“Las madres están siendo acusadas de ‘alienación parental’ y están perdiendo a sus hijos por querer protegerlos”

13 de Abril de 2024
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Sonia Vaccaro-OK

La sociedad en general da la impresión de que actúa a impulsos en la lucha contra la violencia machista hacia las mujeres y sus hijos, apenas cuando se producen casos de feminicidios y se arrojan las cifras periódicas de denuncias de víctimas registradas en los juzgados contra sus agresores, un goteo que no cesa y que muestra, año tras año, cifras escandalosas de mujeres y menores de edad asesinados por el terrorismo machista. Expertas en esta lucha, como la psicóloga clínica y forense Sonia Vaccaro, llevan advirtiendo hace décadas sobre los puntos comunes donde convergen los patrones de actuación de maltratadores y feminicidas. De hecho, esta experta acuñó el término ‘violencia vicaria’ para denominar la violencia que el agresor machista ejerce sobre sus hijos menores con el propósito de causar el mayor daño posible a su pareja o ex pareja. Vaccaro lleva desde 1990 centrando su práctica profesional en la prevención y asistencia de la violencia contra las mujeres, asistiendo a las víctimas, realizando peritajes, haciendo formación a profesionales y brindando asesoramiento a instituciones y organismos públicos y ONG.

¿Por qué ha llegado definitivamente ahora el momento de activar los protocolos necesarios para un estado de alarma por terrorismo machista?

Las cifras hablan por sí solas: se han producido siete asesinatos de niñas y niños a manos de sus “padres” en los cuatro meses de este año. Aunque el estado de alarma tendría que haber sido hace ya mucho tiempo. Las profesionales y las madres que intentan proteger a sus hijas e hijos lo están pidiendo hace años. Esto ha ido a más, y si no hacemos algo drástico y contundente, continuará.

“Un maltratador no es un padre, padre es otra cosa”

¿En qué notarían las víctimas de la violencia de género, tanto mujeres como sus hijos, que este estado de alarma está activo?

Lo esperable sería que se traduzca en el cumplimiento de la ley: la suspensión de las visitas, orden de alejamiento y que la misma protección que se da a una mujer que denuncia violencia se les dé a los hijos. Hoy en día, no solo no se está haciendo (aunque la ley así lo indica), sino que se está quitando la custodia a las madres para otorgársela a un hombre denunciado por violencia o incesto. Las madres están siendo acusadas de “alienación parental” e interferencias, y están perdiendo a sus hijos por querer protegerlos. Y esas criaturas están siendo obligadas a convivir con un maltratador sin tener contacto con su madre, o castigadas siendo ingresadas en un instituto de menores. A las mujeres, cuando denuncian, no se las cree, a las niñas y a los niños, tampoco. Se parte de la premisa de falsedad del testimonio. Las mujeres no quieren denunciar por esto: no se las escucha, no se las cree.

A estas alturas, preguntar qué está fallando en el sistema de protección a estas víctimas es casi como pedir un remedio eficaz contra el envejecimiento. ¿Hacen las instituciones en general todo lo humanamente posible a día de hoy en España para evitar el inconcebible goteo de feminicidios y mujeres denunciantes de violencia machista?

Las instituciones las componen las personas, y la mayoría de las personas que trabajan en las instituciones conservan un pensamiento patriarcal, que hace que a la mujer cuando denuncia no se le crea y cuando concurre a la justicia se la acuse de mentir y/o se ponga en cuestionamiento su relato. Es a la única víctima (junto con los niños/niñas) a quien se somete a una “prueba de credibilidad del testimonio”. Las y los profesionales que están cambiando esta forma de actuar, son la excepción, no la regla, y están privados de medios suficientes, se ven obligadas a extender su horario laboral y a veces sufren la crítica de su entorno. Estamos frente a un grave problema que mata y amenaza de muerte a la mitad de la población mundial: las mujeres, a sus hijas y a sus hijos, y si no se considera la gravedad de esto, no se podrá paliar lo que sucede e irá incrementándose de modo exponencial. Las medidas que se tomen deben ser radicales, y con tolerancia cero. No puede haber medias tintas para erradicar un delito como este.

