“Mis hijos tendrán que volver a ver a su maltratador no arrepentido”

24 de Noviembre de 2021
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Luis-Irzo

El caso de esta familia oscense es de libro. Padre condenado por violencia machista y vicaria sobre su ex esposa y sus tres hijos menores de forma continuada durante 12 años de infierno para las víctimas. El maltratador no pisará la cárcel pese a que en 2019 fue condenado a siete años de prisión por violencia doméstica sobre su ex esposa y sus hijos cuando contaban seis, nueve y 11 años de edad. Pese a ello, el titular del Juzgado de lo Penal número 1 de Huesca, Jorge Sánchez Parellada, ha permitido que a partir del próximo 2022 el condenado pueda volver a verlos con total normalidad ya que el magistrado decidió suspender el cumplimiento de la pena de prisión a cambio de que el condenado no vuelva a delinquir en tres años y realice un curso de formación en violencia de género y un total de 510 jornadas de trabajos en beneficio de la comunidad, que a día de hoy la madre de los niños no tiene constancia que las haya realizado. La Fiscalía, que no se opuso en su momento a esta decisión, sí recurrió en cambio las liquidaciones del resto de penas solicitando que no pueda acercarse ni visitar a sus hijos hasta el año 2034, cuando todos ellos ya sean mayores de edad. 

El condenado es Luis Irzo, ex concejal del Partido Popular en el Ayuntamiento de Huesca, y su caso es, a día de hoy, un tema tabú en la ciudad aragonesa, de poco más de 50.000 habitantes y lugar de residencia habitual tanto del maltratador como de su ex esposa y sus tres hijos menores. Ahora, Paloma Delgado Bavai, con motivo del 25-N, Día Internacional contra la Violencia sobre la Mujer, ha decidido publicar una carta en la que, de forma desesperada, ruega a la justicia que no permita que este maltratador pueda volver a visitar a sus tres hijos menores por una razón muy clara y sencilla que Paloma expone en su misiva: “No, mi maltratador y el de mis hijos no es un buen padre”.

El mismo juzgado que condenó al maltratador sin costas rechaza ahora un auto de la víctima para proteger a sus hijos de su agresor y la condena en costas

Los hechos probados recogidos en la sentencia condenatoria son estremecedores: “Durante su matrimonio, y con especial intensidad tras el nacimiento del primero de sus hijos, el señor Irzo, cuando se encontraban en el domicilio conyugal, de manera reiterada hacía objeto a su esposa de menosprecios, en presencia de los niños, se dirigía a ella a gritos, en actitud agresiva, insultante e intimidatoria y con expresiones como gorda, foca, asquerosa, eres una inútil, me das asco” y otras similares, llegando a decirle, cuando Paloma dio a luz a su primer hijo, “te has deformado durante el embarazo, te doy nueve meses más para que te recuperes”, perdía los estribos ante la menor contrariedad, rompiendo objetos, llegando a empujarla, agarrarla bruscamente o zarandearla en diversas ocasiones en presencia de los hijos, sin que consten acreditadas lesiones, así como que, desde que su esposa se negó a seguir manteniendo relaciones sexuales, le impedía dormir de forma intencionada, zarandeando la cama para evitar que su esposa descansase”.

El pasado julio, la madre de los menores y también víctima de violencia machista como todos ellos, inició una recogida de firmas en el portal change.org, donde hasta la fecha suma más de 54.000 firmas de apoyo, más que todos los habitantes de la ciudad de Huesca donde residen condenado y víctimas. El último revés de la justicia lo ha recibido Paloma el pasado octubre, cuando la Sección Única de la Audiencia Provincial de Huesca ha desestimado el auto excepcional de nulidad de actuaciones presentado contra el condenado por violencia machista y vicaria y además la condenó en costas, extremo este que el mismo tribunal no hizo cuando condenó al agresor machista.

La carta de Paloma Delgado Bavai, reproducida íntegramente a continuación, detalla de forma desgarrada cómo la justicia les ha dado la completamente la espalda a ella y sus tres hijos menores pese a haber condenado al agresor a siete años de prisión –la pena mínima, según el Tribunal Supremo–, conmutada por 510 jornadas de trabajos en beneficio de la comunidad a cambio de que el condenado no vuelva a delinquir en tres años y realice también un curso de formación en violencia de género. A día de hoy, el condenado ni siquiera ha cumplido aún esta pena supletoria, según su víctima.

Paloma Delgado Bavai, la madre de los tres menores que tendrán que volver a ver a su progenitor maltratador en breve. Foto: Change.org.

No, mi maltratador y el de mis hijos no es un buen padre

“Mis hijos tendrán que volver a ver a su maltratador no arrepentido”. Esta es la frase que me lleva persiguiendo durante meses y que me lleva hoy a escribir este texto. Mi nombre es Paloma Delgado y soy una mujer superviviente de la violencia machista. Durante años, la violencia física y psicológica hacia mí y mis hijos fue diaria y las cicatrices fueron muchas y duraderas. Intenté proteger a mis hijos hasta con mi propia vida y lo hice lo mejor que pude. Sin embargo, hoy no quiero hablar de los golpes, sino de cómo la justicia me dio la espalda cuando mi vida y la de mis hijos corría un grave peligro.

