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Miquel Iceta: «La cultura tiene también un valor económico y de creación de empleo muy importante»

Primera parte de la entrevista concedida a Diario16 por el ministro de Cultura

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análisis

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Hay quien piensa que el Ministerio de Cultura y Deporte es una de las «marías» dentro de un Gobierno. Sin embargo, es, quizá, uno de los más importantes y de los más complicados de gestionar por todos los ámbitos que cubre su competencia.

Miquel Iceta es un hombre con una extensa experiencia política. Ha sido diputado en el Congreso y en el Parlament de Catalunya, subdirector del Gabinete de la última legislatura de Felipe González, presidente del PSC y, sobre todo, uno de los miembros del Ejecutivo de Pedro Sánchez que mejor le cae a la gente. Tal vez es su personalidad extrovertida, su elevada capacidad de elocuencia, su forma pedagógica de explicar cosas muy complicadas e, incluso, por sus bailes al ritmo de Don’t Stop Me Now de Queen.

Cuando comienzas a hablar con Iceta te das cuenta de que es un hombre feliz y, sobre todo, que está orgulloso de su trabajo y del de sus compañeros en el Consejo de Ministros. Son muchos años en política, pero en el brillo de su mirada uno se da cuenta de que mantiene la ilusión, de que contempla el futuro desde el presente y, sobre todo, que ese futuro le gusta.

Una de las medidas estrella de su Ministerio es el bono-joven, ¿qué datos de retorno tienen? ¿Los jóvenes están consumiendo más cultura?

Los datos que tenemos son buenos. No tengo aquí las últimas cifras, pero en el último mes y medio se habían registrado más de veinte millones de euros gastados a partir de la utilización del bono. Por lo tanto, todos los datos de los que disponemos nos indican que sí, que los jóvenes lo están aprovechando. Curiosamente, más en las partes de cultura en vivo y de cultura, digamos, física, en el producto físico, que en suscripciones digitales. La verdad es que estamos muy contentos de cómo funciona y ahora nuestro reto es seguir y que en esta segunda convocatoria de este año sean todavía más los jóvenes que se inscriban y más los comercios, los proveedores de servicios o promotores de actividades culturales que también se adhieran al programa.

Tras la sentencia del Supremo sobre la inclusión de la tauromaquia en el bono joven, ¿están preparando alguna medida al respecto?

Lo que nosotros hemos hecho es aplicar la sentencia y en ese sentido el Tribunal Supremo fue muy tajante: no se podía excluir a los espectáculos taurinos. Como todo, es muy discutible, pero en un Estado de derecho las sentencias se cumplen y lo que nosotros hemos hecho es inmediatamente abrir la posibilidad a que las empresas que promueven espectáculos taurinos se inscriban y que los jóvenes que deseen dedicar parte de su bono a ello puedan hacerlo.

¿Qué valoración hace de la polémica por la parodia de TV3 a la virgen del Rocío? Esto ha generado mucha polémica…

Yo siempre digo que la libertad de expresión ha de pasar por delante de muchas consideraciones y por lo tanto, siempre me he resistido a toda política que limite la libertad de expresión. También es verdad que las televisiones públicas, los medios públicos de telecomunicación, tienen una especial obligación. En ese sentido yo creo que, en fin, siempre es difícil encontrar el equilibrio. Si a mí alguien me pregunta si me gustó, la respuesta es no. Si alguien me pregunta si lo prohibiría, pues yo prohibir, me cuesta mucho utilizar este término.

Foto: Agustín Millán

La cultura no sería posible sin artistas y usted y su Ministerio han aprobado el histórico Estatuto del Artista que ha otorgado derechos sociales que tenía el resto de la ciudadanía, ¿por qué se ha tardado tanto tiempo, desde la Transición, en hacer algo que es justo?

No lo sé. Podría hacer la broma de que tenía que llegar un ministro como Miquel Iceta, pero sería una broma y no sería una buena explicación. Es verdad que romper inercias cuesta y lo que nosotros hemos conseguido finalmente, y por la presión del sector cultural, es que se acepte la excepción cultural. Es decir, la actividad cultural viene muy definida por su carácter intermitente. La regulación laboral, de Seguridad Social y fiscal está muy pensada para ingresos permanentes, para actividad más continuada, no se ajustaba bien a la actividad cultural y había que cambiarlo. Hemos conseguido, después de mucho porfiar de mucho pelear, que eso empiece a cambiar. Se ha creado un contrato laboral de duración determinada. Se están revisando las cotizaciones de los autónomos. Estamos revisando también las retenciones a cuenta del impuesto sobre la renta precisamente para adaptarlo a esa necesidad del sector cultural. Yo, la verdad, es que estoy muy contento porque hemos abierto camino, pero también soy consciente de que queda todavía mucho por hacer y, por lo tanto, es una pelea que hay que seguir, pero realmente lo difícil era empezar y se ha empezado.

