que Manuela Carmena recomienda que miremos la capital de España, por más que ella haga algún que otro esfuerzo por distanciarse del gran batiburrillo.
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