Antonio Aguado Sánchez

Mi experiencia del 23-F y relación con Santiago Carrillo

22 de Febrero de 2024
Guardar
Santiago Carrillo

Por circunstancias personales me encontraba en Madrid el 23-F y mediante una invitación que me consiguió Jerónimo Saavedra, asistí a la que iba a ser sesión de investidura como presidente del Gobierno de Leopoldo Calvo Sotelo.

Cuando estaba a punto de marcharme ya que la sesión se estaba haciendo monótona con los votos emitidos por los diputados, irrumpió pistola en mano, el teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero Molina, que exigió mediante la célebre frase: “quietos todo el mundo”, que nadie se moviera.

Me encontraba de pie en la parte delantera agarrado a la barandilla que rodea el hemiciclo de invitados y apoyado en una columna situada detrás de mí. Al principio me quedé petrificado, no dando crédito a lo que estaba viendo. A mi lado se encontraba el presidente del Senado Cecilio Valverde, que tirando de mi hizo que reaccionara, situándome en el pasillo junto con los demás invitados. Antes, había echado una mirada a la zona donde estaban situados los diputados y vi que todos se habían echado al suelo detrás de los asientos, salvo Adolfo Suárez, el general Gutiérrez Mellado y Santiago Carrillo, que muy dignamente permanecieron sentados.

Pude salir a las 10.20 de la noche y vi con preocupación, que alrededor del Congreso se estaban manifestando miles de fascistas, con sus insignias y banderas. No había ningún demócrata defendiendo la libertad, tampoco como comprobé caminando (el metro estaba cerrado y los autobuses no circulaban) por las calles vacías. Se escuchaba el silencio del miedo y en las viviendas se hacía patente su oscuridad, pero por el reflejo del alumbrado público, podía captar las miradas temerosas hacia el exterior de sus vecinos.

Ese drama que vivimos, el comportamiento de los fascistas y la nula reacción ciudadana, hizo que mis análisis sobre la Transición (yo estaba por la ruptura), se amoldara a la realidad: el Pueblo Español no se encontraba preparado para enfrentarse a esa situación y estaba a merced de los poderes facticos, sobre todo del ejército y como en este caso, de la Guardia Civil. Por eso no comprendo a los “comunistas de salón”, tampoco comparto  sus reproches a Santiago Carrillo, cuando con su capacidad y experiencia y adelantándose a los acontecimientos, no le quedó más remedio que apoyar la Transición.

Soy partidario de modificaciones profundas en la Constitución, que contemplen entre otras, un nuevo modelo de Estado o de que se abra con sosiego un nuevo proceso constituyente, pero hay que ser conscientes de su idoneidad y repercusiones. Aunque con el pasado que tiene España nunca se sabe, pero es de considerar que las condiciones y la actualidad son diferentes y que la democracia está consolidada, pero no debemos olvidar y menos (“mirando desde la barrera” como hacen muchos), reprochar a quiénes siendo demócratas y de izquierda, para poder traer la democracia a nuestro país tuvieron que transigir con la Transición.

Tuve la suerte de contar con la amistad de Santiago Carrillo y disfrutar de sus largas, amenas e instructivas conversaciones, mientras le enseñaba junto a su esposa y compañera Carmen, la isla de Gran Canaria durante varios días en noviembre de 2006, cuando fue invitado por la Fundación Juan Negrín a los actos por el 50 aniversario de su fallecimiento (12 de noviembre de 1956).

Le visité por dos veces en su casa de Madrid. En la última (10 de septiembre de 2011), me acompañó el malogrado compañero Manuel Suárez, socialista ejemplar. Su domicilio en un piso 11 y con un solo y viejo ascensor, era pequeño y muy modesto. Me sorprendió que de todas las fotos que mostraba en el salón, no tenía ninguna de los tantos dirigentes con los que se había relacionado, las pocas que estaban enmarcadas eran de su familia y una que le hice junto con Carmen en el Mirador de Fataga en Gran Canaria. Tenía otras muchas sin enmarcar, de grupos de sus antiguos camaradas, de quienes se acordaba como pudimos comprobar el entrañable Manolo y yo, de todos sus nombres y de los motivos del compañerismo compartido.

Santiago Carrillo no se había estancado en el pasado, más bien al contrario, evolucionó y se adaptó a los nuevos tiempos, hasta el punto de que se hizo acreedor de la confianza del Movimiento 15-M. Una delegación le había visitado la semana anterior y después del intercambio de ideas e información, le solicitaron poderle mencionar como uno de sus principales referentes, a lo que él gustosamente accedió.

En sus artículos, entrevistas y tertulias radiofónicas, apoyó al Zapatero de la primera legislatura, que tantas esperanzas e ilusiones había concitado y en gran medida cumplido como desde el comienzo, con la retirada de las tropas que había enviado el gobierno de Aznar a la ilegal e injusta Guerra de Iraq. Lo mismo que conjuntamente con el malogrado Alfredo Pérez Rubalcaba que, estaba al frente del Ministerio del Interior la necesaria y muy importante derrota de la banda terrorista ETA (no Movimiento Vasco de Liberación como hipócritamente lo denomino el nefasto y reaccionario José María Aznar).

Cuando en alguna recepción coincidían, Zapatero de los primeros en saludar era a Carmen y a él. Señalando al teléfono nos dijo, que Zapatero en la primera legislatura le llamaba con frecuencia para agradecerle sus intervenciones a favor del gobierno, pero que eso se cortó en la segunda debido a las críticas que le formulaba. Consideraba que Zapatero tenía que haber informado y sometido a consideración del Pueblo Español mediante referéndum, la situación que se estaba viviendo con las presiones de la Troika y los Mercados, exigiendo recortes y sacrificios y si estábamos dispuestos a soportarlo. De ser así, esa sería la causa y el momento para dimitir, sin  que fuera él y sobre todo el PSOE y fundamentalmente la ciudadanía, quienes tuvieran que sufrir las consecuencias. Eso fue lo que ocurrió, con la llegada del Partido Popular al Gobierno.

Santiago Carrillo tenía una memoria extraordinaria, se acordaba de las personas, fechas, actos, etc. Las conferencias que impartía eran muy interesantes e  Instructivas y a diferencia de otros mediocres conferenciantes que cobran suculentos honorarios, las suyas eran gratuitas. Vivía de forma modesta y austera y dando ejemplo no como otros, hasta su fallecimiento el 18 de septiembre de 2012, mantuvo sus principios y convicciones.

Lo + leído