Vox se ha quedado solo a la hora de defender los aranceles universales que ha impuesto Donald Trump a la mayoría de los países del mundo, aranceles de los que sólo se han salvado las dictaduras de Rusia, Corea del Norte, Bielorrusia y Cuba. Ayer, el diputado ultra José María Figaredo dio unas explicaciones absolutamente sectarias y contrarias a los intereses de los españoles que ellos afirman defender. A la hora de la verdad, se ha demostrado una vez más que su patriotismo no es más que una añagaza sectaria. Han antepuesto a Donald Trump a las empresas y los trabajadores españoles, como bien demostró el pseudosindicato de la extrema derecha.
Figueredo, al igual que hizo el autócrata húngaro Viktor Orban, culpó a la Unión Europea de esos aranceles. Es decir, el mismo argumentario de Trump. Tal vez le dieron las instrucciones por escrito a Santiago Abascal cuando participó el mes pasado en el aquelarre ultra de la CPAC y ayer lo lanzaron.
Según el diputado ultraderechista, los aranceles de Trump son su forma de negociar. Y, en referencia a la Unión Europea, afirmó que «tú puedes elegir si contestar a esa ofensiva con una escalada de la violencia o tratar de negociar […] es que es la UE la que tiene que lanzarse a negociar». Ante la evidencia de que la Unión Europea ha tendido en repetidas veces la mano a la administración supremacista estadounidense, Figueredo respondió «pero no han ido allí». Ese es el nivel.
La posición de Vox a los aranceles que tanto daño van a hacer a las empresas, los agricultores, los ganaderos y las familias españolas les ha dejado solos. Hasta FAES, el think tank de José María Aznar, ha cargado contra la formación ultra por esa anteposición de Donald Trump sobre los intereses de España.
«Asombra ver a ciertos libertarios, muy ‘patriotas’ –y muy despistados– aplaudiendo con ganas un tarifazo brutalmente lesivo para los intereses de España. Se entiende mal lo de un españolismo contrario a los intereses de los españoles. Se entiende mejor al recordar aquello de María Zambrano: ‘todo extremismo destruye lo que afirma’», afirma FAES en un análisis titulado «El día de la confiscación».
Además, va más allá al señalar que «si los dirigentes políticos que han olvidado la prudencia no encontrasen, frente a sus empresas, la resistencia firme y razonada de quienes sí la recuerdan, se verían amenazadas de ruina las bases mismas de la civilización: la miseria moral sería aún mayor que la miseria material».