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Los cardenales trumpistas mueven sus hilos para acabar con el papado de Francisco I

Tras la muerte de Benedicto, los cardenales y grupos más reaccionarios presionan para que Bergoglio renuncie al pontificado y convoque un nuevo cónclave

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Los “lobos” del Vaticano regresan tras la muerte de Benedicto XVI. A partir de ahora los sectores más poderosos de la Curia Romana ven el camino libre y allanado para acosar con más fuerza a Francisco I, que tras el fallecimiento de su predecesor queda en una posición de mayor debilidad. Los “lobos”, más que los lobbies, son esos oscuros grupos que transitan por los pasillos vaticanos: los teólogos más fanáticos que niegan el Concilio Vaticano II, los sucesores de la Santa Inquisición, los que alternan con la sectas más reaccionarias del catolicismo, los bien conectados con los partidos ultraderechistas y las élites financieras, los confidentes de la mafia y de la banca y en general esos poderes fácticos corruptos que entienden la Iglesia no como una organización al servicio de la humanidad sino como una multinacional que rinde pingües beneficios.

El trumpismo eclesiástico existe, claro que existe, y sin duda está dispuesto a darle un golpe de Estado al papa Bergoglio, con el que ni comulga ni va a misa porque lo ven como un “rojo peligroso”. Francisco es perfectamente consciente de que tiene al enemigo dentro de casa. No hace falta recordar que Walter Brandmuller, uno de los cardenales que amenazaron con declarar “ilegítimo” al actual Sumo Pontífice por su aperturismo humanista, se la tiene jurada. En mayo de 2019 los obispos trumpistas, también llamados críticos conservadores, acusaron a Bergoglio de cometer herejía y pidieron a todos los obispos del mundo que lo censuraran y, si era necesario, declararan ilegítimo su pontificado. Los 19 firmantes de una polémica carta estaban asociados principalmente al movimiento tradicionalista y con anterioridad fueron signatarios de la amonestación pública Correctio Filialis de Haeresibus Propagatis (Corrección amistosa al Papa Francisco por la propagación de herejías) de 2017, suscrita por 62 teólogos y clérigos, a raíz de la exhortación apostólica postsinodal Amoris laetitia. Benedicto XVI les paró los pies en su momento (“solo hay un papa y se llama Francisco”, le dijo Ratzinger al cardenal Brandmuller en su momento), pero ahora, ya muerto el emérito, Francisco pierde ese bastión, ese parapeto que de alguna manera frenaba a los ávidos lobos, funcionarios al servicio de la extrema derecha ávidos por implantar su ideología más ultra en la jerarquía eclesiástica.

Hay muchas cosas que los lobos no perdonan a Francisco, entre otras que el papa argentino haya abierto la posibilidad de ofrecer la comunión a los divorciados que se vuelvan a casar, la condescendencia y el perdón a los homosexuales, el debate sobre la posibilidad de conceder el matrimonio a los sacerdotes, el problema secular sobre la falta de igualdad entre mujeres y hombres, entre monjas y curas (hoy no existe, ya que ellas no pueden oficiar) y la prohibición de dar misas en latín tal como le gustaba hacer a Ratzinger siguiendo las tradiciones y usos de la Edad Media. Los cardenales trumpistas o anti Francisco estás pefectamente identificados: Carlo Cafarra, Joachim Meisner, Raymond L. Burke y el propio Walter Brandmüller, entre otros muchos. Ya están moviendo sus peones en las sombra para hacer valer sus ideas reaccionarias en el próximo cónclave e incluso para que no se vuelva a repetir un Bergoglio II.

¿Cuánto resistirá Francisco, a quien, que no lo olvidemos, le están pasando factura los achaques de la edad? Esa es la gran incógnita. Por Roma corre el intenso rumor de que las presiones sobre el Sumo Pontífice son fuertes, de manera que Bergoglio podría estar preparando ya su renuncia siguiendo los pasos de su predecesor, que abrió el histórico camino de la abdicación. De momento, la Basílica de San Pedro acoge la última despedida al papa Benedicto XVI, fallecido el pasado sábado 31 de diciembre a los 95 años. A lo largo de los tres días de capilla ardiente, miles de personalidades y feligreses han despedido al primer papa que renunció a su cargo en seis siglos. Este jueves se le ha dado un último adiós en un funeral solemne presidido por un preocupado papa Francisco, un hombre agobiado no por su futuro personal, que lo tiene asumido con resignación cristiana, sino por el futuro de la Iglesia católica que se enfrenta a desafíos históricos.

Con el funeral por Benedicto XVI se cierra la era de la convivencia de dos pontífices en un mismo tiempo. El féretro, que ha salido a hombros por la puerta de San Pedro, reposa ya en la plaza. A las 9.00 horas ha dado comienzo la misa funeral, con la entrada en la plaza del papa Francisco. El evento fúnebre ha finalizado a las 11.00. El funeral no ha sido de Estado, por lo que han asistido menos autoridades y representación política de lo que cabía esperar. Es más, las únicas delegaciones invitadas de manera oficial han sido las de Italia y las de Alemania, país natal del pontífice finado. Tampoco se ha decretado luto oficial en Italia.

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3 COMENTARIOS

  1. dios,es usted vomitivo!
    Antes de Trump,mucho antes,ya estaban los del Opus Dei,secta catolicofascista,manejando los hilos para acabar con Francisco y a saber si son ellos los que acabaron con Juan PabloI.
    Por cierto,los opusdeistas españoles son los mayoritarios en el Vaticano.

  2. Les están tocando los bolsillos y su impunidad. O sea, en valenciano, les están tocando los cojones que visto, ciertos videos de monjas, parece ser que los tenían bastante abastecidos de carne fresca. La pederastia no hace falta que la nombre, todos hemos sabido al respecto. Vergüenza, vergüenza, vergüenza. “Con dios de nuestra parte…”

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