Julián Arroyo Pomeda

Clarisas: choque de trenes

06 de Julio de 2024
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Clarisas: choque de trenes

El 13 de mayo de este año, todos quedamos asombrados, cuando la abadesa de las clarisas envió una carta pública informando sobre la situación en la que se encontraban. Hubo un tremendo choque con los obispos de Burgos y Bilbao debido a un acuerdo previo entre las dos partes para la venta del monasterio de Bilbao a cambio de la compra del de Burgos.

En un momento crítico se retractaron, rompiendo el acuerdo de manera definitiva. La reacción de las monjas fue inmediata; los monasterios eran de su propiedad y su venta no podía ser impedida, ya que estaba concretada. El conflicto fue tan severo que decidieron abandonar la Iglesia Católica.

Tenían un obispo nombrado en El Palmar de Troya, que les atendía, y un barman convertido en religioso, actuando como su portador. Además, fundaron una institución, la Pía Unión, a la cual se acogerían. A partir de ese momento, las noticias se difundieron en redes sociales y correos electrónicos. Las monjas también tenían una página web creada por ellas mismas.

Se trata de unas monjas de clausura muy especiales, ya que, a pesar de su aislamiento, están muy familiarizadas con los últimos medios de comunicación. Ellas plantearon que se había cometido una gran injusticia al no permitirles organizar sus propios asuntos. ¿Era posible hacerlo? Sabían bien lo que implicaba una desobediencia contra la autoridad eclesiástica y las posibles consecuencias de ser excomulgadas.

Por ello, insistieron en que el arzobispo de Burgos se reuniera con la Comisión para alcanzar el mejor acuerdo posible para todos, sin judicializar el asunto. Sin embargo, habían contratado a un bufete de abogados para defenderse. Se les acusó de no creer en los papas posteriores al Concilio Vaticano II ni en el derecho canónico, apoyándose solo en la justicia civil. Finalmente, el derecho canónico pronunció la temida palabra: excomunión. La situación estaba al rojo vivo, y el Vaticano instó al arzobispo de Burgos a resolver el asunto lo antes posible.

Se utilizaron comunicaciones por ambas partes, así como mediadores que intervinieran en el asunto. La mayoría de los medios de comunicación presentaron sus posturas. El mundo quería que se resolviera, pero el conflicto persiste hasta hoy. Las monjas insisten en que existe una Comisión para ello y solicitan reuniones para encontrar una solución adecuada para todos.

Mientras tanto, el Arzobispo de Burgos les ha pedido que abandonen el convento. Con la excomunión, ya no se puede cuestionar si aún son monjas y qué hacen en un convento de clausura. Algunas han salido a buscar trabajo para subsistir, mientras que otras permanecen en el convento, reacias a entregar las llaves como gesto de pacificación y sin deseos de irse, continuando con su labor cotidiana.

Se plantea la posibilidad de judicializar el asunto. Sin embargo, con la ley en la mano, parece que las monjas perderán, ya que existe un acuerdo entre los dos Estados que reconoce el carácter jurídico a la Conferencia Episcopal y todos los bienes de la Iglesia. ¿Qué otra cosa se podría esperar?

¿Es así? Ellas no reconocen más que el Derecho civil. Eventualmente, tendrán que hacerlo. Sin embargo, no hay nada más vergonzoso que en la iglesia no se entiendan y se enfrenten a tantas dificultades doctrinales. Esto no es un mero incidente. Las monjas se han rebelado contra la estructura de la Iglesia misma.

¿Acaso no podría haberse renovado a lo largo de los siglos? Pero no, parece tener un carácter de eternidad, aunque su misión se desarrolle en el mundo secular. Así nos encontramos con religiosas que, a pesar de sus acciones, hay cosas que no comprenden, lo que es razón de más para obedecer, según algunos.

Por otro lado, otros creen  que tienen derecho a pensar por sí mismas, a expresar sus opiniones con la máxima cortesía, incluso a través de la corrección fraterna. Están preparadas para ello Llegarían muy jóvenes y enfervorizadas al convento, han crecido y ahora son adultas. Es el momento de activar el pensamiento crítico.

No sé cómo se podría solucionar esta situación tan anómala. De lo que estoy seguro es que no todo puede resolverse con la excomunión, el cisma, la expulsión de la Iglesia y el desprecio de su fe. Alguien tiene que dialogar con ellas y estar preparado para lo que pueda venir, porque habrá más conflictos.

Si se aceptan las posibilidades, ¿no podrían también anticiparse las soluciones? Existen, pero sin rigidez, con humanidad, servicio y entrega.

La Iglesia no puede siempre emplear el castigo contra la gente más humilde. A esta gente es a la que más hay que proteger, se lo merecen. "Guarda tu espada en la vaina", le dijeron una vez a Pedro, porque he venido a traer la paz.

Esto no debe interpretarse como debilidad, sino todo lo contrario. Manifiesta la fuerza de la razón y la conciencia, que son las que deben guiar a los creyentes.

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