En un gobierno las decisiones nos se suelen adoptar de manera unilateral, participan otros ministerios, sobre todo en una reforma tan profunda como es el Estatuto del Artista…

Antes hacía una broma diciendo que hay un ministro de Cultura como Miquel Iceta. La verdad es que mérito realmente relevante ha sido de la vicepresidenta segunda y del ministro de Inclusión y Seguridad Social, que son probablemente los ministerios que más han hecho porque se reconozca el Estatuto del Artista. Hemos abierto puertas que también hacía tiempo que estaban cerradas. El martes, el Consejo de Ministros aprobó la Ley de Enseñanzas Artísticas, que también era una asignatura pendiente. Había muchos esfuerzos de formación artística que no pasaban estrictamente por la Universidad, que no eran reconocidas. A partir de ahora lo serán y se podrá pedir becas para cursar ese tipo de estudios. Eso también es un cambio muy significativo. Yo estoy muy contento de que esta legislatura haya sido final la del Estatuto del Artista. Yo me acuerdo de que cuando empezamos a hablar de esto, había gente que nos empezaba a mirar casi con un poco con conmiseración hacia esta pobre gente que no saben que esto ha sido imposible hasta ahora. Afortunadamente la realidad ha desmentido este escepticismo grande que había y, por lo tanto, estamos muy contentos aunque todavía lejos de donde deberíamos. También es verdad que hay que apelar al conjunto de la sociedad. La cultura será valorada en la medida que la sociedad lo exija. Y, por lo tanto, tenemos que, entre todos, conseguir que los poderes públicos se vuelquen más a favor de la cultura y en eso la ciudadanía ha de ser muy exigente.

Foto: Agustín Millán

En un mundo en el que la economía parece ser la única prioridad, muchas personas que sólo viven en el planeta del sumatorio de Excel afirman que la cultura es un pasivo, ¿qué les diría usted al respecto?

De entrada, les diría que revisen el Excel porque, realmente, la cultura tiene también un valor económico muy importante y de creación de empleo. Las últimas estadísticas, por ejemplo, a mí me dejaron muy gratamente sorprendido. La creación de trabajo entre los jóvenes se estaba concentrando en la actividad cultural. Eso tiene que ver también en que hemos regularizado los contratos de duración determinada. La cultura puede proporcionar puestos de trabajo, puede aportar riqueza y, lo que usted decía, marca de país. La cultura es nuestro oxígeno. La valoración de la creación artística siempre es muy discutible, pero lo que no es discutible es que sin cultura no hay sociedad, sin cultura no hay progreso. Por eso, y por lo tanto, no es solo el valor económico en términos de empleo, sino también la capacidad de ser personas que conviven en una sociedad. Si la cultura no recibe el apoyo, el impulso, y también la crítica, porque es verdad que desde el mundo cultural también han de percibir que la sociedad es muy exigente, porque eso nos obliga a todos a movernos. Yo a veces pongo ejemplos que no siempre son bienvenidos, pero me gusta también provocar un poco.

En Francia murió Jean Paul Belmondo y Francia se paró. No era un actor, solo era algo que era de todos, de a los que les gustaba y a los que no. O un ejemplo que para mí es más doloroso. Murió Ricardo Bofill y en Francia tuvo más eco que en España. ¿Por qué? Quizá porque ellos aprecian más la arquitectura y sus artesanos y Ricardo Bofill era un artesano de la de la arquitectura. Por lo tanto, tenemos que exigir mucho. Yo creo que en algunas cosas hemos avanzado.

Hace 20 años, cuando se dedicaba dinero a recuperación del patrimonio había gente que decía que había otras prioridades. Ese argumento, que ha ido desapareciendo porque cada vez más hay un aprecio mayor a un bien que es de todos y que de alguna manera nosotros hemos de cuidar para las generaciones futuras, porque para eso lo hemos recibido como legado de país y, por lo tanto, creo que necesitamos ese esfuerzo colectivo por dar a la cultura el valor que tiene. La cultura es nuestro legado, sin cultura no conseguiremos ni convivir, ni avanzar. Tenemos un país que hemos cuya cultura es muy valorada fuera. A veces uno tiene la sensación de que se valora más fuera que dentro. Otro ejemplo al que pongo, que también puede chocar un poco. La película Alcarrás, ¿hubiera merecido nuestra valoración sin obtener antes el Oso de Oro de la Berlinale? No lo sé, lo dejo ahí porque posiblemente haya que diga «¡hombre, seguro!».