“A las mujeres, cuando denuncian, no se las cree; a las niñas y niños, tampoco. Se parte de la premisa de falsedad del testimonio”

¿Qué relación directa guarda el escandaloso incremento de menores asesinados por sus padres varones con la oleada actual de negacionismo de la violencia machista, o simple pasividad, incluso a nivel institucional, desde determinadas formaciones políticas?

Directa, el negacionismo viene a reforzar las acciones de los violentos, les dice: ustedes pueden hacer lo que quieran, tienen razón en “ponerse así” y la impunidad está de vuestra parte. El machismo anida en la mente de un imaginario patriarcal que refuerza el accionar de los maltratadores, que a su vez, se creen con razón, pero cuando las instituciones y el sistema se las otorga, se engrandecen más y refuerzan sus conductas violentas. No podemos permitir que todo el trabajo hecho hasta hoy, involucione. Estamos regresando a la casilla de partida.

Ni siquiera cuando existía unanimidad y unidad política en la lucha contra la violencia de género, hasta que llegó Vox a las instituciones, se logró frenar un fenómeno estructural que arroja unas estadísticas escandalosas año tras año. ¿Qué hacer ahora precisamente cuando la tendencia regresiva en esta lucha parece que gana terreno?

Erradicar la violencia contra la mujer, sus hijas e hijos (porque en la violencia de género, las hijas e hijos son siempre víctimas directas), no depende de un solo factor. El patriarcado tiene más de 5.000 años, y no se puede erradicar en 30 años, pero si se sensibiliza a la sociedad, se educa a las nuevas generaciones, se legisla y se aplican leyes con perspectiva de género, podremos erradicarla o paliarla. Hoy en día, no solo no la estamos disminuyendo, sino que el negacionismo vino a remitirnos a la casilla de salida. Yo creo que falta mucha formación, mucho conocimiento acerca de qué estamos hablando cuando hablamos de violencia basada en el género y cuando decimos que un maltratador no es un padre, padre es otra cosa. España ha sido modélica en Europa y en América latina, tiene un corpus jurídico excelente, ha hecho sensibilización y formación sostenida, ha abierto centros de asistencia específica para mujeres víctimas de violencia y para sus hijas e hijos. Es verdad que en el último tiempo se desviaron algunos asuntos que debían sostenerse y se dejó de lado a las hijas e hijos. No podemos permitir que años de trabajo arduo retrocedan.

“La mujer denunciante de violencia machista es la única víctima, junto con los niños/niñas, a quien se somete a una ‘prueba de credibilidad del testimonio”

¿Se produce este desajuste entre una avanzada legislación y su aplicación simplemente por falta de medios o más bien por ausencia de sensibilidad en algunos de los estamentos implicados en esta lucha: fuerzas y cuerpos de seguridad, justicia, forenses, equipos psicosociales…?

Creo que hay todo eso: falta de medios suficientes para las y los profesionales que trabajan con perspectiva de género e infancia unidas, hay falta de sensibilidad, falta de formación y desconocimiento, mucha ignorancia acerca de temas específicos que, aunque se ostenten cargos que

debieran tener implícito ese conocimiento, no es así. Hay que seleccionar muy bien a quienes trabajen en esta temática, la formación no puede pasar por juntar titulaciones que, lejos de formar, a veces deforman, orientando el foco contra la víctima. Es necesario formar y convocar a gente apta (comprobadamente apta) para puestos de decisión en violencia contra la mujer, sus hijas e hijos, no basta gente con buena voluntad, este es un delito específico que necesita del conocimiento de los factores que lo producen, no puede tratarse como cualquier otro. Hacen falta políticas públicas diseñadas por gente experta, que conozca en el terreno cómo es el accionar de un maltratador, el padecimiento de la víctima, que sepa victimología, no solo los derechos del agresor. Las víctimas son la parte olvidada de todos los delitos, pero en este, más aún, Aunque no lo creamos, pervive solo el interés superior del denunciado, y así la balanza jamás será ecuánime.

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