“El sistema desprotege a mis hijos y se me aboca a reiniciar una nueva guerra judicial, esta vez civil para intentar salvarlos. Otra vez recae en mí la angustia, el desvelo, el miedo y poner los medios para intentar protegerlos”

Como la mayoría de mujeres que sufren violencia machista, tardé años en denunciar por miedo a ser cuestionada y a mi maltratador. Me armé de valor y presenté pruebas documentales ante el juez que había grabado de manera furtiva. Finalmente fue condenado y dicha condena fue ratificada por la Audiencia Provincial, y posteriormente por el Tribunal Supremo, de 1 año, 9 meses y 1 día por cada uno de nosotros (más de siete años y sin embargo la mínima posible, según el Supremo). El Juzgado de Huesca decidió conmutar la pena por 510 días de trabajos para la comunidad, aún no me consta que las haya realizado. También optó por aplicar las condenas de forma individual, en contra del criterio de Fiscalía, de modo que las visitas con el padre se tendrían que reanudar antes del año que viene, aun sabiendo que el agresor no ha mostrado arrepentimiento alguno.

Decidí lanzar mi petición en change.org, que ya suma más de 54.000 firmas, más que toda la población de Huesca, y contar mi historia en concentraciones feministas y medios de comunicación. La Audiencia Provincial de Huesca no ha escuchado la petición que, tanto Fiscalía como yo, pedíamos para salvaguardar la integridad de los niños y además me condena a las costas. El sistema desprotege a mis hijos y se me aboca a reiniciar una nueva guerra judicial, esta vez civil para intentar salvarlos. Otra vez recae en mí la angustia, el desvelo, el miedo y poner los medios para intentar protegerlos, y así lo seguiré haciendo porque es a lo que me he dedicado los úlitmos 15 años de mi vida. La diferencia es que antes yo no había pedido ayuda a un sistema que invita a denunciar, que promete protección y que asegura que el bienestar del menor es su principal objetivo. Ahora vuelve a depender de mí, pero esta vez porque el sistema nos ha fallado. Sistema que no solo falla, sino que además me castiga con las costas. ¿Cómo es posible que el mismo tribunal que no condena al verdugo ni a las costas en su sentencia, sí lo hace a la víctima cuando intenta protegerse?

Mi mensaje es claro: Un maltratador NO puede ser un buen padre. A la vista está que la justicia todavía no ha asumido la realidad de esta afirmación que las supervivientes llevamos gritando durante años. Por mucho que las leyes vayan enfocadas a la protección a la infancia, es urgente un cambio de perspectiva al aplicarlas para que sean realmente efectivas. Pero además, también necesitamos que todos los partidos políticos y autoridades competentes escuchen a estas más de 54.000 voces que piden protección para mis hijos, pero también para todos los menores que están o estarán en la misma situación de indefensión y vulnerabilidad ante las instituciones.

“¿Cómo es posible que el mismo tribunal que no condena al verdugo ni a las costas en su sentencia, sí lo hace a la víctima cuando intenta protegerse?”

Sé, por testimonios que me han llegado y por casos que han precedido al mío, que no soy la primera en sufrir esto. Pero al menos me gustaría ser la última. Me encantaría que mi caso no se olvidara y no se quede en unos cuantos artículos de prensa pasajeros. Quiero salvar a mis hijos pero también quiero que esto sirva para que las instituciones estén a la altura en todos los casos de violencia machista.

La principal diferencia del delito de violencia de género respecto a los otros es el marcado carácter cultural que tiene, por eso sólo actuando desde la educación y desde la infancia podremos avanzar.

El resultado que se desprende del reciente estudio sobre juventud elaborado por el Centro Reina Sofía es alarmante, el 20% de los jóvenes varones niega que exista este tipo de violencia. ¿Qué sucedería si tu profesor fuese un maltratador no arrepentido? ¿Y si en lugar de estar en la cárcel estuviese recorriendo los pasillos de tu instituto y haciendo tutorías con tus padres? ¿Qué tipo de referente podría ser una persona que tras años de maltrato a sus hijos no mostrase arrepentimiento? ¿Qué mensaje se trasmitiría a los alumnos y a sus familias? “No denuncies que da igual” o “puedo hacer lo que quiera porque no pasa nada”. Esto está pasando en la actualidad en las aulas de nuestros hijos y debemos denunciarlo.

Cuando la violencia es una realidad, necesitamos instituciones que nos protejan a nosotras y a nuestros hijos por encima de todo. Pero también necesitamos una educación integral que eduque en igualdad y que, por supuesto, asegure a los padres la idoneidad académica y moral de sus profesores. El delito sexual no puede ser la única limitación que tenga un centro educativo para contratar a su profesorado. Existen delitos igual de incapacitantes para ejercer una profesión tan importante, como es el caso del maltrato. Es responsabilidad de todos no mirar hacia otro lado y reclamar la seguridad que nuestros niños merecen. Necesitamos tomarnos en serio la violencia machista y exigir a las instituciones todos los recursos necesarios para erradicarla. Sin peros ni excusas.

Por último me gustaría terminar agradeciendo de todo corazón a todas las personas que me han apoyado en este traumático camino y que lo han hecho más esperanzador. Sois mi aliento y mi salvación cuando la justicia nos ha dado la espalda. Gracias a mis amigos que me han acompañado y lo siguen haciendo en todo este camino. Gracias a todas las asociaciones feministas y activistas que me han tendido la mano cuando todo parecía perdido. A los medios de comunicación que permiten que estos temas no caigan en el olvido, a los políticos comprometidos que me han escuchado y apoyado y, en especial, gracias a todas las mujeres supervivientes de violencia machista que rompieron su silencio para que yo hoy haya encontrado fuerzas para contar mi historia.

El 25 de Noviembre es el Día Mundial contra la Violencia de Género y, como cada año, veremos las fotos de rigor con el semblante serio, comprometido, en algunos casos sincero, en otros solo maquillando el vergonzoso silencio con el que intentan borrar a cada una las víctimas.
Por favor, no nos olvidéis el 26”.

Paloma Delgado Bavai.

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