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Comer no es un derecho fundamental

26 de Marzo de 2024
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Comedor Escolar

850.000 niños en España no comen en vacaciones. Con los colegios cerrados donde en tiempo escolar reciben un condumio, cada vez más repugnante por cierto, los niños de las familias pobres no tienen comida en casa. Y en consecuencia, tampoco comerán los sábados y los domingos, ya que el alimento se reparte en el comedor de la escuela colegio, y está cerrado. El alimento para el cuerpo está ligado indisolublemente al alimento intelectual.

La prensa publica los tristes afanes de las madres para alimentar a sus hijos con un plato de arroz con tomate, una vez al día. Las becas o la asistencia social, no queda bien explicado en el reportaje, no suministran comida a los niños cuando cierra el centro escolar. Ahora son los días de Semana Santa, dentro de tres meses llegarán las vacaciones veraniegas, sesenta, setenta días, sin comer.

Estoy hablando de España, el país de la frontera sur de la Unión Europea, el continente más rico, más desarrollado, más democrático del mundo. “El jardín del planeta” según lo calificó una vez Josep Borrell. El jardín con árboles, y flores y pájaros del Paraíso para los ricos. Un erial con algunos cactus para los pobres.

En los países desarrollados de nuestro entorno, las ayudas sociales se reparten según la renta de la familia, independientemente de la época del año y de las fiestas de guardar. No sé si los alemanes o los suecos soportarían semejantes restricciones, tampoco he leído en los medios de comunicación españoles, excepto ese reportaje, la denuncia de esa situación que tenía que hacer estallar en cólera a toda la ciudadanía, no solamente a los hambrientos.

Y me pregunto, ¿es posible reclamar judicialmente el derecho a comer en los días festivos y de vacaciones? Nuestra impecable Constitución, ejemplo de igualdad, democracia, y derechos fundamentales establece una diferencia fundamental entre estos y los que no lo son.

Derechos fundamentales son la libertad de comercio, de expresión, de asociación, de partidos políticos, de participación en las convocatorias electorales, y cualquier restricción, merma,  represión o impedimento de estos derechos será reconocida y subsanada en los procesos judiciales adecuados.

Pero el derecho a comer no posee este privilegio, como tampoco al trabajo y a la vivienda. Por tanto, no se puede exigir su cumplimiento en un proceso judicial, y bien lo saben los tres millones de parados que buscan trabajo y quienes son desahuciados por falta de pago.

Llevados del espíritu de la Ilustración Francesa, los padres de la Constitución española copiaron, dos siglos más tarde, las reivindicaciones de los enciclopedistas, que exigían las libertades burguesas, fundamentalmente para producir y vender y así construir el mundo capitalista. Los ilustres constitucionalistas han sido felicitados y alabados por politólogos, pensadores y jurisconsultos de todos los continentes. Hasta por las feministas. Cuando los niños no tienen derecho a comer en vacaciones me sitúo en 1789. Y toda la sociedad española conmigo.

Nuestros niños pobres no comen en vacaciones, pero en los primeros meses de este año participamos en cuatro convocatorias electorales. ¿Qué más queremos? Tenemos democracia. No sé cuánto alimentan las papeletas. 

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