Pero eso se sabe…

No se sabe. Cuando me ha tocado como ministro de Cultura ir a reuniones europeas encuentro que hay una valoración mucho mayor de nuestra capacidad cultural, de nuestro patrimonio que el que a veces nosotros somos capaces de exhibir. No han de venir de fuera a decirnos que tenemos muchas cosas y que hay que valorarlo. Nosotros deberíamos defenderla y luego también una visión cada vez más completa del patrimonio. A veces me piden que dediquemos más dinero a restaurar catedrales. Hay un plan de restauración de catedrales, pero es que tenemos un patrimonio que se nos está escapando de las manos. También te llevas una cura de humildad cuando eres ministro de Cultura. Fui a visitar un castillo que estábamos restaurando en Soria. Estábamos contentísimos, pero me recordaron que a 5 kilómetros había otro al que ya no llegamos a tiempo. Entonces, también existe esa sensación de que de que no llegas a todo, de que en algunas cosas estamos incluso llegando tarde, pero debo decir también que en este terreno tenemos la suerte de que existe una cooperación mayor de lo que uno podría pensar entre ayuntamientos, comunidades y el Estado. Hay un esfuerzo conjunto muy grande.

Foto: Agustín Millán

Picasso es uno de los referentes mundiales de la cultura española. Este es el Año Picasso. En otras ocasiones las conmemoraciones de grandes figuras culturales de este país han sido un absoluto fracaso, ¿qué va a hacer o tienen programado en su Ministerio para hacer honor a la grandeza del pintor malagueño?

Hemos hecho un programa muy ambicioso que parte, por primera vez, de un acuerdo con Francia. Francia y España trabajan juntas para conmemorar a Picasso. Creo que eso ya es un primer dato interesante porque siempre ha habido un interés por apropiarse de Picasso. ¿De dónde es Picasso? ¿Es español, es francés, es de Málaga, es de La Coruña, es de Barcelona, es de Madrid o es de París? Picasso se nos ha comido a todos y sin ninguna de esas vertientes no se explicaría Picasso. Hemos hecho un esfuerzo muy grande, con un patrocinio muy potente de Telefónica, que va a poner a disposición de mucha gente la obra de Picasso, pero también el estudiar su vida.

Este tipo de conmemoraciones ayudan a conocer aún más a las grandes figuras de nuestra cultura y en este año, le toca a Picasso…

Hay muchas cosas de Picasso que no son conocidas. Ahora hay una discusión sobre cuál fue su relación con las mujeres, sobre si era un hombre realmente violento, si realmente su relación con las mujeres era torturada. Ahora, su obra nos ha devorado a todos y que realmente hoy no se puede hablar del arte del siglo XX sin Picasso. Nuestra idea era, desde luego en España, difundir bien su obra. Incluso dimensiones desconocidas. Antes hablaba de La Coruña. He de reconocer que se hace 2 años alguien me habla de un Picasso coruñés, no hubiera sabido reconocer una cosa muy importante: Picasso, desde los 10 u 11 años los ángeles, y hay obras suyas que son todavía hoy consideradas obras maestras que pintó a los 13, a los 14 años. El otro día me enseñaban alguna de ellas en el Museo Picasso de Barcelona.

Picasso no quiso volver a España mientras hubiera dictadura. Eso es así. Dejó establecido que el Guernica no podría volver a España hasta que no hubiera una democracia. Pero también es verdad que, incluso bajo el franquismo, Picasso dio obras para que hubiera un museo que llevará su nombre en Barcelona. Hoy, cuando estudias un poco, descubres cosas como que tuvo estancias en dos municipios catalanes muy pequeños, Horta de San Joan y Gósol, y también en sus obras se encuentra la huella de eso. Si Picasso no hubiera conocido el Museo del Prado no tendríamos obras como ese retrato de Velázquez que hay quien dice, en forma quizá un poco malévola que es mejor que el autorretrato que Velázquez se hizo o Esa colección fantástica en Barcelona de estudios sobre las Meninas. Todo esto fue posible porque estuvo en Madrid y porque vino a la Real Academia de Artes de San Fernando y estuvo en el Museo del Prado.

Uno de los cuadros más conocidos de Picasso son Las Señoritas de Aviñón. Bueno, todavía hay gente que piensa que es por la ciudad francesa. Pues no señor, eran unas prostitutas de la calle Aviñón de Barcelona. Todo eso queremos trasladar y con cierto entusiasmo y alegría y habiéndolo hecho de la mano de Francia, que me parece muy importante. Porque el homenaje a Picasso es superar el nacionalismo es darnos de Picasso idea como la que realmente es: global. El Guernica tiene una raíz clarísima, una ciudad vasca bombardeada por la aviación alemana en plena guerra civil, pero se ha convertido en un símbolo global contra las guerras. La propia paloma de la paz de Picasso me recuerdo de jovencito de ir a manifestaciones con esa paloma como chapa. ¿Por qué? Porque Picasso consiguió ser símbolo, un autor, un pintor universal que, además, no solo pintó, escribió. Hizo cerámica, hizo escultura, es un hombre que realmente es un artista global. Nosotros hemos intentado, con la colaboración de muchas instituciones, con ese apoyo muy decidido entre Francia y España, llevarlo al conjunto del mundo y buscar, sobre todo, algunas facetas, quizá menos conocidas. Y, por lo tanto, hay que ir Málaga, a Madrid, a La Coruña, a Barcelona, a París.

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