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Me ayudo ayudándoles

Gonzalo Osés
Gonzalo Oséshttp://www.gonzalooses.es
Soy abre puertas, se me da bien conectar necesidades con soluciones. Me rijo por tres frases: la de mi madre “la vergüenza pasa y el provecho queda en casa”; la de mi padre, “la persona más feliz es la que menos necesidades tiene”; y la mía, “para crear valor hay que tener valor”. En plan profesional, soy FEO (Facilito Estrategias Operativas), cofundador de Xaudable, conecto innovación con el mercado, mentor y docente en @eoi y @SEK_lab. Emprendedor con mi startup de comida rápida saludable. Autor libro “abre puertas, cómo vender a empresas”. Miembro de @Covidwarriors. En otras décadas organicé en IFEMA la feria Casa Pasarela y fui gerente de un concesionario oficial en Madrid de motos Honda. Licenciado en Dirección y Administración de empresas por CEU San Pablo, diplomado en diseño industrial por IED (Instituto Europeo Di Design), master de comunicación aplicada en Instituto HUNE.
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análisis

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La semana pasada, en plena ola de calor, mi padre me planteó que pusiera en condiciones el jacuzzi hinchable, al que cambiamos el agua una vez al año y lo tenemos limpio con pastillas de bromo. Para los haters, decirles que caben 669 litros de agua, osea un poco más que cuatro duchas diarias de unos 150 litros. Mientras yo me pegaba con el Jacuzzi, mi padre observaba a la sombra, y me daba las indicaciones precisas, aunque yo me empeñaba en no seguirlas, hasta que mi ego me dejaba comprobar que eran acertadas.

El regalo fue ver como mi padre lucía una sonriente mirada, al ver como la máquina de rejuvenecer, estaba volviendo a tomar vida. Al día siguiente, con media hora de jacuzzi recuperó tal flexibilidad que subió al primer piso sin parar en el descansillo, ni asfixiarse al llegar.

Poco a poco, mi padre se ha ido recuperando de aquel fatídico 16 de enero que le dió un infarto en la ambulancia camino del hospital. Desde entonces, vivo en casa de mis padres, y si bien, mi madre es una pila energética radiante de alegría y actividad, el estar yo por aquí, les da una seguridad y tranquilidad, que a sus 88 y 90 años agradecen. Son pequeños detalles, pero que les facilita el que todo siga su curso.

De la convivencia con mi padre estoy aprendiendo a cuidar mi salud y cómo de sensible es nuestro cuerpo ante lo que comemos. De la convivencia con mi madre aprendo a ser más empático, y a no empeñarme en ser el que dice la última palabra, ni a tener que demostrar que tengo razón. Lo cual, me lleva a reflexionar que la mayoría de intercambios de pareceres que tengo en entornos digitales no mejoran nuestros entornos.

Aprendí de mi mentor David Moreno Casas, a que cuando la vida te retira momentáneamente de la carrera profesional, te hace el regalo de disfrutar del presente consciente de estar cerca de los tuyos en su etapa final del camino vital.

En algún momento, quizás dentro de mil días, el regalo que es este presente con ellos se acabará y sus almas seguirán su camino. Mientras llega ese instante, escribo estas líneas contemplando como mi padre se acuna en la hamaca, a la vez que viaja por uno de los cientos de libros con los que sacia su eterna curiosidad, y mi madre a su lado, lee con avidez el último libro de neurociencia o de pintores impresionistas que ha caiga en sus manos.

GO!

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