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El amplio mundo de lo pseudo "pseudoalgo"

26 de Julio de 2024
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El amplio mundo de lo pseudo

El prefijo "pseudo" de origen griego califica de falso lo que inmediatamente le sigue sea ello una profesión, un concepto, una disciplina o una característica. De este modo el pseudópodo es un falso pie, una prolongación del citoplasma de algunos seres unicelulares y que les sirve para alimentarse o desplazarse. Los estudiantes de medicina y biología están muy familiarizados con el término que ahora se ha popularizado desde la vida microscópica de las amebas hasta los medios de comunicación de masas gracias al empleo abusivo de dicho prefijo por parte de todos los miembros, miembras y miembres de nuestro gobierno. El problema es doble. Primero que si empleo "pseudo", se supone que existe algo verdadero y segundo que la mayoría lo utilizan para descalificar lo que sencillamente no les gusta. De este modo un pseudointelectual  sería aquella persona que previamente goza de cierto prestigio, merecido o no, por su actividad literaria, científica o artística y que por algún extraño motivo afirma aquello que se sale del discurso oficial  Digo bien "extraño motivo" porque para ser calificado de intelectual previamente ha tenido que ser tolerado por el poder correspondiente y por tanto al alejarse del apoyo entusiasta al dogma o de la disidencia controlada, va a ser desterrado al descrédito y al ostracismo por la omnipresente censura. Dicho de otro modo es fácil transitar del lado correcto al falso. Basta con ser imprudente o ingenuo y considerar que lo verdadero o lo falso no están influidos por los intereses egoístas de los seres humanos que en un momento dado ocupan las posiciones de privilegio y manejan los dineros.

Dentro del amplio mundo de lo "pseudo", las pseudoterapias han ocupado un lugar destacado. De este modo se califican una serie de prácticas de lo más variadas que pretenden mejorar la salud de las personas pero que no cuentan con el aval de la ciencia en cuanto a su seguridad o su eficacia. Me refiero a la ciencia occidental con toda su parafernalia y su visión del hombre y la naturaleza tan estrecha y unidimensional. Vaya por delante mi escepticismo generalizado con la mayoría de estas prácticas (por motivos personales me he expuesto a alguna de ellas con escasos resultados) Pero ello no quiere decir que no puedan ser útiles por las razones que cada una de estas pseudoterapias alegan o por otras que desconocemos o ignoramos. De hecho gran parte de lo que en la actualidad se califica como ciencia médica no es más que propaganda interesada que genera sustanciosos beneficios retorciendo la metodología hasta obtener el resultado deseado que será pregonado por los actuales sacerdotes de la religión científica ( se llaman "expertos") para aleccionar a los ciudadanos, transformados lo quieran o no, en clientes de algún producto milagroso o en enfermos de alguna dolencia hasta entonces no suficientemente estudiada. La medicina occidental ha gozado hasta ahora de un bien ganado prestigio por sus innegables avances, hasta que sometida sin más a las leyes del mercado, va quedando reducida a una charlatanería carísima para los sistemas de seguridad social y muy sustanciosa para los fabricantes de enfermedades y remedios. Exagero pero créanme, no demasiado. Las realidades humanas son muy difíciles de estudiar si nos ceñimos estrictamente al método científico y en eso se basan los ilusionistas de la salud para hacer pasar los deseos, los conflictos, los miedos y las inseguridades de los seres humanos por dolencias médicas. La sugestión es una fuerza muy poderosa. Los hipnotistas del siglo XIX lo sabía muy bien. Franz Anton Mesmer (1734-1815) fue un médico alemán que popularizó el mesmerismo, basado en una teoría falsa sobre un fluido invisible cuyo desequilibrio ocasionaría las diversas enfermedades humanas. De este modo los imanes y los espejos que reflejaban el magnetismo animal se convirtieron en decisivos elementos terapéuticos. En realidad todo pareció tratarse de mera sugestión, pero lo cierto es que en muchos casos funcionaba. La mente humana es muy poderosa. Lástima que sea tan vulnerable a las influencias interesadas.

Y finalmente el mundo "pseudo" se ha extendido a los medios de información. Según nuestros inefables ministros todos aquellos que difunden aquello que les incomoda o les puede causar problemas. En este sentido se encuentran en sintonía con la Comisión europea. Se supone, por tanto, que existe una verdad absoluta e incuestionable de la cual ellos son los garantes. Es que me da risa solo de escribirlo. Ya es que ni siquiera se molestan en explicar o dar cuentas de lo que a todas luces es muy difícil de explicar o de dar cuentas. Es que se limitan a poner cara de "rectitud ofendida" para acto seguido comenzar con la matraca del fango, de los bulos, de la desinformación y calificar de "pseudomedios" a quien los difunde. Una excusa más para controlar a la ya muy sugestionada población. En algún artículo he comentado que crecí con mi abuelo al que siempre he admirado. Había vivido la guerra civil. Una época de terrible propaganda y de falsedades constantes de uno y otro bando. Siempre me decía : "hijo, no te creas nada, y si es del gobierno menos todavía". Nunca imaginé que ese consejo fuese tan necesario. Nunca vamos a saber verdaderamente lo que es "pseudo" y lo que no y si quien califica algo de "pseudo" es a su vez "pseudo". Vaya galimatías.

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