Julián Arroyo Pomeda

Aitor Esteban, un político nato

01 de Abril de 2025
Guardar
Aitor Esteban PNV

Acaba de dejar el Congreso de los Diputados en la plenitud de su carrera el hombre que ha sido despedido con un gran aplauso en agradecimiento a su temple político y a su compromiso con el bien común.

En medio del lodazal político vigente, me complace dedicarle una sincera opinión acerca de sus actuaciones y su compromiso con el bien común.

Todos los políticos son iguales, se acostumbra a decir, y se juzgan sin mucho criterio. Para mostrar que no todos son lo mismo, sirve el ejemplo de Esteban.

No se va resentido, sino emocionado, como observa en su cara mientras se despedía de todos. Ha dedicado 21 años de su vida a trabajar como diputado del Partido Nacionalista Vasco (PNV). Y lo digo a pesar que ningún nacionalismo es de mi devoción. Pero sí aprecio a las personas tienen principios y cada día que pasa se orientan en este modelo. Esteban se retira para presidir su propio partido, por creer que le necesita como líder político.

El partido se encuentra ahora en una situación que necesita la colaboración de sus militantes, así como de un líder indiscutible para mantenerse como el primero en El País Vasco. Creo que por eso Esteban ha tomado la decisión.

Por otra parte, este partido es muy generoso, como lo ha demostrado ahora su líder Ortúzar. En un torbellino tan tormentoso se presentaron a las elecciones dos pesos pesados, Ortúzar y Esteban, apoyados aproximadamente por la mitad de su partido.

Andoni Ortúzar reaccionó primero, diciendo que no quería que quedaran divididos y se retiró. Lo lógico es que lucharan entre ambos hasta que uno resultara el más apoyado. No sucedió así. Ortúzar se retiró a tiempo y Esteban heredó todo el campo para él solo. Así dio un magnífico ejemplo, digno de agradecer. Antes de separar, unir, aunque él mismo era el que más perdía. En política muy pocos actúan de este modo y tienen más en cuenta lo general que lo personal. De esta forma, Esteban deja el escaño para asumir la Presidencia de su partido.

Se despidió del Congreso, confiando en haber ayudado a mejorar la vida de la ciudadanía. También pidió a los jóvenes que no le den la espalda a la política. En cuanto a él, proclamó un viva al País Vasco, Gora Euskadi Askatasuna, lo que ha escandalizado no sé si a muchos, acusándole de que ha vivido 21 años de la política española a pesar de ser nacionalista e independentista. Sin embargo, para él solo significa reafirmar su compromiso con la agenda vasca.

Se va uno de los mejores parlamentarios del Congreso, que le otorgó en 2017 el premio “Emilio Castelar”, con toda razón. Ha tenido una carrera impresionante, adornada de un estilo sobrio, una capacidad extraordinaria para el diálogo y habilidad para la negociación.

Los vascos son negociadores hábiles y respetados, porque tienen un enfoque pragmático y son capaces de construir puentes en lugar de quemarlos. Sin dar voces ni gritos han conseguido del Gobierno lo que ningún otro partido.

Saben entrar a reivindicar en la ocasión propicia y lo hacen de forma directa y clara. Son honestos y respetan al adversario, lo que es muy valorado. Quizás la Universidad de Deusto ha orientado bien en este sentido, y Esteban se educó allí. Terminó la carrera y el doctorado, siendo profesor Derecho Constitucional y Administrativo.

Nadie puede negarle su compromiso con la política y su creencia en ella. Uno de sus grandes actos de honestidad y de creer en sus ideas lo demostró cuando dejó caer a Rajoy en la moción de censura. Él fue el último agarradero de los populares, y desaparecieron en el momento de darles la espalda. Debió ser uno de los mayores golpes que recibió Rajoy, por ser torpe, como diría el propio Esteban.

Sin embargo, no aprendieron nada, ya que en el anuncio de la cesión del Palacete de París volvieron a meterse con el PNV, sabiendo, como sabían, que era su auténtico propietario. Tuvieron que tragar luego su propio malestar hasta el fondo con tal de desgastar también al Gobierno de la Nación. Menuda algarada montaron. Pobres tontos. Conociendo que no alcanzarían nada, aparecieron temerarios, dando cara.

España no es país para cobardes, pero en cualquier acción hay que medir bien las fuerzas con las que uno cuenta y tener paciencia para responder en el momento oportuno. De lo contrario, se pierde por mucha razón que lleves.

Quedar por encima de otro a toda costa puede hacer que dejes convicciones y propongas cosas en contra tus ideas, por mucho que así te asegures el control y te dejes llevar por otro, aunque te las veas mal, por mucho que te esfuerces en que no se note. Así te desprestigias y tus mismos partidarios critican lo que haces.

Lo + leído