Marlaska tiene los días contados

15 de Febrero de 2024
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El asesinato de los dos guardias civiles en Barbate ha conmocionado al país y ha puesto al ministro Marlaska, una vez más, contra las cuerdas. El titular de Interior se defiende alegando que el Gobierno ha hecho un esfuerzo inversor por mejorar el Servicio Marítimo de la Guardia Civil, una unidad policial fundamental, ya que es la primera línea de combate en la lucha contra el contrabando de drogas. Y quizá tenga razón, no tenemos por qué dudar de los datos del ministro. Ahora bien, si es así, ¿por qué David y Miguel Ángel, los dos guardias asesinados, navegaban en un “flotador”, tal como definen las familias la embarcación que ocupaban las víctimas cuando fueron embestidas por los narcos? ¿Por qué la mayoría de las barcazas de la Benemérita están en el dique seco por avería o por viejas y obsoletas? ¿Y por qué hay tantos agentes fuera de servicio por depresión o porque ya no aguantan la presión de tener que jugarse la vida en el Estrecho cada día? Son demasiadas preguntas a las que el ministro tendrá que responder más tarde o más temprano.

Ciertamente, Marlaska tiene la responsabilidad que tiene en este triste suceso, que es mucha, aunque no toda. Sin duda, a su departamento compete dotar a las diferentes unidades de patrulleras modernas y potentes que puedan batirse de tú a tú con las velocísimas planeadoras de los narcos, así como ampliar las plantillas de agentes, esquilmadas por bajas, jubilaciones y abandonos. Todo eso es cierto, pero las graves deficiencias de nuestra vigilancia costera en Algeciras, un auténtico coladero por el que los capos del hachís transitan como Pedro por su casa, no es algo de ahora, sino de siempre. Este Gobierno es culpable de la situación, como no podía ser de otra manera, pero tan culpable como es el Partido Popular, que pese a haber ocupado el poder durante años tampoco hizo nada para reforzar el debilitado flanco sur por el que, no lo olvidemos, no solo entran las “gomas” repletas de fardos de hachís, sino también las pateras de las mafias organizadas cargadas de inmigrantes dispuestos a jugarse la vida en aguas del Estrecho para alcanzar el imposible sueño europeo.

Sin embargo, a pesar de que el inmenso agujero en nuestra seguridad nacional es atribuible por igual a socialistas y populares, en Génova han olido el rastro de la sangre y ya han comenzado una de sus habituales campañas cínico-demagógicas: o sea la cacería del hombre. En las últimas horas, el Partido Popular ha anunciado que pedirá la reprobación de Marlaska, una lacra que ya le cayó al ministro hace algún tiempo, cuando tuvo que hacer frente a las acusaciones de incompetencia por aquel trágico salto a la valla de julio de 2022 en el que murieron 23 personas. Un suceso que, por cierto, se cerró en falso con no pocas zonas oscuras y sin ser completamente aclarado (nadie, ni siquiera los gendarmes marroquíes han pagado por aquella infamia, de modo que, por lo visto, las víctimas se murieron solas).

Desde aquel suceso en Melilla, Marlaska es carne de cañón, candidato principal al cese, y su permanencia en el actual Consejo de Ministros se debe única y exclusivamente a que el magistrado es una apuesta personal del presidente Sánchez. Resulta curioso comprobar cómo un juez conservador, alguien sin el carné del partido que fue vocal del Consejo General del Poder Judicial a propuesta del PP y que incluso estuvo en las quinielas del Gobierno Rajoy para dirigir la Fiscalía General del Estado, pueda ejercer tanto ascendente sobre Moncloa. Tal es así que desde que asumió poderes omnímodos en Ferraz, blindándose contra el sector crítico felipista, el presidente del Gobierno se ha empeñado en mantenerlo en el cargo contra viento y marea y a sabiendas de que está quemado. Un viento y una marea que esta vez se antojan demasiado revueltos como para que el jurista consiga capear el temporal.

Las imágenes de las familias destrozadas, el rechazo de la condecoración a título póstumo de una de las viudas y la conmoción y la rabia de toda la ciudadanía de bien (la inmensa mayoría de los gaditanos que no viven del narco y que se ganan la vida honradamente, no lo olvidemos) son losas demasiado pesadas para el titular de Interior, quizá el colaborador más cuestionado del gabinete Sánchez. El testimonio de la madre de uno de los guardias (“si el ministro no sabe hacer bien su trabajo que se vaya”) resume el sentimiento de lógica indignación, no ya de los vecinos de Barbate, sino en general de los españoles, de modo que Marlaska queda en una situación delicadísima con la opinión pública en su contra. Ayer mismo, fue víctima de graves insultos de boca de un grupo de desconocidos a las puertas de un mitin en Galicia y mucho nos tememos que tendrá que hacer frente a más encerronas allá donde vaya. Ningún representante del Gobierno puede seguir en el cargo con semejante presión sobre sus espaldas y todo apunta a que tiene los días contados. Sánchez lo sabe y, como experto en dejar caer a otros para salvar su pellejo, ya le busca sustituto.

“El Gobierno ha enviado al matadero a los guardias civiles fallecidos en Barbate”, dice Abascal con su habitual tono hiperbólico y de melodramática opereta. Y lo malo es que, aunque nos cueste reconocerlo, esta vez no le falta razón al ultra. En la frontera sur hace demasiado tiempo que los trabajadores de la Guardia Civil (porque eso es lo que son nuestros agentes, trabajadores y honrados padres de familia), desempeñan su oficio en condiciones deficientes que ponen en grave riesgo sus vidas. Es preciso terminar con la impunidad de los niñatos del cártel que graban las operaciones de contrabando con sus teléfonos móviles para subirlas después a Tik Tok como celebrities, estrellas del rap, youtubers o influencers del mal, que ya hace falta ser tonto y aficionado. Si el Gobierno no recupera el mando en plaza y la autoridad perdida en el Estrecho, y pronto (con inversiones en más recursos humanos y materiales), habremos perdido la batalla contra las bandas organizadas y tendremos que empezar a hablar de que este país, como ya ha ocurrido con otros en América Latina, también se encamina hacia un narco-Estado. España puede ser la Ciudad Juárez de Europa. Quién nos lo iba a decir.

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